sábado, 7 de agosto de 2010

Vueltas sin brillo

El otro día estuve meditando sobre algunos de los grandes mitos del deporte, en concreto tres. Tienen en común un ansia voraz de títulos y que no supieron asimilar que toda época tiene un final. Después de hacer Historia en sus respectivas disciplinas, después de haber grabado a fuego sus nombres, con filigranas de oro, en el corazón de millones de seguidores, después de años de retiro dorado, decidieron volver. El resultado es que enfangaron en cierta medida su legado, dejaron un baldón en su otrora impoluto nombre.

Veamos caso por caso...

El primero es Michael Jordan. Para muchos, el mejor jugador de baloncesto de todos los tiempos; no sé si tanto, pero es uno de los tres mejores. Su palmarés es espectacular: 10 veces máximo anotador de la NBA, 5 veces mejor jugador, 6 veces mejor jugador de las Finales, 6 títulos de la NBA, dos oros olímpicos... Tras un primer trienio glorioso con los Chicago Bulls, en los que ganó tres campeonatos, se retiró en el año 93 con aún 30 años. El asesinato de su padre y una cierta desgana tras arrasar continuamente, le hicieron probar suerte en el béisbol. Volvió en el año 95 para ganar otros tres títulos en el 96, 97 y 98, retirándose de nuevo con la sensación de poder dominar al menos un par de años más y dejando para la memoria la última jugada de las finales del 98. Un broche dorado a una trayectoria sin igual. Tras insistentes rumores sobre su vuelta, reapareción en 2001 con la camiseta de los Washington Wizards y con 38 añitos a sus espaldas. Aunque su rendimiento fue espectacular considerando la edad, fue incapaz de llegar a los play-offs y dejón una cierta sensación agridulce, aunque fuera uno de los pocos jugadores en anotar 40 o más puntos con 40 años o más.

Por orden cronológico, el sisguiente es Lance Armstrong. Ejemplo de superación personal al curarse de un cancer testicular con metástasis en cerebro y pulmones, y volver al máximo nivel, hoy en día es un símbolo de la lucha contra el cáncer y sus pulseras amarillas se venden por millones. Ganador de 7 Tour de Francia consecutivos, ostenta el récord tanto de victorias como de victorias seguidas. Además ha vencido en 23 etapas de la ronda gala. En 2009 volvió a la competición quedando tercero, pero creando también una agria polémica con su compañero de equipo y posterior campeón Alberto Contador. Demostró que no estaba preparado para ser el segundo de a bordo y dividió al equipo. En 2010 desapareció de los primeros lugares de la clasificación, marcando su ocaso para siempre. Su caso es peliagudo pues tras su vuelta se han disparado las declaraciones y acusaciones de dopaje, algunas realizadas por antiguos compañeros de equipo. Sean o no ciertas, su nombre ha quedado manchado. Si se demostrara alguna de ellas, su legado se perdería para siempre.

Finalmente tenemos a Michael Schumacher. Campeón de F1 siete veces, dos con Benetton y cinco con Ferrari, 91 victorias en grandes premios, 154 podios, 68 poles y 76 vueltas rápidasse retiró en 2006 tras ser derrotado por Fernando Alonso. A partir de entonces, asesor de Ferrari. Hasta que este año 2010 descuelga el casco y corre con Mercedes. Una catástrofe, pues se ve superado continuamente por su compañero de equipo Nico Rosberg, y se ve envuelto en grandes polémicas. La más gorda de ellas en el último GP de Hungría, en el que maniobra con alevosía empujando a su antiguo compañero Rubens Barrichello haciendo que casi choque contra el muro. Además de ser el piloto más laureado, es quizá el mas polémico: provocando accidentes para salir beneficiado y ganar el campeonato, maniobras discutibles durante carrera... Su vuelta ha hecho que el admirado Káiser esté luchando por conseguir puntuar de vez en cuando (esto no es culpa suya, el coche no da para más). Apagado el brillo sólo queda lo sucio, como la maniobra a Barrichello.

