Compradores de tiempo es una novela de ciencia ficción de Joe Haldeman (también escritor de La guerra interminable que ya reseñé por aquí).
Retrata una sociedad que yo calificaría de distópica, en un futuro cercano en el que la Humanidad se ha dividido en dos partes irreconciliables: los normales, gente como tú y como yo, y los inmortales. Estos últimos se aprovechan de una nueva tecnología que permite detener el envejecimiento y vivir, en apariencia, de forma indefinida. El problema es que los efectos de cada intervención duran diez años.
Como en toda sociedad distópica, estos inmortales se convierten en la élite social, envidiados por todos los demás que no pueden acceder al proceso. Para poder convertirse en inmortal, el candidato debe disponer de al menos un millón de dólares (o libras, no recuerdo bien). El motivo es que no quieren que esa posibilidad esté al alcance de todo el mundo porque, si se democratiza la diferencia, esta se convierte de forma automática en normalidad.
Las reglas autoimpuestas de ese grupo de inmortales son claras: solo puedes acceder si tienes el millón de dólares, pero en cualquier caso el candidato debe ceder la totalidad de su fortuna. Debe empezar ese período de diez años que ha comprado totalmente de cero y comienza una carrera para conseguir acumular de nuevo el millón necesario para un nuevo proceso.
Por supuesto, hay controles, auditorías e investigaciones para evitar la picaresca de esconder en alguna parte activos o moneda con la que empezar el nuevo ciclo.
La narración de Haldeman es ágil, la sociedad retratada resulta verosímil y además el autor presenta esa sociedad en medio de una historia de novela negra, de investigación, que resulta atractiva para el lector.
No diré que es una obra cumbre de la ciencia ficción, pero sí que es un trabajo más que digno y recomendable para leer, porque tampoco estamos ante un tocho infumable.
Durante la lectura no pude dejar de pensar en la película In time, con un tema parecido (la búsqueda de la inmortalidad o la supervivencia), tratado de una forma distinta.
Herederos del tiempo es una novela de Adrian Tchaikovsky que narra una historia que transcurre en varios períodos de tiempo.
Comienza con una Tierra en colapso que obliga a la Humanidad a buscar un nuevo hogar. Una nave se acerca a un planeta hostil para los seres humanos y propaga un nanovirus que permitirá desarrollar la inteligencia de unos simios que serán trasplantados desde la nave al planeta. La idea es volver a visitar ese planeta cientos o miles años después y tomar contacto con la civilización que esos simios hayan desarrollado.
El problema es que la cápsula en la que se trasplanta a los simios se quema al entrar en la atmósfera del planeta y el nanovirus infecta todo ser vivo del planeta, arraigando con más fuerza en una especie de arañas que se desarrolla a una velocidad vertiginosa y desarrolla una sociedad matriarcal y belicista adaptada a su biología arácnida.
El imperio de las arañas conquista casi todo el planeta hasta que, muchos años más tarde, llegan los tripulantes de una nave generacional que abandonó la Tierra después de una guerra civil planetaria.
A partir de ahí se trata el choque de dos civilizaciones tan distintas que la situación deriva rápidamente en una guerra con un resultado sorprendente: los humanos y las arañas acabarán formando una sociedad única, con los humanos modificados para parecerse a las arañas, no en apariencia, sino desarrollando una especie de memoria genética que guarda los conocimientos de generaciones anteriores.
Si bien es cierto que el tema resulta interesante, no disfruté de su lectura porque odio a las arañas. Me dan un repelús tremendo y las secciones en que eran las protagonistas me eran sumamente desagradables.
Por otra parte, las motivaciones de los seres humanos y los personajes protagonistas no me parecían con la suficiente capacidad de enganche, por lo que para mí el libro no deja de ser una curiosidad interesante, reconociendo su mérito, su trayectoria y premios recibidos.
El zoo de papel es un libro de relatos de Ken Liu. Es el primer libro que leo de este autor y me ha llamado muchísimo la atención cómo mezcla la ciencia ficción con las tradiciones chinas de fantasía y magia.
Se trata de una colección de quince relatos de lo más variopinto, algunos deliciosamente mágicos y otros menos logrados. Me limitaré a citar los que más me gustaron, aunque casi todos los demás son muy recomendables por su originalidad.
En Cambio de estado el alma de las personas habita en objetos inanimados, desde el cubito de hielo de la protagonista hasta la cajetilla de tabaco de su amiga. Juega con el factor sorpresa de lo que sucede cuando el objeto cambia de estado (el hielo se funde). Muy original.
Buena caza bebe de la mitología china y los espíritus animales que pueden tomar forma de personas. El hijo de un cazador de estas criaturas traba amistad con la cría de una de ellas. A lo largo de los años, en los que el muchacho se convierte en un afamado constructor de máquinas y mecanismos, la chica zorro va perdiendo su capacidad mágica, pero al final la recuperará de otra forma muy distinta. Un capítulo de la T1 de Love, death and robots adapta este cuento de una forma muy fiel.
El literomante es la historia de la amistad de una chica taiwanesa, hija mestiza de un funcionario de la embajada de Estados Unidos, con un anciano que puede leer el futuro en la caligrafía china. Por desgracia, la historia no terminará bien y te deja una sensación muy amarga.
El zoo de papel cuenta la historia de una mujer china que se casa con un norteamericano. Él la ha elegido en un catálogo y, aunque ella ha mentido, él se enamora y se la lleva a Estados Unidos. Tienen un hijo y la madre hace animales de origami que cobran vida y son los compañeros del niño durante muchos años. El chaval pasa una mala adolescencia, se avergüenza de su madre y la abandona, solo para caer en la cuenta de lo cruel que ha sido cuando lee una carta que ella le deja en su lecho de muerte. Otro cuento muy amargo, pero fascinante.
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