domingo, 25 de enero de 2026

Los amos del aire

 Hace más de veinte años, Steven Spielberg y Tom Hanks nos regalaron la maravillosa Hermanos de sangre, una serie que narra las vicisitudes de la compañía Easy de la 101ª División Aerotransportada que se lanzó en paracaídas tras las líneas alemanas en las horas previas al desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944. Aclamada por crítica y público, todavía hoy disfruta de un excelso 9,4 en imdb.

Unos años después, The Pacific nos llevaba al otro gran teatro de operaciones de la Segunda Guerra Mundial, el frente del Pacífico en el que los norteamericanos se enfrentaron en solitario al Imperio Japonés. Aquella serie me gustó mucho menos que la primera y apenas la seguí. En imdb puntúa con un soberbio 8,3, así que quizá tenga que darle otra oportunidad.

Década y media después, en 2024 pudimos ver Los amos del aire, que me he obligado a ver hasta el final.



En esta ocasión volvemos de nuevo al teatro de operaciones de Europa Occidental, para ser testigos de las misiones que sobre el cielo de la Europa continental y de la propia Alemania realizaron los aviadores norteamericanos a bordo de sus fortalezas volantes. Misiones que consistían, las más de las veces, en alfombrar de bombas el suelo, arrasando todo a su paso para doblegar la cerviz de los jerarcas nazis.

En lo que se refiere al impacto visual, Los amos del aire es espectacular. Los planos en los que las colas de despegue de las fortalezas volantes que se dirigen a la misión, las formaciones sobre las nubes mientras se dirigen al punto de liberación de las bombas, muchas veces atravesando una cortina de fuego antiaéreo, o la llegada de los enjambres de cazas alemanes que buscan derribar el mayor número de aeronaves antes de que se encuentren en posición. Todo ello es atractivo para el espectador.



Sin embargo, esa espectacularidad en lo visual no es suficiente. Los amos del aire falla en lo mismo que falló The Pacific: hacer conectar al espectador con el grupo de protagonistas. Y es que, aunque veremos algunos rostros conocidos de estrellas emergentes (en especial la pareja que se podría considerar protagonista, Callum Turner y Austin Butler), no se llega a conseguir esa conexión. 

Sin esa conexión, lo que podría haber sido una serie de lo más aconsejable se reduce a una sucesión de misiones y peripecias de un grupo de personajes que, sinceramente, te acaban dando igual. Y cuando la serie busca un cambio de tono y se centra en las aventuras de los aviadores derribados en territorio alemán, pierde todavía más enteros porque pierde la espectacularidad de las escenas antes comentadas.


Con esta carita me he quedado yo

Así que sí, me limité a llegar con el piloto automático puesto, algo que viene al pelo para la temática de la que estamos hablando, dejando pasar el minutaje hasta los títulos de crédito de cada capítulo.

No va a ser una serie que recuerde más que lo estrictamente necesario, a pesar de que en imdb puntúa a un más que decente 7,8.



domingo, 18 de enero de 2026

La mejor venganza

Durante la lectura de la trilogía de La primera ley, la cosa fue mejorando poco a poco, con una pendiente continua ascendente, pero siempre con la cosa de que quizá no era para tanto, aunque tuvo picos muy altos, sobre todo relacionados con Logen Nuevededos, el Sabueso y muchos de sus compañeros norteños, más que con el que parecía ser el personaje favorito de muchos, el inquisidor Sand dan Glokta.

Lo siguiente que leí fue La mejor venganza, y ahí ha cambiado toda mi percepción del grimdark de Joe Abercrombie.

Monzcarro Murcatto, Monza, es una condotiera de éxito que acaba de conseguir una victoria definitiva para su patrón, el Gran Duque Orso de Talins, al mando de la compañía mercenaria de las Mil Espadas junto con su hermano. Para su desgracia, su mando militar estaba siendo demasiado brillante y ella se estaba convirtiendo en un personaje demasiado popular para los gustos del Gran Duque, así que Orso decidió deshacerse de los dos hermanos. Para su desgracia, la cosa no salió bien.

