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sábado, 12 de abril de 2025

The last kingdom

 The last kingdom es una serie de televisión basada en los libros de Bernard Cornwell, Sajones, vikingos y normandos, que se compone de trece libros de los que ya he leído unos cuantos. De hecho, había leído los seis primeros y, aunque no me desagradaban, estaban lejos de provocarme la necesidad de continuar leyendo hasta el final. Un poco lo que me pasa con la saga de Cato y Macro de Simon Scarrow.

Con ese precedente, tuve la serie de televisión en cuarentena hasta que decidí darle una oportunidad a su primera temporada. El resultado fue tan bueno que he seguido leyendo los libros (solo me queda un par para terminarlos y espero hacerlo en los próximos meses) e incluso los veo ahora con otros ojos, disfrutándolos mucho más. 

Toda historia tiene un inicio...

Ha sido tanto así que incluso vimos la serie al completo en familia, las cinco temporadas de las que consta y la película final que cierra la historia de Uthred de Bebbanburg en la pequeña pantalla.

Decían de The last kingdom que era la nueva Vikingos. No es exactamente así, porque cuenta la historia desde el otro lado, desde los sajones cristianos que combaten a los normandos asentados en lo que luego sería Inglaterra (dejando Gales y Escocia aparte), pero puedo comprar la forma de vender la idea a los espectadores, porque la serie de Ragnar y sus hijos fue un hito en la televisión de los últimos años.

The last kingdom me parece incluso superior en aspectos como la ambientación en la Inglaterra del siglo IX y principios del siglo X. No soy un experto en el marco histórico, pero tanto las localizaciones como el vestuario, la panoplia o las batallas, me parecen bastante adecuados a lo que estamos viendo y ayuda a sumergirse en la historia.

Una historia que no es otra que la de un joven Uthred, heredero del señorío de Bebbanburg que es criado por vikingos cuando su padre es derrotado en batalla y que crecerá con un objetivo en la vida: recuperar ese señorío que ha sido usurpado por su tío.

El camino de Uthred no será fácil y se verá entorpecido en muchas ocasiones. Como él no se cansa de repetir, el destino es inexorable y empuja a los hombres a su antojo, como a los barcos en una tormenta. Por supuesto no ayudará su actitud soberbia y su obcecación en adorar a los dioses nórdicos en lugar de al dios crucificado, cuya incipiente Iglesia dirige ya los designios tanto espirituales como materiales de los reinos sajones del sur. 

 

...y un final


Como en los libros, la historia comienza durante el reinado de Alfredo de Wessex en un momento de dificultad en el que es realmente el último reino cristiano de Inglaterra, llegando casi a punto de desaparecer.

Alfredo es retratado como un hombre inteligente, obsesionado con la cultura y su futuro lugar en la historia, devoto de Dios, pero al mismo tiempo un hombre práctico que no duda en aprovechar las cualidades guerreras de Uthred a pesar de su paganismo. Una relación de amor y odio entre ambos personajes, en tanto en cuanto ambos se admiran y respetan al tiempo que tratan de mantener sus respectivas cuotas de poder e influencia sobre el otro.

Por culpa del rey y su juramento de fidelidad, Uthred deberá posponer sine die su proyecto de recuperar Bebbanburg. Pero, a pesar de la amargura que esto le provoca, el episodio en el que ambos, rey y vasallo, se reúnen y en cierto modo se reconcilian, es uno de los mejores de toda la serie.

Lejos de aprender, Uthred tropezará en la misma piedra con Eduardo, hijo y sucesor de Alfredo, y Ethelfleda, hermana de aquél y reina de Mercia, de la que se convertirá en amante y paladín. Al final ya de al serie, la fidelidad de Uthred se traspasará a Athelstan, primogénito de Eduardo, heredero y unificador de la tierra de los anglos. 

 

Vivir o morir en el muro de escudos

Por la vida de Uthred pasarán también un buen puñado de personajes. Muchos de ellos serán amigos fieles como el padre Beocca, la abadesa Hild, sus fieles Finan, Sithric y Osferth (bastardo de Alfredo que tiene un final muy distinto en la serie que en los libros), Ragnar, el padre Pyrlig o Aldelmo. No muchos menos que sus amigos serán sus enemigos, algunos normandos y otros sajones, porque Uthred pisará muchos callos con su concepto de la fidelidad y del honor.

