Carbono modificado, de Richard Morgan, fue todo un descubrimiento en forma de novela de misterio en un mundo futurista en el que la conciencia de las personas se digitalizaba y se cargaba en fundas, cuerpos creados como receptáculos temporales mientras que la inmortalidad, virtual en este caso, se encontraba al alcance de la mano.
La novela lo tenía todo: una buena historia, un mundo de ciencia ficción cercana y un protagonista carismático, Takeshi Kovacs, medio japonés y medio húngaro y veterano de las fuerzas especiales del ejército.
Algunos años más tarde, el autor publica Ángeles rotos, una novela en la que Takeshi es contratado para proteger un yacimiento arqueológico en el que se supone que se hallan diversos artefactos de tecnología alienígena que ayudarían a dar un gran salto de conocimiento a la especie humana.
El problema, o uno de los problemas, es que el mundo en cuestión se encuentra en un estado de guerra entre las fuerzas gubernamentales y un grupo revolucionario que defiende su independencia con uñas y dientes.
Takeshi Kovacs dirigirá un grupo de combatientes de lo más variopinto, incluyendo una especie de xenofilóloga que tiene por misión el ir traduciendo los textos que el equipo de extracción va encontrando.
Cómo no, el lector tendrá violencia, tiros y la amenaza de la muerte real (con la destrucción de las pilas corticales de los personajes, que destruirá sus conciencias e impedirá que sean transplantados a un cuerpo nuevo).
No me gustó tanto como Carbono modificado, porque el cambio de registro hizo que me pareciera menos redonda.
Como no hay dos sin tres, Richard Morgan decidió escribir Furias desatadas, cierre de la trilogía, en el que Takeshi Kovacs decide volver al Mundo de Harlan, su hogar. Un mundo colonizado de inicio por descendientes de húngaros y japoneses y controlado por la yakuza.
En ese mundo, Takeshi comienza a trabajar con un grupo que se dedica a recuperar máquinas de combate operativas, una especie de recuperadores de material, chatarreros.
Una de sus compañeras, Sylvie, empieza a hablar con la voz de la antigua líder de un movimiento revolucionario, una tal Quellcrist Falconer. Mientras tanto, el equipo de Takeshi y él mismo son atacados por un temible adversario que parece que conoce todos sus trucos y que va siempre un paso por delante de ellos.
El desarrollo, como siempre en el autor y en la serie, será de todo menos pacífico. Pero incorpora algún factor filosófico como consecuencia de la esencia misma de este universo futurista, que lo hará bastante más interesante que la segunda parte.
También algo lejos de Carbono modificado, que es sin duda la mejor parte de todas y con cierta diferencia, Furias desatadas es digna continuación y colofón. Podría haber cuarta parte, si el autor quisiera, porque el final queda suficientemente abierto.
Si echamos un vistazo a la trilogía con un poco más de perspectiva, e incluimos en el cuadro su novela independiente y no relacionada con este universo, Leyes de mercado, me parece claro que Richard Morgan critica de una manera feroz cómo la tecnología queda siempre en manos de una élite de gobernantes que la monopoliza y limita el acceso al resto de la población, de tal forma que no solo no sirve para reducir las desigualdades sociales, sino que las aumenta. Es una forma de llevar al extremo lo que está sucediendo hoy en día en nuestra sociedad y replica los temores que en ese sentido tiene una buena parte de la sociedad.
Si el lector no quiere ir más allá, los libros son interesantes por sí mismos como para recomendar su lectura.








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