domingo, 8 de noviembre de 2026

Para ahorrar tiempo

Hay ocasiones en las que uno no acierta con lo que va a leer o a ver. A mí me pasa con relativa frecuencia, pero salvo muy contadas ocasiones, tampoco me sale cerrar y pasar a otra cosa. Lo he hecho sobre todo con películas, pero nunca con un libro. No sé, debería hacerlo más porque perder el tiempo es un lujo que cada vez me cuesta más asumir.

La conjura del faraón es un libro de Antonio Cabanas que cogí con interés porque podía abrir un camino de lecturas que tengo poco explorado: la novela histórica del Antiguo Egipto. Nada ha podido superar hasta ahora a El papiro de Saqqara, de Pauline Gedge.

Por desgracia, Cabanas se queda en una suerte de Christian Jacq, aquel autor francés que estuvo de moda el siglo pasado con su trilogía de El juez de Egipto. Así, La conjura del faraón es una historia previsible y llena de clichés que, si bien es cierto que se lee con cierta soltura, deja una sensación de vacío detrás que es inasumible.



Como Frankenstein, la enésima adaptación del clásico de Mary Shelley que se estrenó en 2025 con Oscar Isaac y Jacob Elordi en los papeles del creador y la criatura.

No negaré que es bastante fiel a la obra original, pero las dos horas y media de metraje se hace eternos en muchos momentos. Muy similar en este sentido lo que sentí al ver Nosferatu. Tendría que haber dejado ambas películas a la mitad o antes, pero no lo hice. Por lo menos, Frankenstein la vi solo y no torturé a la familia, que no se lo merece.

Sorprendente 7,4 en imdb, por cierto.



Leí El espejismo de dios, de Richard Dawkins, con la esperanza de ver una argumentación interesante en contra de la existencia del Supremo Hacedor (es conocido el ateísmo beligerante de Dawkins). Por el contrario, lo que me encontré fue una elegía sobre la superioridad moral del ateísmo sobre la religión, con ciertas trazas de ridiculización de los creyentes en algunos pasajes del libro.

Soy consciente de que en este tema nado a contracorriente y más en estos tiempos que corren, pero cabría esperar algo más que bromas de matón de colegio de una de las mentes más reconocidas de la divulgación científica de nuestro tiempo. Una pena.




La vieja guardia 2 es una de esas secuelas que nadie ha pedido y que, de repente, te encuentras en el menú. La primera parte era tolerable e interesante, pero esta segunda parte comete muchos de los errores que hemos visto ya en series de este tipo: querer tomarse a sí mismas demasiado en serio y proporcionar un trasfondo pseudocientífico a los sucesos que acontecen.

Aquí se basan en las leyes de la propia inmortalidad, cómo se pierde y cómo se recupera, con una serie de juegos filosóficos que pretenden conectar con los sentimientos del espectador que, en el mejor de los casos, ha conectado tangencialmente con los personajes.

Supongo que de algo habrá que comer para que Charlize Theron haya aceptado continuar con el papel de Andrómaca / Andy y para que Uma Thurman aceptara ser la antagonista.

Una hora y tres cuartos de sufrimiento y 5,1 en imdb.



Avatar: fuego y ceniza continúa la caída en picado de la franquicia. La segunda parte ya no me gustó y la primera solo me llamó la atención de lo que se puede hacer con dinero y medios, pero el resultado de la trilogía no puede ser otro que el de una serie de escenas llamativas y que te dejan con la boca abierta, pero que en su conjunto conforman una película (o tres) que no tienen alma. Apabullan al espectador con sus medios, pero nada más. Ni los malos ni los buenos, los personajes no logran que empatice con ellos y la historia no deja de recordarme a aquellos westerns crepusculares que se comían en tarro con los remordimientos.

Interminables tres horas y cuarto con un sorprendente 7,2 en imdb.



Máquina de guerra es una de esas producciones que se hacen a rebufo de una estrella, Alan Ritchson, que se está convirtiendo en un icono del cine de acción gracias a Reacher.