Habrá muchos altibajos en la historia, momentos en los que casi todo parece perdido y Uthred estará al borde de la muerte, prisionero, traicionado, derrotado o vendido como esclavo, pero como no se cansa de repetir, el destino es inexorable.

La serie consta de 46 capítulos en cinco temporadas. Las dos primeras tiene ocho capítulos cada una y las tres siguientes ya constan de diez capítulos. Aún así, la historia de Uthred tuvo que esperar a una película que se estrenó un año después de la serie. Siete reyes deben morir dura casi dos horas y, aunque está bastante peor valorada que la serie, permite un cierre adecuado que de otro modo hubiera sido injusto. Hay que agradecer esto a Netflix, a pesar de que el final de Uthred es un poco de aquella manera. 

 

El señor de la guerra

A pesar de ser una serie relativamente corta, adapta bastante bien muchos de los libros del material original. Hay algunos cambios menores, sobre todo respecto al destino de Brida, Osferth o Stiorra, la hija de Uthred, pero a grandes rasgos es muy fiable y, como he dicho al principio, me hizo reconsiderar mi valoracion de la saga de libros.

Para el papel protagonista tenemos a un desconocido Alexander Dreymon, que curiosamente no tiene demasiados créditos fuera de la serie (de hecho, en su ficha de imdb no figura nada más después de la película de cierre de la serie en 2023). No deja de ser sorprendente, la verdad, pero parece que su carrera se ha centrado mucho en el personaje y acabó siendo productor tanto de la serie como de la película he incluso dirigió un capítulo.

La valoración del público es también más que notable. En imdb cotiza a un sólido 8,5, que baja a un digno 6,9 para el caso de la película.

Recomendable, en tanto que tampoco hipoteca muchas horas de tiempo al ser relativamente corta.

viernes, 3 de mayo de 2024

Un puñado de películas desaconsejables (I)

Estoy aprovechando estas últimas entradas para agrupar películas que creo que no merecen el esfuerzo de escribir para ellas una entrada completa. Así, después de dar un repaso a las películas de DC y de Marvel, voy a hacer lo mismo con cintas de cualquier temática que están en mi lista de pendientes y que por diversas razones me han aburrido, decepcionado o ambas cosas. Como hay un buen puñado de ellas, voy a repartirlas en dos entradas. 

La primera es El hombre del norte. La temática vikinga, además de haberse puesto de moda en los últimos años, es una de mis favoritas desde que jugaba a RuneQuest en los años noventa del siglo pasado. 

Por eso me puse delante de la pantalla con la intención de disfrutar la película protagonizada por Alexander Skarsgaard.


Me aburro
   
 

La premisa no puede ser más vikinga: el hijo de un rey sobrevive a la traición, escapa a una vida de tribulaciones y vuelve hecho un hombre para vengarse de todos los que participaron, incluida su madre (Nicole Kidman, que parece estar en todas). 

Además de Skarsgaard es protagonista un concepto tan vikingo como el destino. O, más bien, el convencimiento que tenían de la predestinación y de que todas sus acciones estaban urdidas en el tejido de su vida. 

Completa protagonismo Anna Taylor-Joy en el papel de la bruja Olga, un personaje inquietante que se unirá a Amleth (Skarsgaard) en su venganza. 

A pesar de todo esto, se me hizo pesada y aburrida. Son dos horas y cuarto de escenas en la niebla, en la penumbra o ambas cosas, a veces difíciles de seguir. La historia no me atrapó en ningún momento, salvo quizá un poco al principio y cuando Amleth es ya un hombre hecho y derecho. Anhelaba que llegara el final, para poder pasar a otra cosa. 

Mi sorpresa es que en imdb cotiza a un más que decente 7,0. Yo apenas le daría un aprobado.

Estoy seguro de que incluir en esta lista de películas no recomendadas Avatar 2: el sentido del agua va a ser una decisión polémica.  

 

Muy bonito, pero me aburro

 

Esta segunda parte sigue la historia de la familia de Jake y Neytiri, formada por la pareja y un puñado de hijos híbridos de humano y na´vi (si la cinta explica cómo puede procrear un avatar, no lo recuerdo) que, perseguidos por sus implacables enemigos humanos, se ven obligados a refugiarse en el reino de los na´vi de agua. 

