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domingo, 30 de marzo de 2025

Nacidos de la bruma (Trilogía I)

Mi contacto con el fenómeno de Brandon Sanderson se limitaba a la culminación de La rueda del tiempo de Robert Jordan y a la novela Elantris. Ambas fueron satisfactorias y más o menos podía entender todo lo que se había montado detrás con las sagas de Nacidos de la bruma y El archivo de las tormentas.

Así que, un poco a lo loco y de acuerdo con mi hija mayor, me hice con la trilogía original de Nacidos de la bruma y nos pusimos a la tarea de darle salida en nuestra pila de lectura. Más yo que la chica, claro, que está en una fase en la que el tiempo libre se mide con cuentagotas, así que me cansé de esperar después de leer el primero y he acabado la trilogía en este primer trimestre de 2025.

El resultado, he de decir, ha sido un tanto decepcionante en cuanto a la calidad literaria del autor, no tanto en cuanto a la originalidad. Vamos por partes.



No se puede negar que Nacidos de la bruma es original en su planteamiento. Nos presenta un mundo envuelto en la bruma y la ceniza en la que un Lord Legislador es quien gobierna, más parecido a un dios que a un mortal. Un remedo de Señor Oscuro de El señor de los anillos, el Oscuro de La rueda del tiempo, o como queramos llamarlo (es posible que lo mismo que hay un Campeón Eterno haya también un Villano Eterno, habría que desarrollar esta idea y puede que tengamos algo interesante entre manos.

Este Lord Legislador gobierna con mano de hierro el Imperio Final desde su capital, Luthadel, con una población noble que le debe obediencia y un pueblo llano, los skaa, que sufren su dominio en un estado de cuasi esclavitud. Para ello se basa en funcionarios como los Obligadores y en los malvados Inquisidores, con ojos atravesados por clavos, que buscan entre la bruma a aquellos que tienen poderes (pero de esto hablaré un poco más adelante).

A este Lord Legislador se opone una banda de revolucionarios entre los que encontramos a nuestros protagonistas: Kelsier, Brisa, Vin, Fantasma, Ham, Sazed y unos cuantos más a los que se unirá Elend durante el primer libro, en el que se narra el enfrentamiento y derrocamiento del Lord Legislador.



El segundo libro, El pozo de la ascensión, muestra lo que ocurre una vez que una revolución triunfa, amplía el mundo conocido con nuevas razas como los kandra y los koloss, cada uno con sus particularidades, y presenta una duda amarga: ¿y si el Lord Legislador lo que estaba haciendo es contener un poder destructivo superior que acecha desde el refugio al que fue desterrado hace ya más de mil años?. Las consecuencias de ello pueden ser de tal calibre que la propia supervivencia del mundo se encuentre amenazada.

En el tercer libro, El héroe de las eras, se profundiza en lo anterior y se centra en los intentos de nuestros amigos por intentar frenar a esta entidad malévola, una vez descubierta ella y sus intenciones.

La trilogía es consistente, cerrando las tramas de forma apropiada a pesar de haber tenido una cierta sensación de deus ex machina en algunas partes del último libro, lo que en alguna ocasión estuvo a punto de arruinar la experiencia. Sobreviví a ello, pero lo que sí estuvo a punto de echarme del todo es un tono excesivamente juvenil, empeorado por el tratamiento del romance entre Elend y Vin de una forma demasiado timorata y cercana a la novela de romance, demasiados soliloquios y diálogos con su yo interior y el comerse la cabeza con gestos y situaciones como si fuera una pareja de adolescentes.

Quiero creer que gran parte de esto se debe a que estamos ante los primeros libros del autor y veré cuando le eche mano a novelas posteriores tanto de estas serie como de El Archivo de las Tormentas, pero mucho me temo que si la cosa sigue así, le daré prioridad a otras obras y autores.



No obstante, hay que resaltar la originalidad del sistema de magia de Nacidos de la bruma. Ya en Elantris se trataba de una forma original y lejos de los estereotipos de la fantasía, pero aquí se lleva a un nivel más allá.

