Hay ocasiones en las que uno no acierta con lo que va a leer o a ver. A mí me pasa con relativa frecuencia, pero salvo muy contadas ocasiones, tampoco me sale cerrar y pasar a otra cosa. Lo he hecho sobre todo con películas, pero nunca con un libro. No sé, debería hacerlo más porque perder el tiempo es un lujo que cada vez me cuesta más asumir.
La conjura del faraón es un libro de Antonio Cabanas que cogí con interés porque podía abrir un camino de lecturas que tengo poco explorado: la novela histórica del Antiguo Egipto. Nada ha podido superar hasta ahora a El papiro de Saqqara, de Pauline Gedge.
Por desgracia, Cabanas se queda en una suerte de Christian Jacq, aquel autor francés que estuvo de moda el siglo pasado con su trilogía de El juez de Egipto. Así, La conjura del faraón es una historia previsible y llena de clichés que, si bien es cierto que se lee con cierta soltura, deja una sensación de vacío detrás que es inasumible.
Como Frankenstein, la enésima adaptación del clásico de Mary Shelley que se estrenó en 2025 con Oscar Isaac y Jacob Elordi en los papeles del creador y la criatura.
No negaré que es bastante fiel a la obra original, pero las dos horas y media de metraje se hace eternos en muchos momentos. Muy similar en este sentido lo que sentí al ver Nosferatu. Tendría que haber dejado ambas películas a la mitad o antes, pero no lo hice. Por lo menos, Frankenstein la vi solo y no torturé a la familia, que no se lo merece.
Sorprendente 7,4 en imdb, por cierto.
Leí El espejismo de dios, de Richard Dawkins, con la esperanza de ver una argumentación interesante en contra de la existencia del Supremo Hacedor (es conocido el ateísmo beligerante de Dawkins). Por el contrario, lo que me encontré fue una elegía sobre la superioridad moral del ateísmo sobre la religión, con ciertas trazas de ridiculización de los creyentes en algunos pasajes del libro.
Soy consciente de que en este tema nado a contracorriente y más en estos tiempos que corren, pero cabría esperar algo más que bromas de matón de colegio de una de las mentes más reconocidas de la divulgación científica de nuestro tiempo. Una pena.
La vieja guardia 2 es una de esas secuelas que nadie ha pedido y que, de repente, te encuentras en el menú. La primera parte era tolerable e interesante, pero esta segunda parte comete muchos de los errores que hemos visto ya en series de este tipo: querer tomarse a sí mismas demasiado en serio y proporcionar un trasfondo pseudocientífico a los sucesos que acontecen.
Aquí se basan en las leyes de la propia inmortalidad, cómo se pierde y cómo se recupera, con una serie de juegos filosóficos que pretenden conectar con los sentimientos del espectador que, en el mejor de los casos, ha conectado tangencialmente con los personajes.
Supongo que de algo habrá que comer para que Charlize Theron haya aceptado continuar con el papel de Andrómaca / Andy y para que Uma Thurman aceptara ser la antagonista.
Una hora y tres cuartos de sufrimiento y 5,1 en imdb.
Avatar: fuego y ceniza continúa la caída en picado de la franquicia. La segunda parte ya no me gustó y la primera solo me llamó la atención de lo que se puede hacer con dinero y medios, pero el resultado de la trilogía no puede ser otro que el de una serie de escenas llamativas y que te dejan con la boca abierta, pero que en su conjunto conforman una película (o tres) que no tienen alma. Apabullan al espectador con sus medios, pero nada más. Ni los malos ni los buenos, los personajes no logran que empatice con ellos y la historia no deja de recordarme a aquellos westerns crepusculares que se comían en tarro con los remordimientos.
Interminables tres horas y cuarto con un sorprendente 7,2 en imdb.
Máquina de guerra es una de esas producciones que se hacen a rebufo de una estrella, Alan Ritchson, que se está convirtiendo en un icono del cine de acción gracias a Reacher.
Un protagonista que necesita superar una pérdida, un cuerpo militar de ultra élite y una invasión alienígena. Tomas todos estos ingredientes en una coctelera, lo agitas bien y tienes cien minutos de acción desenfrenada y movimientos aleatorios de la cámara, para un digno 6,3 en imdb, pero que ese mismo tiempo se podría haber empleado en otra cosa.
Otra secuela que no se pidió es Tron: ARES. Vamos a darle una vuelta de tuerca más al argumento y en este caso el programa va a salir del ordenador y va a ser capaz de caminar entre nosotros con el rostro atemporal de Jared Leto.
De nuevo la estética es el modo de enganchar al espectador, pero la historia hace aguas, será por lo tan manoseada que está después de casi cincuenta años de Tron.
Lo que se mantiene inalterable con el paso del tiempo es tema de las motos y las armas arrojadizas, por supuesto adaptando su diseño a los tiempos y gustos actuales.
Dos horitas y 6,1 en imdb.
Millie Bobbie Brown se hace un huequito en esta lista con la prescindible Enola Holmes 3. Una secuela de la secuela que nadie pidió. Netflix, exprimiendo la leche de la vaca mientras tenga contrato.
Una encarnación peculiar de Moriarty y de nuevo Henry Cavill como Sherlock Holmes, estropearán la boda de Enola en la exótica Malta. Poco más hay que decir, porque también los enigmas que nos presenta son cada vez de menor interés.
A mí me da que esta chica no va a llegar a mucho más una vez que termine el contrato que tenga con Netflix, aunque tampoco vaya a pasar hambre.
Como cien minutos a 5,7 en imdb.
Para terminar, Alan Ritchson hace doblete acompañado por Kevin James en Juego de niños, un desparrame de acción y humor que no va más allá y que, por lo menos es cortita (apenas hora y media) y te hace reír, que es mucho mejor que hacerte llorar.
Hay algún girito de guion que, aunque se ve venir bastante, no voy a destripar por si acaso alguien se anima a ponerse delante de la pantalla, a pesar de los avisos.
5,5 en imdb, ya ves...Ni de comentar más me dan ganas.
Creo que he terminado con mi labor social de hoy. Si alguien se anima con alguno de estos títulos, ya sabe a qué atenerse. Que no diga que no estaba avisado.



