La cinta se desarrolla entre los conflictos con los adolescentes, la adaptación a la cultura acuática, la lucha contra los humanos y la migración de unos seres acuáticos parecidos a las ballenas que tendrá su importancia. 

 


El problema de Avatar 2 es el mismo que tuve con Avatar: es tan apabullante visualmente que la historia no consigue dar relieve a todo lo que veo. Una historia demasiado básica y visitada ya decenas de veces. La película, a pesar de su mensaje ecologista y pacifista (la familia de Jake termina llevando la guerra y la destrucción a un lugar paradisíaco), se convierte para mí en una sucesión de escenas sin alma en las que, a pesar de la extremada verosimilitud de las reacciones de los na´vi, no llega uno a identificarse con ninguno de ellos. 

 

Me aburro

 

Que estemos hablando de tres horas y cuarto de película tampoco ayuda. No tengo nada claro que todos esos minutos en sucesión sean realmente necesarios y últimamente no me gusta demasiado desperdiciar mi tiempo. 

James Cameron amenaza con una tercera parte, en esta ocasión ambientada en un reino na´vi de fuego. 

La segunda parte cotiza a un excelente 7,6 en imdb. Una muestra más de que las opiniones son como los culos y que cada uno tiene el suyo.

Si puede haber una cierta polémica en las dos primeras películas, me parece que no la va a haber con la última de esta entrada. Sin ningún atisbo de duda, 65 es una película mala. 

Adam Driver es Mills, piloto de una nave que por azar del destino se estrella en un planeta desconocido. El cargamento de esta nave no es otro que cabinas de estasis de colonos que se trasladan a una colonia, de las que solo se podrá recuperar la de una niña, que será su únca acompañante en esta aventura. 

El planeta en el que aterrizan es un paraíso exuberante de vida: enormes bosques, praderas y organismos animales de gran tamaño que convierten cada paso en un riesgo. 

 

Me aburro

 

Para colmo de la mala suerte, un meteorito de proporciones respetables se dirige en rumbo de colisión al planeta en cuestión, por lo que conseguir activar la nave y escapar se convertirá en una prioridad para ambos. 

Lo único bueno de esta película es que apenas dura hora y media. Más que suficiente para que deseemos que termine, sensación que no cambia ni siquiera con la pretendida ambigüedad de si los protagonistas se encuentran en el planeta Tierra o no (aunque, desde el título hasta el meteorito parecen indicar que sí). 

La nota de imdb es un ajustado 5,4. Me sobra un punto.





domingo, 19 de septiembre de 2021

Vikingos (T6)

Acabó la historia que comenzó con un personaje tan carismático como Ragnar Lothbrok y terminó con otro tanto o más que él, su hijo Ivar sin huesos. Atrás quedan otros muchos personajes que nos hicieron vibrar: Rollo, Lagertha, Harald cabello hermoso, Bjorn piel de hierro o Floki.

En esta sexta temporada, como siempre divida en dos grupos de diez capítulos cada uno, entran en escena los rus, antiguos vikingos asentados en Kiev y Novgorod, que han abandonado a los dioses paganos y se han convertido al cristianismo. Hasta allí escapa Ivar tras su derrota en Kattegatt y se encuentra con Oleg, príncipe regente que se convetirá en la horma de su zapato, al menos por un tiempo.Poco después, su hermano Hvitserk le seguirá en el exilio. 

Con los rus forjará una alianza, si bien un poco desigual. Los rus le acompañarán en su campaña de conquista a cambio de convertirse en un rey vasallo. No, las cosas no le van demasiado bien a Ivar en Kiev, aunque por otro lado parece que su personalidad se dulcifica gracias a la relación de amistad que mantiene con el príncipe heredero, apenas un niño dominado por Oleg, su despiadado tío que maneja los hilos en su  nombre.

 


Mientras tanto, en Noruega se realiza una votación para elegir rey. Todo parece indicar que será Bjorn, hijo mayor de Ragnar, pero saltará la sorpresa cuando el elegido sea Harald. Sin embargo, poco tiempo durará su triunfo cuando vean aparecer a los rus, precedidos por las noticias de saqueos, sangre y fuego de los lugares que van arrasando en su camino a Kattegat. 