Desde entonces asistimos a un maratón de venganza, porque Monza Murcatto jurará vengarse de Orso y todos los culpables de la traición sufrida. Reunirá un grupito de compañeros, como el maestro envenenador Castor Morveer y su ayudante, la antigua agente de la inquisición Shylo Vitari, el mercenario obsesionado con los números Amistoso, el capitán de las Mil Espadas a la que la propia Monza engañó, Nicomo Cosca, y el norteño Caul Escalofríos, que aparece ya en la trilogía de La primera ley, el único personaje que tiene una brújula moral que le hace cuestionarse lo que están haciendo.

El grupo realizará diversas paradas para acabar con los nombres de la lista de Monza en varias ciudades estado de Estiria, empezando Westport, pasando después por la Casa del Placer de Cardotti en Sipani, la ciudad asediada de Visserine, Puranti, Ospria y finalmente de vuelta en Talins.



Además de los personajes principales, el libro está cuajado de secundarios, muchos de ellos sorprendentes: el asesino Shenkt, que parece ser más de lo que dice ser; la devoradora Ishri, enviada por Khalul del Imperio Gurko; el general Ganmark de la Unión, pero hoy al servicio del Gran Duque Orso.

La mejor venganza es un libro crudo y en ocasiones duro de leer, desde el momento en que Monza se recupera con gran dolor de sus heridas para verse marcada de por vida en el rostro y el cuerpo, hasta el punto de tener que llevar un guante para ocultar una mano que es más una garra (guante que jugará un inesperado papel más adelante).

Abercrombie, como es habitual en él, no nos ahorra los detalles cruentos de los pasajes en los que la Serpiente de Talins da rienda suelta a sus deseos de venganza en forma de ajusticiamientos o torturas

El inicio del libro fue un puñetazo en el estómago, de esos que te dejan sin aire y te hacen vomitar. Casi podía notar el dolor de Monzcarro Murcatto, la serpiente de Talins, pero además del dolor físico podía sentir también la incredulidad y el dolor moral ante la traición sufrida.

Porque La mejor venganza es una historia de traición y de venganza, pero además te deja claro que la venganza es siempre agridulce y que en demasiadas ocasiones requiere sacrificios personales demasiado valiosos. Por eso, la evolución tanto de Monza como de Caul Escalofríos resulta ser uno de los puntos fuertes del libro.


Créditos al autor

Ella termina pareciendo hastiada del proceso que la lleva de nuevo a una suerte de tranquilidad interior, una vez que ha cumplido su juramento de venganza, pero no acaba de estar en paz consigo misma porque es consciente de que, por su culpa, Escalofríos a sufrido un proceso inverso que le ha convertido en poco más que una máquina de matar y obedecer órdenes, un frio asesino sin alma que hará todo lo que necesario para lograr sus objetivos, sin importarle si tiene que pasar por encima de vidas inocentes. El contraste con el personaje atento, en ocasiones dulce, e intrínsecamente bueno que empezamos a conocer en La primera ley es brutal.

La mejor venganza me parece mucho mejor libro que cualquiera de los que forman la trilogía de la que viene, mejor que los demás libros autoconclusivos que he podido leer. Y Joe Abercrombie me parece un soberbio escritor que mejora sus prestaciones cuando no tiene varios tomos para desarrollar la historia.

La historia de la venganza de Monzcarro Murcatto, la Serpiente de Talins, no me parece un libro aconsejable. Estamos ante una obra imprescindible de la fantasía moderna, a años luz de Sanderson.


domingo, 4 de enero de 2026

Shogun

Uno de mis recuerdos de infancia es de un samurai que prueba una katana cortando la cabeza de un desgraciado campesino que pasaba por allí. Era la adaptacion de Shogun de los años ochenta, con Richard Chamberlain en el papel de John Blackthorne, el pirata inglés que se ve arrojado a las costas de Japón en el siglo XVII.

Poco más pude ver, porque mis padres me enviaron a la cama con pasmosa rapidez una vez que la sangre salía a chorros del cuerpo decapitado.