En Nacidos de la bruma no hay magos, sino brumosos y los propios nacidos de la bruma. La capacidad de ambos es la de quemar metales y se diferencian en que los brumosos sólo son capaces de quemar un metal mientras que los nacidos de la bruma pueden quemar todos. Los metales (latón, cobre, cinc, estaño, acero, hierro, peltre, bronce, etc.) se ingieren en pequeños viales y el cuerpo los reconoce y los va quemando (sea eso lo que sea) para obtener sus beneficios y características sobrehumanas. Así, mientras que un brumoso que queme peltre será mucho más fuerte que una persona normal, un nacido de la bruma es capaz de aniquilar ejércitos enteros.

Pero el metal más valioso es al atium, que permite ver el futuro y las lineas de acción de un adversario, salvo que el mismo también esté utilizando este metal, con lo que los efectos de ambos se contrarrestan.

Esta forma de magia se denomina alomancia y sus practicantes son alománticos, la gran mayoría de familia noble o bastardos de nobles, que fueron criados como si fuesen perros por el Lord Legislador.

La alomancia convive con la ferruquimia, practicada en Terris. Esta forma de magia consiste en almacenar atributos físicos (fuerza, velocidad, salud) o psíquicos (memoria) en reservorios metálicos en forma de brazaletes, pendientes o anilllos de los metales alománticos. Una vez hecho, el ferruquimista puede recuperar la reserva de estos materiales, haciéndose más fuertes, rápidos o capaces de recordar todo lo que han visto o leído hace años o décadas. Pero todo tiene un precio: para ser más fuerte hay que ser más débil durante un tiempo; para ser más rápido, hay que sacrificar velocidad; para tener más memoria, hay que olvidar. Se trata de un equilibrio, con la salvedad de que en general se consume todo mucho más rápido que el tiempo que costó almacenarlo.


Brandon Sanderson, el autor

Por último tenemos la hemalurgia, una mezcla de alomancia con magia de sangre en la que entran en juego los clavos que tienen en el cuerpo los inquisidores y otros personajes que nos iremos encontrando. Crear un hemalúrgico viene a necesitar matar un alomántico de tal forma que el clavo que acaba con su vida se empapa de su sangre y proporciona otro tipo de poderes. Es una forma de magia que el Lord Legislador utilizó en bastantes ocasiones para crear a la mayoría de sus seguidores más fanáticos, pero que en el tercer libro veremos que lleva casi a la derrota final.

Por todo esto tengo sentimientos encontrados con esta trilogía de Nacidos de la bruma. Notable en cuanto a originalidad, la calidad de literaria me parece normal, tirando a deficiente. Por eso, de momento, me parece que Brandon Sanderson ses encuentra no ya uno, sino varios escalones por debajo de autores como George Martin o Joe Abercrombie.

Dicho lo cual, Nacidos de la Bruma es una obra imprescindible para entender la literatura fantásitca del siglo XXI. Eso sí es necesario tener espíritu crítico y ser conscientes de lo que vamos a leer.


domingo, 24 de noviembre de 2019

Elantris

Lo primero que leí de Brandon Sanderson fue el final de La rueda del tiempo, de Robert Jordan. Terminar tan homérica saga (por lo larga y extendida en el tiempo, no de calidad literaria) fue un encargo del que supo salir airoso. 

Elantris es el título de la novela, de 2005, y el nombre de la ciudad que ha sido el faro de Arelon. Una ciudad en la que vivían seres casi divinos, prácticamente inmortales y con un dominio de la magia que les permitía realizar construcciones inalcanzables. Los elantrinos no nacen, sino que son humanos normales que se transforman en ellos. Ser elantrino es una bendición de los dioses.



Pero de un tiempo a esta perte resulta todo lo contrario. La transformación en elantrino no lleva todas las bendiciones, sino que está acompañada por todas las maldiciones. El nuevo elantrino ya no resulta ser divino, sino que recibe una penitencia continua como regalo. Su cuerpo se transforma, no puede morir, no necesita comer... pero siente el dolor de todas sus heridas, desde la más pequeña a la más grande, desde el roce de los zapatos al caminar hasta el corte con un cuchillo. Muchos de ellos enloquecen porque no pueden soportarlo.