El otro hijo de Ragnar, Ubbe, viaja a Islandia cansado de una vida tranquila y buscando nuevas aventuras. Una vez allí, al no encontrar a Floki, corre en busca de una tierra de oro que descubrió por casualidad un tal Othere, viajero que tiene un interesante pasado. Tras una breve estancia en la inhóspita Groenlandia, alcanza de una vez el norte de América, donde funda una colonia y se encuentra con los nativos y con un viejo amigo. 

Finalmente Ivar vuelve a su patria, donde junto a su hermano Hvitzerk y el rey Harald, arenga al pueblo para retomar la guerra contra Wessex y su rey, Alfredo. Allí librará varias batallas y encontrará su destino. 

 

Esta sexta temporada de Vikingos es bastante buena, a pesar del tiempo pasado entre la emisión de la primera tanda de capítulos y de la segunda. Está salpicada de momentos épicos de casi todos los personajes, como la última carga de Bjorn o la batalla de Ivar. Además, retoma una cosa que a mí me encanta: oir hablar a los personajes en sajón o nórdico antiguos. 

Por poner un pero, la última tanda peca bastante de precipitación: querer contar muchas cosas en demasiado poco tiempo, lo que da una sensación de atropello. La trama que me parece que peor lleva estas prisas es la del viaje de Ubbe desde Islandia hasta llegar a América. Tiene algo de irreal. 

 

Un romano con los vikingos
 

El balance final de la serie es muy bueno. La verdad es que la desaparicion de Ragnar me hizo temer que la cosa se iba al garete tras la cuarta temporada, pero ha sabido remontar y reinventarse, poniendo el foco en personajes que iban adquiriendo una personalidad profunda. 

Vikingos es un fenómeno televisivo de los últimos tiempos. Seguro que no está a la altura de series de culto que también han surgido en estos años, pero por lo menos es una serie entretenida que ha sabido poner fin a su periplo sin que sean los espectadores los que lo pidan. No me imagino nada peor que eso. 


lunes, 8 de julio de 2019

Vikingos (T5)

La quinta temporada de Vikingos también se ha dividido en dos partes de diez capítulos cada uno y continúa el cambio de foco tras la muerte de Ragnar en la cuarta temporada. 

El problema es el mismo de entonces: el personaje de Ragnar era tan arrollador que eclipsaba a todos los demas. Ninguno de los demás se le puede aproximar. Ni Lagertha, Bjorn, Floki, Ubbe, Rollo... ni el mismo Ivar sin Huesos.




En esta ocasión tenemos la guerra entre hermanos que ya se vislumbró en la cuarta temporada. De un lado Ubbe, Bjorn y Lagertha. Del otro Ivar, Hvitsärk y el rey Harald. En el medio, el control de Kateggat. 

Sangre, mucha sangre. E Ivar, mucho Ivar, que resulta el protagonista indiscutible de la temporada por encima de cualquiera de sus hermanos y demuestra estar también por encima suyo en cuanto a previsión, táctica y estrategia, derrotándolos una y otra vez hasta que, al final, solo la traición puede con él aunque conserva la vida para una sexta temporada. Ese descenso a los infiernos de la locura resulta atractivo, casi como caer al reverso tenebroso de la fuerza. 




Crece también el protagonismo de Alfredo de Wessex, aunque se le ve más bien pusilánime y aún lejos del gran rey que fue. En su trama brilló con luz propia su madre, Judith, capaz de todo con tal de asegurar en el trono a su hijo, aún a costa de su otro hijo (una escena digna de Juego de Tronos).

Una decepción resulta ser la historia de Floki y la colonización de lo que debe ser Islandia. Vale que es también la historia de la mezquindad humana y cómo esa mezquindad echa por tierra los sueños del buen Floki, que cree haber encontrado el hogar de los dioses, solo para ver una cruz cristiana en el interior de una cueva. 




Es interesante esa dualidad paganismo / cristianismo en los personajes principales que Vikingos recupera en esta temporada. Resulta ser uno de los mejores momentos desde la desaparición de Athelstan hace ya un par de temporadas. 