Un protagonista que necesita superar una pérdida, un cuerpo militar de ultra élite y una invasión alienígena. Tomas todos estos ingredientes en una coctelera, lo agitas bien y tienes cien minutos de acción desenfrenada y movimientos aleatorios de la cámara, para un digno 6,3 en imdb, pero que ese mismo tiempo se podría haber empleado en otra cosa.



Otra secuela que no se pidió es Tron: ARES. Vamos a darle una vuelta de tuerca más al argumento y en este caso el programa va a salir del ordenador y va a ser capaz de caminar entre nosotros con el rostro atemporal de Jared Leto.

De nuevo la estética es el modo de enganchar al espectador, pero la historia hace aguas, será por lo tan manoseada que está después de casi cincuenta años de Tron.

Lo que se mantiene inalterable con el paso del tiempo es tema de las motos y las armas arrojadizas, por supuesto adaptando su diseño a los tiempos y gustos actuales.

Dos horitas y 6,1 en imdb.



Millie Bobbie Brown se hace un huequito en esta lista con la prescindible Enola Holmes 3. Una secuela de la secuela que nadie pidió. Netflix, exprimiendo la leche de la vaca mientras tenga contrato.

Una encarnación peculiar de Moriarty y de nuevo Henry Cavill como Sherlock Holmes, estropearán la boda de Enola en la exótica Malta. Poco más hay que decir, porque también los enigmas que nos presenta son cada vez de menor interés.

A mí me da que esta chica no va a llegar a mucho más una vez que termine el contrato que tenga con Netflix, aunque tampoco vaya a pasar hambre.

Como cien minutos a 5,7 en imdb.



Para terminar, Alan Ritchson hace doblete acompañado por Kevin James en Juego de niños, un desparrame de acción y humor que no va más allá y que, por lo menos es cortita (apenas hora y media) y te hace reír, que es mucho mejor que hacerte llorar.

Hay algún girito de guion que, aunque se ve venir bastante, no voy a destripar por si acaso alguien se anima a ponerse delante de la pantalla, a pesar de los avisos.

5,5 en imdb, ya ves...Ni de comentar más me dan ganas.




Creo que he terminado con mi labor social de hoy. Si alguien se anima con alguno de estos títulos, ya sabe a qué atenerse. Que no diga que no estaba avisado.


domingo, 1 de noviembre de 2026

Cal Kestis, el jedi que sobrevivió

 La Orden 66 fue un intento sincronizado de erradicar de la galaxia a la Orden Jedi, el último obstáculo que Palpatine tenía por delante para tomar el poder absoluto, derrocar la República, declarar el Imperio y presentarse como Darth Sidious.

Ese intento fue un éxito. O casi, porque un puñado de caballeros jedi y algunos aprendices sobrevivieron a la purga y aguardaron su momento para unirse a una incipiente Alianza Rebelde que, con el tiempo, conseguiría derrotar al Emperador.

Star Wars Jedi: Fallen order, publicado en 2019, es la historia de uno de esos aprendices, Cal Kestis, al que conoceremos como chatarrero en el planeta Bracca, apenas cinco años después de la Gran Purga. Por desgracia, es descubierto utilizando la Fuerza para rescatar a un amigo y se ve perseguido por dos inquisidores, la Segunda y la Novena hermanas, pero consigue escapar y se ve envuelto en una historia mayor a bordo de la Mantis, la ex jedi Cere Junda y el piloto Greez.

Esa historia, además de conocer al droide BD-1 que se convertiría en inseparable compañero, le llevará por un puñado de planetas: Bogano, Kashyyk (planeta natal de los wookies) o Dathomir, donde conocerá a Merrin, una Hermana de la Noche, para terminar en una base imperial en una luna acuática de Mustafar.



El deambular de la Mantis y su tripulación de planeta en planeta tiene el objetivo de encontrar un holocrón escondido por el maestro Eno Cordova que contiene una lista de niños sensibles a la Fuerza. Pero el éxito de la misión también será el inicio de nuevos peligros.

