La serie de novelas de los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro, de Lorenzo Silva, es una de las que más he podido y querido seguir en mucho tiempo.
Ya la empecé avanzada, un descubrimiento de esos que de cuando en cuando conseguías por ser socio del Círculo de Lectores, pero durante los últimos meses he ido siguiendo el orden cronológico y disfrutando del desarrollo de estos personajes.
Nadie vale más que otro es un libro de relatos, cuatro en concreto, en los que el autor nos muestra las miserias y dignidades del género humano a través de cuatro situaciones que, por desgracia, son cada vez más habituales: el asesinato de una mujer, supuestamente a manos de su marido; el de una niña, quizá a manos de su tío; la aparición del cuerpo de un delincuente común víctima de un posible ajuste de cuentas; el asesinato de un inmigrante en un pueblo como cualquier otro.
Seré honesto: apenas me acuerdo de nada de esos cuentos, pero sí recuerdo que leí el libro con mucho gusto, como casi todo lo del autor.
El alquimista impaciente se publicó en 2000 y fue muy popular porque se llevó el premio Nadal de ese mismo año, siendo adaptado a cine con los rostros de Roberto Enríquez e Ingrid Rubio.
El libro arranca con el descubrimiento de un cadáver de un hombre desnudo en un motel de carretera. Los detalles escabrosos se suceden, pero en el transcurso de la investigación, lo que parecía un accidente durante un encuentro sexual con una prostituta desaparecida, se va enfangando más en un caos de dinero, sobornos y mafias.
Es un caso crudo, pero Silva tiene el don de narrar con sencillez y verosimilitud. El lector va atando cabos junto con la pareja protagonista, abriendo la boca de vez en cuando o confirmando sospechas alguna que otra vez.
Lectura ágil y un cierto poso moral sobre la conciencia humana y cómo para algunos las vidas de los demás son accidentes que sortear o pasar por encima.
En 2002, nuestra pareja de guardias favorita nos llevará en La niebla y la doncella al marco incomparable de la isla de la Gomera. Allí aparece degollado un joven muchacho de ascendencia alemana, en un caso que apunta de forma directa al concejal del pueblo.
Como en casi todas las novelas de este tipo, que los hechos apunten de forma directa a alguien suele ser un antídoto contra la culpabilidad del personaje, porque siempre hay algún cabo suelto que no encaja del todo bien y que despierta los instintos del husmeador profesional que se enfrenta al caso.
Este libro no es la excepción y, entre visita y visita a la isla, rascaremos la superficie y encontraremos una supuración que mancha incluso a algunos integrantes del Instituto Armado.
Me gusta este libro porque Bevilacqua es más frágil y humano y porque, por una vez, se ve traicionado por su olfato y es incapaz de ver la traición delante de sus ojos.
También se llevó a la gran pantalla, en 2017, con los rostros de Quim Gutiérrez y Aura Garrido, además de otros actores reconocidos como Roberto Álamo o la tristemente desaparecida Verónica Echegui.
Saltamos a 2005 para la publicación de La reina sin espejo. Ambientada en Cataluña, arranca con la muerte de una popular presentadora de televisión. El cadáver se encuentra en medio de un jaleo que indica una noche desenfrenada de drogas, alcohol y sexo.
La investigación, nada sencilla, se encuentra con las interioridades de las páginas de contactos (aunque en la fecha de publicación, internet no es todavía ni una sombra de lo que es hoy), el elitismo de ciertos miembros de la sociedad catalana a la que pertenecía la fallecida y, en un giro de los acontecimientos, la trata de mujeres.
Una vez más la historia da saltos inesperados para acabar en un punto totalmente imprevisible y una vez más se adaptó a televisión en 2011, con Jesús Noguero y Mariona Ribas (desconocidos para mí).
A partir de aquí ya había leído todos los libros según iban saliendo y me reencontré en el hilo temporal con El mal de Corcira, publicado en 2020.
Este libro es algo particular, porque si no me equivoco, el autor usa por primera vez el recurso de contar dos historias en momentos distintos. Por un lado, tenemos el habitual caso que en esta ocasión nos lleva a la pequeña isla de Formentera, donde aparece un hombre asesinado en una playa. En principio se podría enmarcar como crimen pasional homosexual, pero la víctima resulta ser un antiguo condenado por colaboración con ETA.
Ahí arranca la segunda historia, porque por fin sabremos más del pasado de Bevilacqua y el tiempo que estuvo destinado en el País Vasco de los duros años ochenta, durante el que trabajó realizando labores de inteligencia hasta que se mudó a Madrid.
Su infatigable compañera de fatigas, Chamorro, no podrá asistirle esta vez nada más que desde la distancia, convaleciente de una herida de bala que recibió unos pocos días antes. Esta conveniente indisposición, sirve al autor para bucear aún más en la psicología de Bevilacqua y lo hace aún más frágil ante la tormenta perfecta que se desencadena en su interior.
Como es habitual, el desenlace es totalmente inesperado, pero satisfactorio. Este libro es quizá el mejor que he leído o, por lo menos, el que mejor recuerdo me ha dejado.
Aún me quedan un par o tres libros de la serie, que espero leer lo antes posible. Es esta una serie que mejora con el tiempo, tanto por la experiencia y oficio del autor como por la profundidad que van adquiriendo los personajes principales. Los dos protagonistas, lejos de estar congelados en un universo paralelo, envejecen y maduran como cualquiera de nosotros al tiempo que hacen frente a situaciones y circunstancias cotidianas.
Por eso, por esa sensación mezcla de cercanía y realismo, además de por el interés de los casos relatados, aconsejo a cualquiera la lectura de esta serie de libros. Perfecta para el verano, además.

