Y como descubrimiento que me encantó, Jonathan Rhys Meyers y su personaje, el obispo Heahmund, príncipe de la Iglesia y guerrero que se debate entre el amor a Dios y su amor a Lagertha. Su final me pareció épico, pero también triste porque hubiese sido un aliciente para las temporadas por venir. Confieso que no había visto antes a este actor, pero no voy a poder olvidar en mucho tiempo esa mirada que desprende a la vez fanatismo y locura, quizá lo más cercano a la santidad. 




En resumen, la quinta temporada me pareció bastante plana salpicada con algunos momentos de verdadero interés, pero también con otros momentos de verdadero aburrimiento. Me parece que el interés va a ir decreciendo, por el sencillo motivo que los personajes que se quedan no son capaces de cubrir el hueco de los personajes que se van. 


domingo, 7 de abril de 2019

Sajones, vikingos y normandos (#1 a #6)

El año pasado descubrí esta serie de novela histórica: Sajones, vikingos y normandos. Escrita por el británico Bernard Cornwell, que tiene en su haber otra serie protagonizada por el fusilero Sharpe, junto al que visita muchos de los escenarios fundamentales de las guerras napoleónicas, incluyendo lo que los sajones llaman Peninsular War. 

El marco temporal de la saga que nos ocupa es el de las invasiones vikingas de los reinos sajones de lo que hoy es Inglaterra (Northumbria, Anglia Oriental, Mercia y Wessex) durante el siglo IX y, más en concreto, el reinado de Alfredo de Wessex, que pasa a la Historia como Alfredo el Grande. 



Bernard Cornwell utiliza, como muchos autores de novela histórica, un personaje ficticio como cadena de transmisión y relator de hechos históricos.

Este personaje es el niño Uthred, hijo de Uthred, desposeído señor de Bebbanburg por su propio tío, emprende una travesía vital que comienza en la casa del jarl Ragnar y que va pasando por diferentes etapas, muchas de ellas conectadas con el rey Alfredo. Durante varias décadas de su vida vemos cómo va progresando, a veces a duras penas, mientras se mantiene fiel a los dioses nórdicos con los que ha crecido aún habiendo sido cristiano en su niñez. 



Poco a poco toma posiciones de responsabilidad, vuelve a caer en desgracia y es tomado como esclavo, pero después recupera con creces su estado, a pesar de las envidias y las malas artes de los príncipes de la iglesia que desaconsejan a Alfredo que un pagano sea tan importante. A pesar de todo ello, Uthred se convierte en la espada de Wessex, el caudilllo en el que todos confían cuando los normandos deciden atacar los reinos sajones desde su bastion de York. 

Incluso tiene un cierto aire heroico al matar en combate a Ubbe Ragnarsson, hijo del mítico Ragnar Lothbrok, y derrotar a Ivar Ivarsson, nieto de Ragnar e hijo de Ivar el deshuesado. 

 

Cornwell decide, con buen criterio, utilizar los nombres sajones de ciudades actuales: Lundene, Ieofervic, Witanceaster, Cippanham... Aunque quizá dificulte la lectura, ayuda a entrar en la ambientación. Ayuda a dar sabor, por así decir. 



Y no cae en la tentación de endulzar las cosas. La Alta Edad Media era un tiempo difícil y peligroso para vivir, donde un guerrero estaba muy por encima del común de los mortales, no solo por su habilidad con las armas, sino por el equipo: espada, hacha o lanza, escudo, casco, cota de malla... Eran poco comunes, sobre todo los de calidad, así que no era de extrañar que los supervivientes de un combate despojaran a sus enemigos de todo lo que de valor podían encontrar para equiparse ellos mismos. 



Lo mismo que sus descripciones de batallas son fieles al período y al marco geográfico. Los choques armados en el siglo IX en Inglaterra reunían a varios cientos o unos pocos miles de guerreros entre ambos bandos, muy lejos de las enormes batallas de la Antigüedad o lo que posteriormente serían las guerras en Europa de los siglos XVIII y XIX, con centenares de miles de combatientes y numerosísismas bajas. 