Elantris se ha convertido en una sombra de lo que fue. La magia no funciona y este fallo puede tener relación con el desastre que está ocurriendo.

Mientras tanto la geopolítica se complica y los distintos reinos buscan alianzas ante la previsible confrontación. Así llega la princesa Sarene a desposarse con el príncipe Raoden que, amarga coincidencia, acaba de transformarse en elantrino, lo que significa que para todos ha muerto.

La princesa debe aprender a moverse en la política de Arelon, haciendo frente a las diferentes facciones mientras intenta mantener un hilo de esperanza para su pueblo. Al tiempo Raoden busca desesperado una forma de devolver a la magia el sentido que siempre ha tenido y, quizá, hacer que la transformación sea lo que fue en el pasado y la ciudad de Elantris vuelva a ser esplendorosa.

La pareja protagonista


El sacerdote Hrathen de Dereth Shu viene a complicar las cosas, dando un plazo de tres meses para que todos los habitantes de Arelon se conviertan a su religión o serán los regimientos del emperador quien lo haga. Para él los elantrinos son demonios e intentará acabar con Elantris y erradicarlo de la faz de la tierra. La descripción del personaje y de su imperio me recordó poderosamente a los primeros tiempos del islamismo, cuando los fanáticos musulmanes seguían las órdenes del califa sucesor directo de Mahoma, que ostentaba tanto el poder temporal como el divino.

A toda esta complicada historia hay que añadir un sistema de magia basada en los aones, símbolos arcanos que brillan con el poder de los elantrinos (y de nadie más), pero que desde hace años no funcionan como es debido. La explicación posterior de por qué esto ocurre no deja de ser original. Eso y un cierto desarrollo de los personajes, al menos de los principales, aunque hay también bastantes que son poco más que arquetipos o meros antagonistas planos de los protagonistas.

Un fanático


El resultado total es bastante positivo. Ya quisiera yo que mi primera novela fuera como esta. Además el estilo con el que está escrita facilita la lectura, que no se hace nada pesada a pesar de ser un mamotreto de más de seiscientas páginas.

Me dan ganas de seguir leyendo cosas de este hombre.

domingo, 26 de abril de 2015

La rueda del tiempo (XI - XIV)

Me las prometía muy felices hace unos pocos años: pensaba que había dado buena cuenta de la serie de Robert Jordan, La rueda del tiempo. La verdad es que me quedaban aún cuatro libros para terminarla. Titánica tarea, por otra parte, cuando cada uno de los libros ronda las ochocientas páginas.

Los tomos XI a XIV son, por este orden: Cuchillo de sueños, La tormenta, Torres de medianoche y Un recuerdo de luz. Los tres últimos escritos por Brandon Sanderson a partir, supuestamente, de las notas dejadas por Robert Jordan antes de su fallecimiento. En total, más de tres mil páginas que cierran la historia del Dragón Renacido, Rand al´Thor, y de sus amigos y enemigos. 

El Dragón Renacido

Lo primero que me llega a la mente es que, con el cambio de autor, la serie se hace más ligera, más llevadera. Se lee mejor. Sanderson se olvida o da mucho menos peso a algunos temas recurrentes en la prosa de Jordan, entre ellos ese repetitivo asunto de la guerra de sexos, ese continuo deslizar estereotipos masculinos y femeninos que poco o nada hacían para aportar elementos nuevos a la trama. 

Una trama que avanza de una forma demasiado lenta. Una lentitud exasperante, porque con cada libro que terminaba, la sensación de que aún quedaba mucho en el tintero y mucho por leer se hacía cada vez más grande. Y saber que cada vez quedaban menos libros, me hacía pensar que el final sería bastante precipitado. 

