Llevo un retraso tremendo
en la lista de cosas que quiero comentar, así que no me queda más
remedio que agrupar temas que sean similares si quiero llegar al
final de esta experiencia. Para empezar, las segundas temporadas de
cuatro series actuales con suerte desigual.
La rueda del tiempo
continúa su paso firme como adaptación fiel de la inmensa saga de
Robert Jordan y el camino de Rand al´Thor en su aprendizaje como
Dragón Renacido. Sin embargo, me resulta harto complicado saber en
qué libro estamos exactamente. Tengo la impresión de que la serie
está tomando fragmentos de aquí y de allí y creando un combinado
especial para los espectadores.
No se trata de algo malo.
De hecho es algo lógico si lo piensas bien, ya que en los tiempos
que corren no es muy habitual que las series puedan durar más allá
de cinco o seis temporadas, así que no sería fácil adaptar catorce
libros de un tamaño más que respetable.
Esta segunda temporada se
centra menos en Rand y más en sus compañeros, sobre todo en la
relación de Moraine con Lan, después de que la primera perdiera el
contacto con la fuente (sabemos lo que les pasa a las Aes Sedai
cuando eso sucede) y en la situación de Egwene como prisionera de
los seanchan, los invasores de más allá del mar y sus collares de
domar Aes Sedai. Esta parte me parece bien tratada en especial, con
detalles muy interesantes respecto a su estructura social y las
costumbres extrañas que traen consigo.
Mezclamos alta política
en la Torre Blanca y la amenaza velada del Ajah Negro, al final no
tan velada y sí muy negro, con una parte tomada de la cacería de
los héroes y el Cuerno de Valere, grandes efectos especiales para lo
que es una adaptación televisiva y coreografías de combate muy
amenas.
Alvaro Morte sigue siendo
un Logain Ablar al borde de la locura, o quizá no tanto como se
cree. Y el cambio de actor en el personaje de Mat Cauthon da un poco
igual. Ahora solo falta que la tercera temporada confirme las
expectativas y podamos ver en todo su esplendor a los apenas
esbozados aiel y al personaje de Tom Merrilin.
La rueda del tiempo
remonta en su segunda temporada después de una primera que ya no
estaba nada mal y se convierte en una adaptación más que decente
con un 7,2 en imdb.
Lo de ser una adaptación
decente no entra en el vocabulario de Fundación. Su segunda
temporada no hace más que ahondar en el caos y me termina
desesperando. Tanto por los cambios que realiza respecto al material
original como por unas decisiones de doblaje más que discutibles,
porque permitir que Lou Llobell se doble a sí misma en castellano me
ha producido que cada vez que saliera en pantalla me dieran ganas de
apagar la televisión.
De verdad que no entiendo
por qué a veces se toman este tipo de decisiones. Me refiero a
reinventar una historia que es conocida y apreciada por muchos
aficionados, retorcerla y modificarla sin un motivo aparente para
crear algo totalmente nuevo y manifiestamente inferior al punto de
partida. Esto de pagar derechos, que imagino no habrán sido baratos,
por una caja con unos nombres y una estructura de universo, para
luego hacer algo así, no lo veo.
Por eso, la segunda
temporada es aún más frustrante que la primera, porque las
perturbaciones en el hilo de la historia son cada vez de mayor
magnitud. Esa patética Segunda Fundación de fanáticos psicópatas
psíquicos es de chiste, como lo es la recién descubierta relación
de Salvor Hardin y Gaal Dornick.
No me atrevo a guardar
esperanzas con la futura aparición del Mulo, porque lo poco que se
ha podido ver es para echarse las manos a la cabeza.
Y eso que tiene un
brillante 7,6 en imdb, así que pienso que los árboles no me dejan
ver el bosque y, en su caso, apreciar las virtudes que pueda tener,
si tiene alguna.
En cuanto a la segunda
temporada de La casa del dragón, lo primero que se me ocurre
decir es que es injusto compararla de forma continua con Juego de
tronos. A pesar de derivar de ella, no se acerca en cuanto a
calidad de la historia o carisma de personajes.
Lo intenta, eso sí, y a
su manera estamos ante una serie muy recomendable que brillaría aún
más si la serie madre no hubiera existido. Sobre todo porque si hay
una cosa en la que La casa del dragón es superior, es en que
hay muchos más dragones y que están muy bien tratados. Al final, si
en una serie de fantasía hay dragones, todo lo demás queda en un
segundo plano.