Aunque no es una saga deslumbrante, ni mucho menos, se lee con agrado. Sobre todo si se está familiarizado o interesado en el marco histórico de las invasiones vikingas. Incluso diría que está un peldaño por encima de la serie de Simon Scarrow sobre Macro y Cato (salvando las diferencias de ambientación entre una y otra). En cualquier caso, se agradece la agilidad de lectura y la ligereza en las descripciones y diálogos. 






lunes, 26 de diciembre de 2016

Vikingos (T4)

Después del clímax una apoteósica tercera temporada, con el asalto a París y la estratagema de Ragnar para conseguir salir victorioso, era inevitable que la cuarta temporada de la serie fuera un pequeño paso atrás. 

¿Prueba iniciática?

En esta cuarta temporada Ragnar está más vulnerable que de costumbre debido a una herida que no acaba de sanar y cuyo dolor no le permite enfocarse. Solo una extraña raíz que le administra una esclava oriental (guiño a la arqueología clásica) parece aliviarle, pero es un remedio temporal. 

El tono de esta cuarta temporada es crepuscular. La apariencia es que Ragnar ya no es el líder vigoroso de antaño, más bien parece frágil y los cuervos no tardan en aparecer para repartirse sus despojos. Los hijos de Ragnar y Aslaug crecen y amenazan la primogenitura de Bjorn Piel de Hierro, hijo de Ragnar y Lagertha y heredero de Ragnar. Ivar Sin Huesos es el más importante de ellos.

Rollo se casa con la hija del rey de los francos y nieto de Carlomagno y obtiene un feudo en Normandía a cambio de ayudar en la defensa de París cuando su hermano vuelva. 


Lucha fratricida (y desigual)


Floki ha perdido la confianza de Ragnar y conspira contra él, uniéndose a los que desean derrocarle. 

El rey Ecbert se hace con el control de Mercia y envía a su nieto, el joven Alfredo, a Roma. ¿Una premonición de lo que está por venir?

Imágenes impactantes, como la lucha frente a las cadenas del río Sena defendidas por Rollo que termina en desastre para los nórdicos. O cómo después llevan por tierra sus barcos río arriba para superar el obstáculo.

Este podría ser el resumen de una temporada que parece de transición. Parece como si los responsables de la serie quisieran anunciar que el personaje de Ragnar está superado y que poco a poco se va a cambiar el foco hacia las generaciones futuras, anticipando el choque histórico entre los hijos de Ragnar y Alfredo el Grande en Wessex. 

Pero Ragnar se encuentra lejos de estar acabado. Es, de lejos, el personaje más carismático de la serie y a mí me ha costado seguirla ahora que su protagonismo está decayendo. El personaje de Ivar apunta maneras, con esos extraños ojos azules, pero Ragnar (y Travis Fimmel) es insuperable de momento. No hay más que ver el último capítulo y su reaparición en Kattegat, tras años de retiro. 

 A pesar del bajón, tengo esperanzas puestas en la quinta temporada, si el cierre de la cuarta es una anticipo a lo que nos espera. Un escalón por debajo de la tercera temporada, dos escalones por debajo de la segunda temporada y al nivel de la pirmera. 


domingo, 11 de octubre de 2015

Vikingos (T3)

La serie del Canal Historia empezó de una forma que no me acababa de convencer. Interesante, pero más que nada por el interés que tengo por la temática vikinga. La segunda temporada, en cambio, me cautivó prácticamente desde el principio para terminar en un capítulo final memorable que ponía de manifiesto la astucia vikinga que tantas veces reflejaron las sagas. 

La tercera temporada tenía difícil mantener las expectativas que había puesto en ella, tanto que no las ha cumplido del todo. Es inevitable que vea una ligera cuesta abajo, pero por lo menos se mantiene a un nivel más que aceptable. 

Esta tercera temporada es de cambios. Personajes viene, personajes van, personajes desaparecen... La desaparición de tres de ellos me ha dolido especialmente, porque eran de mis secundarios favoritos. No acabo de ver el motivo que pueda haber detrás, la necesidad en la historia, más allá quizá de desarrollar el personaje de Ragnar haciendo frente a su pérdida. 