No estaba muy desencaminado. Efectivamente el final es precipitado, como si hubiera prisa en cerrar la serie y todos los cabos sueltos, pero lo mejor de catorce libros, alrededor de diez mil páginas y cerca de catorce meses de lectura estaba justo al final. 

Si por algo no me arrepentiré de leer La rueda del tiempo, más allá de algunos momentos puntuales y de ciertos conceptos originales, es precisamente por haber llegado a su final y haber leído Un recuerdo de luz. Es, con diferencia, el mejor de todos los libros: vibrante, épico, sorprendente. 

Vibrante porque llega al climax, con la invasión de las hordas del Oscuro y la Última Batalla en el horizonte. 

Épico, porque somos testigos de cómo la desesperación lleva al sacrificio máximo que uno puede hacer. Algo que tanto los protagonistas principales como los secundarios no dudarán en llevar a cabo para liberar a la Humanidad de la victoria del Oscuro. 

Mat Cauthon, que guarda en su cabeza el recuerdo de todos
los generales que en el mundo han sido


Y sorprendente, porque algunos de esos sacrificios nos llevan a despedirnos de personajes de verdadero peso en la historia. Personajes que uno no pensaría que podrían morir nunca, pero que dan gustosos sus vidas por un bien mayor. De alguno de ellos lo lamenté de veras (no espoilearé para no fastidiaros el gustazo de pasar por los libros como yo), de todos me pareció bien el contexto, aunque a veces pensaba que el asunto era un poco arbitrario: ¿por qué este y no este otro?

¿Y el final-final? Aún más precipitado, porque si catorce libros se cierran en uno, éste lo hace en las últimas veinte o treinta páginas. No obstante, el final elegido para Rand al´Thor, Dragón Renacido, me parece más o menos acertado. Al menos, no chirría con el conjunto de la historia y el desarrollo del personaje. 

Sería muy triste decir que La rueda del tiempo en su conjunto solo merece la pena por este último libro. Pero, a pesar de ser una de las series más nombradas y con más seguidores de la fantasía épica, no me parece que sea sobresaliente. 

Horda de trollocs y un myrdraal


El espejismo de ese brillo final apenas sirve para cubrir cientos de páginas de tedio, de no avanzar la historia, de conflictos entre hombres y mujeres, de discusiones sobre la amplitud de los escotes, de descripciones de vestidos, de personajes secundarios, de personajes muy secundarios que nada aportan a la trama más allá de más páginas a la historia... La rueda del tiempo habría ganado muchos enteros de haberse condensado en, como mucho, la mitad de esa extensión. Nos habríamos ahorrado páginas y páginas de nada. 

Pero el último libro... ese sí que merece la pena.


domingo, 17 de enero de 2010

La Rueda del Tiempo

Últimamente he dejado un poco abandonado este blog, pero no porque estuviera ocioso sino más bien por falta de tiempo. Entre otras cosas me propuse, en un agotador tour de force terminar una serie de Fantasía que comencé hace casi dos años: La Rueda del Tiempo. Me he leido cuatro tomos del tirón y aún me queda uno, de reciente publicación y que no conocía.

El autor es el estadounidense Robert Jordan, seudónimo de James Oliver Rigney y fallecido en 2007 antes de poder finalizar su magna obra. Ésta se compone hasta la fecha de 10 libros en la edición original en inglés (tres más por publicar), y de 17 libros en la edición española, de los que quedan aún tres por publicar, más una precuela. Como se ve, un esfuerzo impresionante. Además, tiene a sus espaldas un buen número de novelas de Conan escritas a principios de los años 80.

