domingo, 15 de septiembre de 2019

Penny Dreadful

Tres temporadas y veintisiete episodios tiene en total Penny Dreadful. Una suerte de Liga de hombres extraordinarios, mucho más oscura y con una protagonista femenina indudable. 

Personajes como Sir Malcolm Murray (Timothy Dalton), Ethan Chandler (Josh Hartnett), Victor Frankenstein, John Clare (la criatura del anterior), Dorian Grey, el señor Lyle... todos girando en torno a Miss Vanessa Ives (Eva Green). 




Ambientada en los últimos años del siglo XIX, en el Londres victoriano, en Penny Dreadful se dan cita todos los mitos del terror clásico: vampiros, brujas, el mismísimo Drácula, hombres lobo, vudú, magia negra y magia blanca. Cada uno de ellos tendrá su lugar en los capítulos que conforman el metraje. 

En la primera temporada, el objetivo de los protagonistas es rescatar a la hija de sir Malcolm, amiga de Mina Harker y que ha desaparecido secuestrada por alguien... o algo. 

La segunda temporada se centra en la confrontación con un círculo de brujas que pretende atar a Vanessa Ives con el mismo Diablo. 



La tercera y última temporada, con el grupo separado geográficamente tras el climax de la temporada anterior, es la lucha por rescatar a Miss Ives del influjo del malvado Drácula. 

Tres temporadas de terror y fantasía a raudales, con varias historias secundarias, como la de la criatura y su búsqueda de la felicidad o la del trío antagónico de Victor Frankenstein contra Dorian Gray y Lily. 

La trama principal de cada temporada me gustó mucho o bastante. Personajes como el del doctor Lyle son todo un descubrimiento. Pero las tramas secundarias flojean y pierden interés. A veces se me hacía muy cuesta arriba seguir el capítulo entero y las apariciones de Frankenstein, Gray o Lily me hacían cuestionarme si dejarlo... En cuanto a la trama principal, me llegó a cansar que todo estuviera girando en torno a Miss Ives, no por malo sino por repetitivo.

Pero llegué al final de la serie, quizá demasiado abrupto. Supongo que no tuvo el éxito que la cadena Showtime pretendía y se canceló al final de la tercera temporada. Ahora es una serie de culto y parece que va a tener una continuación, City of Angels, ambientada varios años después.  


El centro de todo, Vanessa Ives


Penny Dreadful me parece, sobre todo, una serie de ambientación y actores. Ambientación porque está realmente conseguida la recreación de la época. Actores porque casi todos están a gran nivel, tanto los habituales como los menos habituales. Me ha gustado especialmente mi redescubrimiento de Timothy Dalton, mucho más que un James Bond de medio pelo. 

Tuve la suerte de poder ver la T1 en version original. He de decir que gana mucho respecto al doblaje en castellano.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Cita con Rama

Arthur C. Clarke es uno de los autores clásicos de la ciencia ficción. Y dentro de su producción, Cita con Rama es una de sus obras clásicas, publicada en 1972.

Resulta ser una historia de contacto con civilización extraterrestre escrita desde un punto de vista hard, ayudada por la tremenda formación científica del señor Clarke. 

La historia comienza con la detección de un objeto en trayectoria de aproximación al Sol que llevará a una cercanía a la Tierra bastante sugerente. Pero poco después se descubre que el objeto es manifiestamente artificial: un cilindro metálico de grandes dimensiones que vaga por el espacio. 



Así que se decide enviar una nave exploratoria para determinar la verdadera naturaleza e intenciones de quien quiera que fuese que haya enviado la sonda. 

Aquí es donde encuentro bastantes similitudes con Mundo Anillo, de Larry Niven. No respecto a la historia en sí (secundaria en caso de Clarke, prácticamente inexistente en el caso de Niven), sino a la forma de describir los artefactos, un anillo y un cilindro. En ambos casos, las descripciones son brillantes, muy brillantes. 

Como hemos dicho, Rama es un cilindro de gran tamaño, liso por su parte exterior pero lleno de protuberancias y depresiones en su parte interior, girando sobre su eje longitudinal para conseguir una gravedad artificial. Su tamaño es tan grande que permite tener diversidad de climas en su interior, bruma, lluvia, etc. Rama es un objeto artificial dificilmente imaginable en

Aparentemente dormido, los sistemas del Rama se activan, en todo o en parte, cuando detectan actividad en su interior. En algunos momentos, la vida de los exploradores corre peligro, por la diferencia de escala entre ellos y lo que son los ramanos. 