Star Wars Jedi: Fallen order es una historia sólida y compleja, construida alrededor de un personaje carismático al mejor estilo de las películas clásicas de la saga y un puñado de secundarios con una rica historia personal y motivaciones propias. El riesgo del Imperio es casi palpable, la Inquisición nos pisa los talones y la sombra de la traición no deja que nuestro espíritu se eleve.

Mención especial ESA escena con Darth Vader, casi al final del juego.

Técnicamente se utiliza el motor Unreal 4, que ha sido utilizado para crear más de 200 juegos. La exploración es bastante exhaustiva aunque sin llegar a convertirse en un mundo abierto. Más bien diría que se parece a God of War, con un camino principal y alguna bifurcación que permitiría acercarse más a esa sensación de libertad total.

En todo momento el movimiento de Cal es ágil y fluido, quitando algunos fallos puntuales. Todo para hacerlo atractivo al jugador durante las cuarenta horas o así que va a llevar recorrer la historia mientras encontramos cofres estéticos que nos permitirán cambiar la apariencia del protagonista.

Unos pocos años más tarde, en 2023, salió a la venta Star Wars Jedi: Survivor, ambientado cinco años después del anterior.

Aquí nos encontramos a Cal con un nuevo grupo de compañeros y dedicado a dar golpes de mano que perjudican al Imperio. El resto de los antiguos compañeros están desperdigados por la galaxia metidos en sus propios asuntos, aunque también tendrán una presencia importante a medida que vayamos avanzando. Como personaje secundario añadido, tenemos a Bode Akuna, superviviente de la primera misión en Coruscant. La capital imperial es impresionante e inabarcable a partes iguales, en una noche continua que resulta a veces opresiva.



La estructura de la historia nos llevará por diversos planetas: Koboh, en el que nos encontramos con Greez, que ahora regenta una taberna; Jedha, en el que Eno Cordova, Cere Junda y Merrin están trabajando en la reconstrucción de los Archivos Jedi¡; Nova Garon, base de la Oficina de Seguridad Imperial y, finalmente, Tanalorr, un planeta perdido y objetivo del juego.

Esta segunda parte es, en todos los sentidos, un juego mucho mayor, más maduro, que el primero. Maduro porque seremos testigos de traiciones de amigos y muertes de personajes queridos, viendo cómo Cal casi cae en el abismo del Lado Oscuro y ESA OTRA escena con Darth Vader que tocará la fibra a alguno. Incluso más de un jugador sentirá empatía con el traidor y villano final del juego.

En cuanto al tamaño, los escenarios en cada planeta tienen mucha más extensión, las opciones de jugabilidad son más diversas y los caminos para desarrollar el personaje más numerosos y complejos. Incluso se han desarrollado algunas misiones secundarias que recuerdan con timidez lo que es un juego de rol (más bien enseñan la patita y poco más, aunque dan alguna opción a mayores de explorar los escenarios).



Con estos dos juegos, Cal Kestis se han convertido en un personaje del Universo Star Wars a la altura de los más populares, aunque viniendo del sector de los videojuegos será menos conocido por el aficionado común. Se trata de un personaje que va evolucionando y que merecería una serie o película, lo que no sería una locura teniendo a Cameron Monaghan para encarnarlo.

Cameron Monaghan tiene un amplio historial actoral, pero además de a Cal Kestis ha prestado su rostro a los hermanos gemelos Jerome y Jeremiah Valeska en la serie Gotham, regalándonos un admirable Joker en todo menos en el nombre (supongo que por tema de derechos...).

Los videojuegos también cotizan en imdb. Fallen Order tiene un 8,4 y Survivor sube la apuesta a un 8,8. Ambos deberían estar en cualquier juegoteca que se precie o, por lo menos, haber sido jugados.

domingo, 25 de octubre de 2026

Takeshi Kovacs después de Carbono modificado

Carbono modificado, de Richard Morgan, fue todo un descubrimiento en forma de novela de misterio en un mundo futurista en el que la conciencia de las personas se digitalizaba y se cargaba en fundas, cuerpos creados como receptáculos temporales mientras que la inmortalidad, virtual en este caso, se encontraba al alcance de la mano.