No conozco el material
original, así que no puedo decir nada sobre la fidelidad al mismo,
pero me llama la atención de que los personajes que me parecen mejor
tratados son las reinas. Rhaenyra Targaryen y Alicent Hightower dan
mil vueltas a cualquiera de sus contrapartidas masculinas, aunque
estas sean unos malotes de pelo blanco y parche en el ojo. Muchas
veces el hábito no hace al monje.
La serie ha logrado que
empatizara con ambas y sintiera su dolor, ambas madres que han
perdido un hijo y que, seguramente sin desearlo, se ven arrojadas a
una lucha que todavía causarán más dolor y sufrimiento, sobre todo
porque la entrada sin restricciones de los dragones en la guerra es
un curioso paralelismo con el uso de las armas atómicas en nuestros
días.
También el ritmo es
distinto, mucho más lento y más centrado en las luchas políticas
de las cortes, la oficial y la sublevada. Hace falta algún capítulo
de esos que te dejan con la boca abierta pensando que los guionistas
son unos HDLGP por lo que han hecho y cómo lo han hecho. Al
contrario, la temporada me parece plana en ese sentido.
Aprendí a odiar a Ser
Criston Cole, un tanto pánfilo en su maldad, y me produce curiosidad
Lord Larys Strong, una suerte de Varys casi dos siglos antes de
Varys.
Lo que mantiene La casa
del dragón cuando la comparas con Juego de tronos es la
perfecta ambientación que te hace pensar que estamos viendo el
verdadero Westeros.
De momento la serie mejor
valorada de estas tres, tiene un más que bueno 8,3 en imdb. Algo
excesivo, quizá.
Por último, Los
anillos de poder es una serie injustamente maltratada, que mejora
respecto a su primera temporada.
Por fin vemos a Annatar,
el señor de los dones, engañar al noble Celebrimbor para forjar los
anillos de poder. He disfrutado con esos capítulos y escenas, en los
que Sauron fuerza al noble elfo casi hasta el limite de su
resistencia, con el fin de forjar los siete anillos de los enanos.
Ver cómo, sin aparente esfuerzo, el maia es capaz de crear una
realidad alternativa completa, da miedo de lo que puede llegar a
hacer.
El personaje de
Celebrimbor me ha acabado gustando, a pesar de mis reparos
iniciales, sobre todo por su presencia física. No acabo de aceptar
ver elfos de avanzada edad, pero si consigo suspender mis reparos,
acepto que el personaje está bien tratado en su obsesión por la
belleza.
El arco de Durin y su
esposa tiene ciertos altibajos debido a partes que considero poco
apropiadas. No obstante, la magnificencia del reino de Moria y, sobre
todo, la caída en la locura del padre de Durin, empujado por el
anillo, son un buen contrapeso. La escena final del padre de Durin me
sobra, de verdad.
La parte de Númenor no
está mal. Están sentando las bases de La Caída y creo que lo están
haciendo bien, reflejando la lucha intestina entre los nuevos
gobernantes y los fieles. Se masca la tragedia. Solo espero que al
final esté bien tratado.
El arco del extraño y
los protohobbits es el más extraño y el que más conflicto crea con
el canon tolkieniano. Como admirador sin límites del material
original, me plantea muchos problemas aceptarlo, porque en apariencia
nada encaja con todo lo que sabemos. ¿Hay otros magos que no
conocemos? ¿Llegan los istari mucho antes de lo que se sabía a la
Tierra Media? La historia creada por Tolkien es de tal magnitud que
puedo llegar a aceptar que todo vale, que todo cabe, pero me da
mareos. Bueno, sale Tom Bombadil, no como vimos en los libros, pero
reconocible hasta cierto punto.
Otro tema conflictivo es
que Sauron sepa quién tiene los anillos de poder de los elfos. En El
señor de los anillos no parece que lo sepa, pero en esta serie sí.
Para que cada uno le dé la importancia que considere.
Y, si la serie es
injustamente maltratada, pasa lo mismo con Morfydd Clark. Su
Galadriel es distinta a la de Cate Blanchett, pero no me parece tan
distinta a la que leí en El Silmarillion. Si hay alguien que
tendría que ser denostado, es Gil-Galad con su cara de pánfilo. Y,
si me apuras, Elrond, que no termina de cuajar.
Supongo que se debe a
todo ese odio acumulado (creo que ya he dicho que el fan de Tolkien
es uno de los más fanáticos y tóxicos de los que conozco) el que
Los anillos de poder sea la serie peor valorada de las cuatro, con un
pírrico 6,9