La historia comienza en Dos Ríos, en el Campo de Emond, una pequeña aldea que vive apaciblemente hasta que los sucesos se desencadenan en forma del ataque de criaturas espantosas que forman parte de la leyenda. Rand, Mat, Perrin, Egwene y Nynaeve huyen con la ayuda de la Aes Sedai Moraine y su guardián Lan, dando paso a una gran aventura.
El autor desarrolla un mundo completo, con distintas naciones y pueblos, costumbres y una larguísima historia, dando credibilidad y profundidad al mundo. Los personajes se cuentan por decenas e incluso los meramente anecdóticos se identifican con un nombre propio (algo a mi entender excesivo). Algunas mujeres pueden utilizar el Poder Único, el Saidar, y se convierten en Aes Sedai. Algunos hombres pueden también utilizar el Poder, en este caso el Saidin, aunque con el tiempo enloquecen debido a la infección en la fuente masculina del Poder causada por el Oscuro en la Era de la Leyenda. Para evitar los efectos de esta locura, las Aes Sedai los buscan y los amansan, cortándoles el acceso al Poder y provocando su muerte tras languidecer faltos de voluntad. Sólo el Dragón Renacido, un varón que encauza, podrá enfrentarse al Oscuro en la Última Batalla.
El Poder Único permite curar heridas, lanzar bolas de fuego, modificar el tiempo atmosférico, crear terremotos, viajar grandes distancias instantáneamente...
La historia tiene ciertos ecos de El Señor de los Anillos, la lucha continua entre el Bien y el Mal (en este caso la Luz y la Oscuridad) y no puede desembarazarse de ese peso, aunque también presenta bastantes puntos originales. Sin embargo avanza con lentitud a veces exasperante y hay que hacer un esfuerzo de voluntad para continuar. La verdad es que al llegar al libro 17 da la sensación de que apenas se ha desarrollado después de más de 5.000 páginas. El autor se detiene en hechos cotidianos que dan ambiente pero poco aportan a la historia y que son bastante prescindibles, provocando en demasiadas ocasiones el cansancio del lector.
Otro punto negativo es que los personajes se pierden en una guerra de sexos, al estilo de la fierecilla domada de Shakespeare, que en ocasiones es bastante infantil y que ni siquiera da trasfondo a los personajes. Los pasajes en que los personajes masculinos no entienden la actitud de las mujeres hacia ellos, y viceversa, se hacen demasiado repetitivos. Los esfuerzos por dar importancia a las diferencias culturales de los distintos paises que conforman el mundo derivan invariablemente en una descripción de la profundidad de los escotes de las mujeres, que repetitivamente enseñan una considerable porción de sus senos para escándalo de los oriundos de Dos Ríos. Al principio puede parecer simpático, pero luego todo esto se convierte en cansino y dan ganas de cerrar el libro.
Otra curiosidad, apenas aparecen personajes femeninos que no sean de una belleza espectacular. Como en la vida real, vamos.

La edición que he leído es la de Timun Mas, y aquí también hay bastante que decir. Para empezar, la política de la editorial ha hecho un flaco favor a la obra. Tras los tres primeros tomos se toma la decisión de dividir cada tomo de la edición original en dos, el primero de los cuales lleva el título original y el segundo un título inventado por Timun Mas. Supongo que lo único que pesó fue la valoración económica de la idea, porque la calidad se resiente. De hecho, cada uno de los tomos que conforman la primera parte adolece de un clímax. Al terminarlo se queda una sensación agridulce que en nada ayuda a variar la opinión del lector.
La traducción es de Mila López. Poco sé de ella, aparte de que ha traducido varias obras de la editorial. Pero creo que la calidad de la misma es bastante mejorable. Hay incluso un pasaje en el que se habla de una carpeta, traducido literalmente del inglés carpet (moqueta, alfombra), que si bien aparece en el diccionario de la DRAE es una aportación innecesaria al castellano, que ya dispone de suficientes vocablos propios para ello. Y cada vez que leía la palabra "empero", me daba un escalofrío que...

Resumiendo lo anterior, es difícil tener una sensación del todo positiva. La serie tiene muchísimos seguidores, habiendo generado un juego de rol con sistema D20 y una serie de cómics de buena factura, pero creo que a mi edad he leído cosas bastante mejores. Por sus puntos de originalidad merece una lectura, pero tampoco diría que es imprescindible. Veré de conseguir lo que se vaya publicando, más por curiosidad en ver cómo sigue la historia tras el fallecimiento del autor que porque me haya convertido en un fanático seguidor.