La novela lo tenía todo: una buena historia, un mundo de ciencia ficción cercana y un protagonista carismático, Takeshi Kovacs, medio japonés y medio húngaro y veterano de las fuerzas especiales del ejército.

Algunos años más tarde, el autor publica Ángeles rotos, una novela en la que Takeshi es contratado para proteger un yacimiento arqueológico en el que se supone que se hallan diversos artefactos de tecnología alienígena que ayudarían a dar un gran salto de conocimiento a la especie humana.



El problema, o uno de los problemas, es que el mundo en cuestión se encuentra en un estado de guerra entre las fuerzas gubernamentales y un grupo revolucionario que defiende su independencia con uñas y dientes.

Takeshi Kovacs dirigirá un grupo de combatientes de lo más variopinto, incluyendo una especie de xenofilóloga que tiene por misión el ir traduciendo los textos que el equipo de extracción va encontrando.

Cómo no, el lector tendrá violencia, tiros y la amenaza de la muerte real (con la destrucción de las pilas corticales de los personajes, que destruirá sus conciencias e impedirá que sean transplantados a un cuerpo nuevo).

No me gustó tanto como Carbono modificado, porque el cambio de registro hizo que me pareciera menos redonda.

Como no hay dos sin tres, Richard Morgan decidió escribir Furias desatadas, cierre de la trilogía, en el que Takeshi Kovacs decide volver al Mundo de Harlan, su hogar. Un mundo colonizado de inicio por descendientes de húngaros y japoneses y controlado por la yakuza.

En ese mundo, Takeshi comienza a trabajar con un grupo que se dedica a recuperar máquinas de combate operativas, una especie de recuperadores de material, chatarreros.



Una de sus compañeras, Sylvie, empieza a hablar con la voz de la antigua líder de un movimiento revolucionario, una tal Quellcrist Falconer. Mientras tanto, el equipo de Takeshi y él mismo son atacados por un temible adversario que parece que conoce todos sus trucos y que va siempre un paso por delante de ellos.

El desarrollo, como siempre en el autor y en la serie, será de todo menos pacífico. Pero incorpora algún factor filosófico como consecuencia de la esencia misma de este universo futurista, que lo hará bastante más interesante que la segunda parte.

También algo lejos de Carbono modificado, que es sin duda la mejor parte de todas y con cierta diferencia, Furias desatadas es digna continuación y colofón. Podría haber cuarta parte, si el autor quisiera, porque el final queda suficientemente abierto.

Si echamos un vistazo a la trilogía con un poco más de perspectiva, e incluimos en el cuadro su novela independiente y no relacionada con este universo, Leyes de mercado, me parece claro que Richard Morgan critica de una manera feroz cómo la tecnología queda siempre en manos de una élite de gobernantes que la monopoliza y limita el acceso al resto de la población, de tal forma que no solo no sirve para reducir las desigualdades sociales, sino que las aumenta. Es una forma de llevar al extremo lo que está sucediendo hoy en día en nuestra sociedad y replica los temores que en ese sentido tiene una buena parte de la sociedad.

Si el lector no quiere ir más allá, los libros son interesantes por sí mismos como para recomendar su lectura.



domingo, 18 de octubre de 2026

Traveller JdR

Traveller es uno de esos juegos de rol que podríamos llamar clásicos y que tenían cierta presencia allá por finales de la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, cuando empecé con esta afición que todavía perdura.

Era la tercera pata sobre la que se soportaba la tríada clásica de género: fantasía (AD&D, MERP, Stormbringer), terror (La llamada de Cthulhu) y ciencia ficción (junto con Star Wars D6).

A pesar de todo lo anterior, nunca llegué a acercarme a Traveller, más allá de llamarme la atención su portada minimalista que contrastaba con las ilustraciones que engalanaban mis juegos de cabecera. Hasta que me hice con la última edición que se ha publicado en castellano, y editada por Sugaar, bastante desconocida por otra parte, sobre original de Moongose Publishing.

El manual básico está estructurado de forma que comienza con las instrucciones para crear y desarrollar un personaje. Ojo, que la creación de personajes tiene su enjundia y su importancia, comenzando por su educación previa, elección de Universidad o Academia militar y acabando por elegir una carrera.