Aquella adaptación, de 1980, contaba también con el gran actor japonés Toshiro Mifune, John Rhys-Davies y Orson Welles como narrador. Fue un pelotazo en aquellos tiempos, por lo menos en España, arrastrada por el magnetismo que tenía Richard Chamberlain entre el público, sobre todo femenino. Eran los tiempos de El pájaro espino, que se estrenó en España en 1985 y le convirtió ya en todo un icono de la televisión.

En eso sale perdiendo la adaptación de 2024, con un tal Cosmo Jarvis que no sé muy bien de dónde sale y que acaba siendo lo peor de la serie. Tampoco es que Chamberlain fuera un excecpcional actor, pero por carisma le ganaban más bien pocos.



Me he ido totalmente por las ramas, antes siquiera de saber de qué va la cosa: la adaptación de una novela de James Clavell que creo tuvo un éxito moderado. En ella, se narra la llegada de un barco inglés a las costas del Japón del shogunato, en el siglo XVII. El único superviviente será el piloto James Blackthorne, al que el señor Toranaga perdona la vida a cambio de que le enseñe los rudimentos de la guerra en Occidente.

En aquellas fechas, Japón estaba extremandamente aislado de lo que sucedía en el resto del mundo, mitad por voluntad propia y mitad por la dificultad en llegar hasta allí por parte de las potencias europeas. No obstante, españoles y portugueses tenían una cierta influencia y habia una incipiente colonia cristiana católica en las islas (que tuvo las patas muy cortas cuando los líderes políticos japoneses se dieron cuenta de que perdían el control de la población y reaccionaron persiguiendo a los creyentes). Más tarde llegarían ingleses y, sobre todo, holandeses, pero ya la sociedad nipona había vuelto a cerrarse sobre sí misma.

Me vuelvo a ir por las ramas...


La misma cara, siempre... 

Blackthorne es puesto bajo custodia y acompañado por la dama Toda Mariko, que hacía las veces de huésped y traductor en las reuniones que mantiene con el señor Toranaga. Se ve envuelto además en las conspiraciones de la corte y las que los europeos traen con ellos, encabezadas por los miembros de la iglesia católica que ven en Blackthorne una amenaza a su monopolio de la verdad (en la serie se cargan las tintas sobre esto, quizá en exceso por tratarse de una visión protestante de la historia).

El espectador es testigo, a través de los ojos del piloto, de los vericuetos de la sociedad japonesa del momento, tan distinta a la europea para lo bueno y para lo malo. Abierta como pocas para algunos temas y también cerrada, muy cerrada y jerárquica, para otros. Sofisticada y amante de las artes y las letras, pero al mismo tiempo salvaje como sociedad guerrera. 



En esta versión, además, nos vemos en la misma situación que el protagonista, puesto que todas las conversaciones en las que no participa o es meramente testigo, se tratan en japonés y a medida que Blackthorne se supone que aprende el idioma, estas conversaciones ya se tratan en castellano.

Esta circunstancia supone un esfuerzo para el espectador. Hay que estar atento a la pantalla y a los subtítulos, porque de otra forma se pierden las sutilezas de la jerarquía en la sociedad japonesa, los matices de las relaciones sociales y los entresijos de los planes de engaño en el que los grandes señores viven de forma cotidiana.


El mejor personaje


La inmersión es total y la experiencia de lo más gratificante. Shogun es, a pesar de su protagonista, una de las series más importantes de 2024 y está por ver qué se va a hacer con su continuación.

En cuanto al resto del reparto se refiere, destacar a Hiroyuki Sanada, que encarna a un tremendo serñor Toranaga, y a Tadanobu Asano, un no menos tremendo Yabushige que se convierte en uno de los mejores personajes de toda la serie. Por supuesto, Anna Sawai como Toda Mariko está espectacular.

Con un soberbio 8,6, estamos ante una de las series mejor valoradas de imdb. Quizá se haya sobrevalorado un poco, pero se disfruta como pocas.