Esta tercera temporada es épica. Dejamos los familiares parajes de Wessex y Mercia y nos adentramos en el reino franco y vivimos el episodio histórico del asedio de París. Impresionante, la flota de barcos remontando el Sena, la construcción de las torres de asedio, el asalto... Carlos el Calvo rey de los francos, nieto de Carlos el Grande, no es más que una broma pesada a los francos, un pusilánime que sabe que no está a la altura de su herencia pero que al mismo tiempo no quiere reconocerlo pidiendo ayuda a sus hermanos. Mientras, en el otro bando, Floki da un paso más hacia la locura, oye las voces de los dioses, se siente el elegido de los Ases, para darse de bruces con la realidad. 

Al final Ragnar logrará su propósito y saqueará la capital del reino franco, haciendo una vez más uso de su ingenio. ¿Cómo? No es cuestión de fastidiar a aquellos que no lo hayan visto ya, pero hace uso de una estratagema supuestamente histórica y que ha utilizado, entre otros personajes, Conan el cimmerio. 

Mar ensangrentado y... ¿un crucifijo?


Ahora que echo la vista atrás, veo que el protagonismo de Ragnar se ha diluido un poco y ha convertido a la serie en algo mucho más coral de lo que ya era. Eso es bueno, aunque el carisma del rey Ragnar sigue superando con mucho al de sus compañeros, con la posible excepción de Floki. 

El final de la temporada deja varios frentes abiertos. Quizá los más importantes serán la actitud que pueda tener Rollo en el futuro, qué ocurrirá en Wessex y qué destino espera a Floki en manos de Ragnar. Todo se verá, espero, muy pronto.

Pero, por encima de las escenas de batalla, tan brutales y espectaculares como nos tiene acostumbrados la serie, hay un capítulo que recrea como ninguno hasta ahora el ambiente de las sagas. Se trata del capítulo 2: El vagabundo, en el que un personaje misterioso aparece en Kattegat, un viajero incansable que cuenta historias y seduce mujeres y que parece ser el mismo Odín. Junto a El águila de sangre (capítulo 7 de la T2) y La oración del señor (capítulo 10 de la T2), los que más me han gustado. 

Seguiremos adorando a Odín.


viernes, 12 de septiembre de 2014

Vikingos (T2)

La primera temporada de Vikingos resultó ser un poco decepcionante. No es que fuera mala, no. Pero tampoco era una serie de esas que rompen. Aún y así, no me perdí un capítulo porque el tema nórdico me va.

Todo esto cambia con la segunda temporada. Desde el espectacular comienzo del primer capítulo, con Rollo saltando un muro de escudos para terminar cubierto de sangre y prisionero de su hermano Ragnar, hasta el tremendo final de temporada (que no desvelaremos aquí, salvo error). 


Rollo, tendrá ocasión de enmendar errores pasados

Entre medias, las incursiones en Wessex, donde Athelstan pasará una temporada contra su voluntad (o quizás no tanto contra su voluntad). 

Ragnar tendrá que solucionar no solo sus problemas domésticos, dejando ir a Lagertha y quedándose con la princesa Aslaugh (no pueden ser más distintas, estas dos), sino también las disensiones entre sus seguidores (Floki, Rollo) y las tensiones entre sus aliados (Jarl Borg y el rey Horik). Mientras tanto, tendrá varios hijos (entre ellos, el famoso Ivar Sin Huesos). Y tendrá que recuperar su hogar, conquistado por uno de sus enemigos mientras él se encontraba en Wessex. 


Freneticón invulnerable


Esta segunda temporada tiene un sabor más genuinamente vikingo. Hay una confrontación entre mentes astutas, acostumbradas al subterfugio. Golpes de mano, orgullo, venganzas personales y, a su manera, defender el honor. 

Hay capítulos memorables, intensos... El primero, Guerra de hermanos, sienta las bases de lo que será la temporada y la relación entre varios de los protagonistas; el séptimo, Águila de sangre, tiene un final tremendo, de los que no se olvidan; el décimo, La oración del señor, es el cierre perfecto de la temporada, donde todo toma sentido y las incógnitas planteadas se cierran del mejor modo. Nada es lo que parece en la sociedad vikinga.

He nombrado tres, pero alguno más también podría ser. De hecho, ningún capítulo es prescindible y todos aportan su granito de arena a la trama que se está construyendo.

Sí, esta segunda temporada me ha gustado mucho más. Le doy un ocho esperanzado, mientras ardo en deseos de que comience la tercera. 


¿Y estos qué hacen aquí?