Hay doce carreras distintas, tanto civiles como militares, cada una de ellas con unos mínimos de acceso y tres divisiones para personalizar más el personaje.

Una vez elegida la carrera, completas un ciclo formativo que terminará dando una serie de ventajas (progresos de característica, habilidades, ascensos, dinero) o inconvenientes (enemigos, deudas, eventos negativos...). Terminado el ciclo el jugador, siempre que el personaje no termine expulsado de la carrera por cualquier motivo, puede elegir seguir en la carrera a a cambio de envejecer y el riesgo de ser expulsado o incluso morir.


Portada actual


Sí, amigos, los PJ pueden morir incluso antes de acabar de crear la hoja de personaje. Por lo que he podido leer, esto ha sido siempre así y resulta ser uno de los atractivos de Traveller, tanto que el propio manual recomienda crear los PJ como parte de la primera sesión del juego.

El sistema se basa en tiradas de 2d6 que a veces se suman (por ejemplo, para determinar las características del personaje o ciertos sucesos durante el juego) y otras se combinan para configurar resultados desde el 11 hasta el 66.

Así, los chequeos de atributos o habilidades se resuelven tirando 2d6, sumando el modificador correspondiente (puede ser negativo) y comparando el resultado con la dificultado objetivo, que se encuentra entre 2 (sencillo) a 16 (imposible). Puedes tirar contra habilidades no entrenadas, con un modificador de -3.

Las tiradas también se pueden modificar por el entorno o los medios disponibles, creando situaciones de ventaja (se tiran 3d6 y se descarta el menor) o desventaja (se tiran 3d6 y se descarta el mayor).

El resultado del daño en combate no deja de ser curioso: al principio, el daño se resta a la Resistencia del PJ. Cuando llega a 0, se resta de la Fuerza o la Destreza (a elección del jugador), recalculando los modificadores según corresponda. Cuando llega este atributo a 0, se comienza a restar del otro. Cuando todo está a 0, el personaje muere.



El minimalismo de la portada clásica
no deja de tener atractivo


Más o menos la mitad del manual básico se dedica a describir equipo, vehículos terrestres y naves, con planos a todo color de estas últimas. La parte final habla de sistemas planetarios, planetas y cómo crearlos, incluyendo reglas para crear planetas con un umbral tecnológico distinto al de los PJ (con las limitaciones de acceso a equipos, supervivencia o reparaciones que eso puede significar en una campaña). Se echa de menos, eso sí, un bestiario algo mayor, ejemplos de PNJ y cosas así. La sección de descripción de poderes psiónicos me parece también bastante sencillita. Supongo que estas y otras cosas se ampliarán en manuales y ayudas de juego que se publican con bastante frecuencia.

En cuanto a la calidad del manual, hay que reconocer que Sugaar ha hecho un buen trabajo: tapa dura, papel de buen gramaje, ilustraciones a color...). Nada que reprochar en ese sentido. Por otra parte, es de agradecer el esfuerzo de una editorial pequeña y prácticamente desconocida por la apuesta que ha realizado en la línea, al haber publicado ya un buen número de manuales adicionales y ayudas de juego. 

Es, como suele ser habitual últimamente, el propio concepto del manual lo que me echa para atrás. Hay un gtan desperdicio de espacio, entre el tipo de letra elegido (bastante grande) y la maquetación (márgenes, espacio utilizado para las ilustraciones (sobre todo en la parte de naves y equipo).

Son 244 páginas de manual que se podrían haber quedado en bastante menos, aunque la presbicia galopante agradece que no tenga que forzar la vista para leer con comodidad. En cualquier caso, me parece poca cosa para un manual básico. En cuanto al coste, 45 € me parece un precio ajustado para los tiempos que corren en los que ya casi no encuentras nada por debajo de los 40 €.

Más allá de la descripción del manual, poco queda ya por decir. El sistema me ha parecido curioso en algunas mecánicas, pero no lo suficientemente atractivo como para probarlo con mi grupo de juego. 

lunes, 12 de octubre de 2026

Paquetito de películas

Siguiendo con la costumbre de las últimas semanas en las que agrupo, con criterio o sin criterio, películas o libros para avanzar con la pila de pendientes que se va acumulando, en esta ocasión trataré de películas que hemos visto y que no merece la pena tratar en una sola entrada.

