sábado, 11 de septiembre de 2021

¿Dónde estabas, hace veinte años?

Veinte años son casi media vida, para algunos. En otros casos es más que eso, en otros algo menos... Pero en cualquier caso es un tiempo ya apreciable para poder ver las cosas en perspectiva.

El 11 de setiembre de 2001 yo estaba bastante nervioso. Tenía un billete en el tren nocturno que me llevaría desde Gijón a Madrid, a la primera entrevista de trabajo en la que hoy es mi empresa. Pensaba comer y echarme una buena siesta, pues nunca había cogido ese tren y no sabía si iba a poder dormir. Además, no cogí compartimento, sino asiento y no estaba seguro de si iba a poder descansar.

Comiendo en la cocina, como siempre, teníamos el telediario en la tele de la salita, como siempre. Allí estaba el gran Matías Prats, hablando con voz de susto. Dejé de comer y me puse a mirar la pantalla: vi en directo, como medio mundo, el impacto del segundo avión y la bola de fuego que lo siguió. 

Aquello no era un accidente, sino algo premeditado. El mundo cambió y no ha vuelto a ser el mismo desde entonces. Recuerdo escuchar la radio en el tren y el debate en tiempo real que estaba decidiendo si se iba a disputar la jornada de Champions League (el 11 de setiembre de 2001 fue martes). 

A los niños de hoy, hay que explicarles lo bonito
que era este skyline



Pocas semanas después, ya habiendo superado una segunda entrevista y el proceso de selección, y mudado a vivir a Madrid, el mundo siguió cambiando. Estados Unidos invadió Afganistán a principios de octubre, el mismo día en que yo estaba pasando el reconocimiento médico. 

Ahora, veinte años después, Estados Unidos y todos los países occidentales aún presentes, han evacuado el país y los talibanes han vuelto a tomar el control y apoderarse del gobierno. 

Veinte años, cientos de muertos occidentales y miles de muertos afganos después, hemos vuelto al punto de partida, pero con China y Rusia habiendo adelantado por la derecha a estadounidenses y europeos, tomando ventaja en una negociación con el gobierno de un país que solo tiene piedras, arena, ganado y algunos de los componentes más raros y necesarios para la economía moderna. 

En la memoria queda un día que cambió por completo a la hora de comer; un viaje en tren más propio del siglo XIX, que incluía una parada de varias horas en Venta de Baños durante la que se desenganchaba nuestra máquina y los vagones (sin electricidad, aire acondicionado o calefacción) esperaban a que llegara el tren de Irún que los recogía y llevaba a Chamartín; un cambio de ropa y afeitado en los baños de la estación y una entrevista de trabajo. 

Aquél viaje fue uno de los más tristes de mi vida, si no el que más. Y aquél martes se grabó para siempre en la memoria. Luego vinieron otras jornadas impactantes, pero el 11-S cambió la faz de la capital del mundo y creo que solo se puede comparar con el 11M, por cercanía.

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