Parece que fue hace siglos cuando leí El juego de Ender. Fue una edición de libros que sacaron acompañando un periódico cada domingo y no recuerdo cuál, pero seguramente se trataba de El comercio o del ABC. Lo que sí tengo claro es que todavía vivía en Madrid, así que hace ya más de veinte años.
No grado un recuerdo especialmente bueno de la lectura y no fue hasta que vi la película que entendí bastantes cosas, aunque tampoco puedo asegurar que todo estuviera en el libro.
Así que, más de dos décadas después de la lectura, me decidí a continuar con la serie de libros me puse a leer La voz de los muertos.
Está ambientada miles de años en el futuro, pero Ender continúa siendo joven gracias a la relatividad y los viajes cercanos a la velocidad de la luz.
La Humanidad, libre ya de la amenaza de los insectores, se ha propagado por la galaxia y ha colonizado varios mundos, algunos que albergan vida alienígena. Una de estas colonias es Lusitania y en ella ha aparecido la primera especie aparentemente inteligente, los pequeninos, una suerte de cerdos. Una familia de xenobiólogos se dedica a estudiarlos hasta que uno de sus miembros muere, en apariencia asesinado. Ender se desplaza al planeta para hacer de portavoz del fallecido.
En medio de todo se encuentra la Descolada, una plaga mortal que los colonos mantienen a raya tomando una medicina que les hace temporalmente inmunes, pero que deben tomar cada cierto tiempo si no quieren morir y para poder alimentarse de plantas y especies autóctonas.
El libro transcurre entre las funciones de Ender como voz del fallecido, su deseo de proporcionar a la reina de los insectores un hogar y la investigación del asesinato, que llevará a conclusiones bastante interesantes en relación con los pequeninos.
La historia sigue en Ender el xenocida, con la decisión del Congreso Estelar de enviar una flota a Lusitania con el objeto de arrasar el planeta y evitar una propagación de la Descolada por el resto de los sistemas habitados.
En otro de estos sistemas se encuentra el planeta Sendero (o Camino, según las traducciones) en el que la raza humana está dividida entre los normales y los agraciados. Estos son humanos modificados genéticamente para aumentar su inteligencia y, como medida de seguridad para evitar que se escapen al control del Consejo, implantarles un TOC que se disfraza de creencia religiosa y que les incapacita gravemente si no lo siguen.
Aquí Ender ya ha liberado en Lusitania a la reina de los insectores y esta raza está empezando a medrar, formando un triángulo con los humanos y los pequeninos.
La amenaza de la destrucción se convierte en la posibilidad del segundo y tercer genocidios perpetrados por la Humanidad (contando con la doble eliminación de los insectores)
Si bien La voz de los muertos no me disgustó y resulta un aprobado, Ender el xenocida me aburrió bastante y suspende con claridad. Tanto que, tras terminarlo, tomé la decisión de aparcar la saga una buena temporada y dedicarme a lecturas más agradables.










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