Rama. Vista interior


El libro se reduce a la exploración del cilindro. Los factores de tensión de la historia son el poco tiempo disponible para que el equipo pase en la sonda, puesto que la trayectoria de Rama se acerca al Sol para aprovechar el tirón gravitatorio, y la incertidumbre respecto a la naturaleza e intenciones de los ramanos. 

Estos últimos brillan por su ausencia. Los exploradores no se encuentran con ningún ser vivo, pero sí con cierto número de máquinas autorreplicantes que mantienen en funcionamiento el ecosistema. Esto encaja con la teoría de las máquinas de Von Neumann como pasajeros de naves de exploración espacial: máquinas que pueden replicarse a sí mismas y fabricar otras máquinas una vez llegado a destino y preparar la llegada de los colonos biológicos. 

El autor

Cita con Rama es una novela que se lee con agrado y que brilla sobre todo en la descripción del cilindro. Su punto débil es la historia. Vamos, más o menos al revés de lo que pasa en una ópera espacial de esas que hacen pasar muy buenos ratos. Decidir entre un estilo u otro ya es cosa de gustos personales. Yo encuentro tan apreciable uno como otro, aunque también es verdad que si la historia no funciona, el conjunto se puede derrumbar por muy brillante o novedosa que sea la descripción.

sábado, 31 de agosto de 2019

Campeones

Hoy comienza el Mundobasket de China y comento una película de baloncesto, bastante atípica. Lo primero, porque es española, dirigida por Javier Fesser. Lo segundo, porque el baloncesto es la excusa para contar una historia de superación e integración. 

Un entrenador de élite, en particular del Estudiantes de Liga Endesa, tiene ciertos problemas personales que, unidos a su carácter van a hacer que esos problemas repercutan en su vida profesional. Cuando además debe visitar los juzgados y la juez le condena a unos meses de trabajo social, no podía imaginar que su vida iba a cambiar para siempre. 



De trabajar con jugadores profesionales a ser responsable de un equipo de discapacitados que no son capaces de jugar sin botarse el balón en el pie. Tras unos meses de tratamiento mutuo, consigue llevarlos a la final del campeonato. 

Visto así es un argumento que hemos visitado ya en multitud de ocasiones. Un argumento que está lejos de ser original, pero que tiene los ingredientes para enganchar al espectador delante de la pantalla. Será porque a ese espectador le gustan las historias que acaban bien y que, en cierto modo, sirven para reconciliarse con el género humano. 

Pero hay muchas, demasiadas películas que abusan de lo mismo. En ese contexto, Campeones resulta ser una más, porque fuera de eso no hay gran cosa que la diferencie de las demás. 



Bueno, sí. Lo mejor de Campeones, lo que la diferencia de las demás, no fue su metraje. Fue, con diferencia, el discurso que realizó Jesús Vidal para agradecer su Goya como actor revelación en la gala de los premios de 2019. 

El discurso de Jesús Vidal debería ser visionado por todos: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Es difícil decir más cosas o más verdades en apenas cinco minutos. 

Y como el baloncesto en Campeones resulta ser una excusa para hablar de otras cosas, a mí Campeones me ha servido como excusa para hablar del discurso de Jesús Vidal. Este hombre ha sido todo un descubrimiento, pero mucho más como persona que como actor.




domingo, 25 de agosto de 2019

Quintaesencia

Mi compañero y buen amigo Antonio, natural de Borja y residente en Zaragoza, es un gran aficionado a la ciencia ficción y no le hace ascos ni a la nacional ni a la foránea. Tanto es así que incluso sigue este blog.

Hace dos o tres meses que paseaba por su ciudad y dio con un puesto en el que un autor estaba pendiente de potenciales compradores para su obra. Como Antonio es un zalamero, entabló conversación y compró el libro. 

Días después, durante una de nuestras conversaciones, me contó el episodio y no dudé sobre cuál era el nombre del autor: Pedro Moscatel. El libro era Quintaesencia

Conozco a Pedro desde hace años, pero solo de forma virtual: por sus publicaciones en su blog, que ahora tiene un poco abandonado, y por los comentarios que nos cruzamos. No obstante, a pesar de la diferencia de edad (él es insultantemente joven y yo soy un viejoven fofisano), siempre ha habido una afinidad que viene de compartir afición por la lectura y la escritura. 

He de reconocer que a mí me corroe la envidia. A sus (pocos) años ha conseguido lo que yo sueño: publicar una nada desdeñable cantidad de relatos y novelas. Podéis visitar su blog en el enlace que encontraréis a la columna de la derecha. 

Quintaesencia es un relato del lejano futuro del Universo, abrazando la hipótesis de que está destinado a expandirse de forma infinita y cada vez más rápida, para morir en la oscuridad y el frío más absoluto. 