El jurado nº2 es una película de Clint Eastwood de 2024, protagonizada por Nicholas Hoult en el papel de Justin Kemp, un joven que se convierte en el jurado de un juicio de un chico por el asesinato de su novia, con la que se le vio discutiendo en un bar un día de lluvia y a la que se supone que atropelló en el camino de vuelta como consecuencia de esa discusión.



Por supuesto las cosas no son como parecen sino que se va descubriendo una madeja muy liada que maniata a Justin en el centro de todo.

Además de Hoult, tenemos a Toni Collette y a J.K. Simmons, que siempre deja huella independientemente de los minutos que le toquen en pantalla.

Eastwood nos vuelve a contar una historia con múltiples aristas que, si bien es cierto que no está a la altura de un buen puñado de sus obras, nos dará en qué pensar durante el transcurso de los minutos y, sobre todo, por su final

Un más que decente 7,0 en imdb.

También en 2024 nos llegó Cónclave y su fascinante historia, por desconocida, de cómo son los entresijos de la elección de un nuevo papa.

Nuestro guía será el cardenal Lawrence (Ralph Fiennes), encargado de dirigir el Vaticano mientras la Silla de Pedro está vacía. Perspicaz y despierto, el cardenal buscará dar la solución a un aparente misterio, ya que el anterior papa falleció en unas circunstancias peculiares.



La película nos retrata las diferentes camarillas y luchas de poder que se dan en todas las organizaciones humanas, pero que, por tratarse de la Iglesia Católica, son aún más fascinantes.

Otros rostros conocidos pasan por la pantalla, como Stanley Tucci, John Lithgow o Isabella Rossellini.

Mi problema con ella es el giro final, totalmente desconcertante cuando la película te ha llevado por un camino, el del thriller, y te acaba dejando en otro totalmente distinto y que, me da la sensación, solo busca la polémica.

Cotiza a un interesante 7,4 en imdb, pero yo me quedo con Las sandalias del pescador.

Aunque pueda parecer que está preparado, no es así, pero en 2022 Ralph Fiennes y Nicholas Hoult coinciden con Anya Taylor-Joy en El menú.

Tyler y Margot son una joven pareja que toma un barco que les llevará a una isla para degustar un exclusivo menú preparado por el excéntrico chef Slowik (Fiennes).

Pronto veremos que la historia no es lo que parece y que hay mucho más detrás. Ni el menú ofrecido ni los comensales han sido elegidos al azar, sino que el chef tiene un plan en mente que no será del gusto de todos los presentes.



Crítica feroz a la superficialidad de nuestra sociedad, encarnada por el postureo y la artificialidad en el que hemos convertido el mero hecho de comer y cómo los chefs se han convertido en una suerte de semidioses.

Hay alguna que otra escena desagradable, pero el elenco protagonista está soberbio y el resultado es compacto, como refleja su 7,1 en imdb.

Termino con Confidencial, película de 2025 de Steven Soderbergh y protagonizada por Michael Fassbender y Cate Blanchett, un matrimonio que trabaja en los servicios secretos británicos y que debe enfrentarse a una traición en su departamento.

La cosa es que no pueen confiar en nadie, ni siquiera en ellos, pero tieenn que trabajar para cerrar la brecha de seguridad, para lo que reúnen en una cena en su casa a todos sus colaboradores, entre los que sin duda se encuentra el traidor.



De todas las que he comentado hoy es la que menos me ha gustado. Me ha parecido confusa, o quizá es que yo no la he sabido seguir, pero por lo menos dura poco más de hora y media incluyendo los créditos,

Lo mejor, la pareja protagonista.

Como curiosidad, participa también René-Jean Page, el paladín que se hizo con la pantalla en la película de Dragones y Mazmorras.

En imdb es también la peor valorada, pero el 6,7 que refleja hoy, no es algo escandaloso.