En esos últimos estertores, Palius Mantel, jinete de materia, atraca en La Estación, una gigantesca nave semilla que desde hace miles de años vaga por el vacío interestelar en busca de un nuevo mundo para dejar su preciada carga: seres humanos. 

Cuando Mantel llega a La Estación, ésta no es más que un pálido reflejo de lo que fue en su plenitud, con grandes áreas cerradas debido a la falta de población y, lo que es más crítico, de energía. Con él seremos testigos de los últimos años, hasta que finalmente abandona la nave en compañía de su último capitán, Myke Terroma, destruyendo La Estación en el proceso. 

El destino, si no otra cosa, llevará a ambos a contactar con una civilización de constructos (factos los denomina el autor), indistinguibles de nosotros, que llevan también incontables eras esperando a aquel que devolverá el orden al Universo. 

Porque Pedro Moscatel, además de trufar su libro de conceptos físicos que dan consistencia a su historia, añade además algún concepto más filosófico o religioso, como la creencia de los factos en un ser superior, o el mismo concepto de la quintaesencia que es la culpable de la expansión del universo. 

Lo sorprendente es que esa quintaesencia, o más bien su constante universal, pueden ser modificados por medios humanos para revertir el proceso de expansión infinita y recomprimir el Universo al tamaño que tenía antes de iniciar su expansión, estabilizándolo y permitiendo la supervivencia de la especie humana. Pero, como suele suceder en estos temas trascendentes, algo saldrá mal y la infinita expansión se convertirá en una infinita compresión hasta un punto de densidad infinita.... 

No cuento más, porque Quintaesencia es mejor leerlo. Y se lee bien, aunque a veces hay que meditar sobre lo que lees para entenderlo por completo, de dónde vienes y a dónde vas. Así hasta el final, en el que las piezas encajan como en un puzle temporal. 

Recomendable 

miércoles, 14 de agosto de 2019

Sangre, sudor y paz

Ya sabemos que es necesario conocer la historia para tratar de no repetirla. Y aún así resulta difícil no caer en los mismos errores del pasado. 

En España hubo una guerra que duró cincuenta años. Una guerra desigual, porque el relato lo ponían unos, y los muertos, otros. Hasta que Francia se dio cuenta de que no podía dar más soporte a una banda de asesinos. Hasta que el asesinato de Miguel Ángel Blanco marcó un punto de inflexión y el pueblo, ese ente abstracto del que muchos se apropian hoy en día, dijo basta. 



A partir de ahí, tras la desaparición del mártir, ese monstruo que era ETA se desinfló hasta desaparecer con más pena que gloria. Sin duda, con mucha más pena y mucha menos gloria que sus pistoleros y dirigentes hubiesen deseado. 

Durante esos cincuenta años, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se empeñaron en combatir con todos los medios legales a su alcance (y quizá otros medios no tan legales) a los terroristas mientras que, como en todas las guerras, los políticos iban a la suya, más o menos. 

Y los muertos iban alfombrando las calles de verde y rojo. 

Porque quizá ha sido la Guardia Civil la que fue golpeada con más dureza, siempre buscando una reacción represiva desproporcionada del Estado que les permitiera ganar definitivamente el relato internacional y verse como honorables gudaris que mataban por defender al pueblo. Al suyo, se entiende. 



Sangre, sudor y paz es un homenaje a la Guardia Civil que, incansable, devolvía golpe por golpe. Tímidamente al principio, con mayor contundencia a medida que iba aprendiendo de sus errroes y del modus operandi de sus adversarios, así como de la progresiva falta de nivel intelectual y estratégico de los dirigentes etarras que sustituían a los que iban cayendo. 

Lorenzo Silva, Manuel Sánchez y Gonzalo Araluce escriben un mosaico de hechos, derrotas y victorias, alimentadas por los testimonios de los supervivientes y de agentes que jugaron un papel más o menos destacado en los diferentes operativos. 

Nunca más

Confieso que lo he leído con interés y con emoción. Una emoción que se transformó en lágrimas al leer lo ocurrido en la casa cuartel de Vic y, sobre todo, el atentado brutal a la casa cuartel de Zaragoza, leyendo el testimonio de padres que aún hoy, más de treinta años después, viven desgarrados por la pérdida de hijos e hijas inocentes, en algunos casos de muy corta edad. 

Por eso no debemos olvidar. Porque si olvidamos, corremos el riesgo de que todo ese sacrificio no haya servido para nada y que, dentro de poco, a la hidra derrotada le crezcan no una, sino dos cabezas venenosas. 

Nunca, nunca más


Sangre, sudor y paz es un libro que todo hombre y mujer de bien debería leer.