¿Qué pasa por la cabeza de estos campeones para arriesgarse así a perder su prestigio? Tienen fama y dinero, mucho dinero. Pero quizá tengan también una ambición sin igual. Supongo que sin ella no se puede llegar a ciertas cotas. Si no se es egoísta, es difícil destacar. Y estos tres van sobrados. Pero también hay que saber adaptarse a una nueva vida, afrontar nuevos retos, y no caer en la tentación de tratar de ser el de antes porque el tiempo pasa. Otros campeones llegan mientras los antiguos se van. Pero la gloria es eterna.

domingo, 1 de agosto de 2010

Sherlock Holmes, la película

Ha sido una agradable sorpresa. Tras ver duras críticas afirmando que no reflejaba ni mucho menos el espíritu del personaje, he de decir que me ha gustado.

Dirigida por Guy Ritchie, la película es vertiginosa desde el primer minuto hasta los títulos de crédito. Acción y humor se mezclan en una más que decentemente reconstruida época victoriana en el Londres de finales del XIX. En este punto, la recreación, los efectos visuales brillan con méritos propios, permitiendo gozar de magníficas vistas hasta el horizonte de la City.


Robert Downey Jr. y Jude Law están bien en sus papeles, Holmes y Watson respectivamente. El personaje de Holmes es, finalmente, bastante parecido al original: arrogante, ácido, un poquito asocial, misógino, un genio que necesita mantener la mente ocupada en extravagantes experimentos cuando no se encuentra dedicado a una investigación. En este momento es interesante el punto de vista de Watson, reflejando lo difícil que resulta convivir con él. Lo que no vi fueron señales de la adicción a la cocaína que Holmes, como muchos otras personas del XIX, sufría cuando la droga era considerada la panacea y era consumida libremente por los pacientes y recomendada por los médicos; supongo que se debe al afán políticamente correcto de la opinión pública actual.

En cuanto a Watson, no le va mal el aire dandy de Jude Law. Quizá resulta un poco demasiado joven, pero quizá también esto se deba a la imagen clásica que del personaje tenemos. Fiel acompañante de Holmes y, aquí más que nunca, una necesaria ancla a la realidad. ¿Qué sería de Holmes si Watson le abandonara? Probablemente se perdería en un abismo sin fondo.

¿Por qué tan malas críticas, entonces? Puede que porque, además de su cerebro, Holmes emplea su cuerpo y no en pequeñas dosis. Las peleas se suceden a un ritmo trepidante y el despliegue físico es impresionante. El resultado no está mal si uno está abierto a nuevas perspectivas. Me ha gustado el recurso utilizado de ver primero la estrategia en la pelea con una explicación del procedimiento y el resultado que se espera conseguir (pérdida de consciencia, costillas fisuradas, mandíbula desencajada) y luego ver cómo Holmes aplica esa misma estrategia a una velocidad de vértigo, para deshacerse de su rival.

El misterio, el núcleo de la peli, tampoco está mal llevado aunque no resulte demasiado original: un villano vuelve de la muerte para destruir el mundo; intriga a distintos niveles, llegando incluso al Gobierno de Inglaterra, por aquél entonces la primera potencia mundial.

¿Qué no me gustó? Irene Adler, por supuesto. ¿Tensión romántica en una película de Holmes? Pero claro, si queremos un blockbuster no hay otra forma que meter acción y romance. Es el peaje que en ocasiones hay que pagar para que se hagan películas que de otro modo quizá no serían financiadas o, al menos, no a este nivel.

Lo que me pareció fantástico fue el final, con la explicación de rigor de Holmes. No se había engañado al espectador. Todo estaba ahí, lo habíamos visto todo. No había ninguna información que tuvieran los protagonistas y no los espectadores. No era necesario ningún añadido, sino que repasando los planos clave y resaltando lo importante con un buen juego de luces, vemos lo evidente. Este recurso tan honesto me parece que es de agradecer.

Tampoco están nada mal la aparición del misterioso Moriarty. De una importancia tangencial en el argumento, su carisma como villano habla por sí mismo.

En resumen, a pesar de alguna que otra extravagancia, Sherlock Holmes es una buena película que ayuda a pasar el rato. Una peli de aventuras de las de antes, con los medios de hoy. De 0 a 10, se lleva un 8, con un par. En cualquier caso, resulta mucho mejor que El Código Da Vinci, basada en el libro homónimo de cierto autorcillo...

domingo, 25 de julio de 2010

Las aventuras de Solomon Kane

He terminado la colección de relatos de Robert E. Howard agrupadas con el título Las aventuras de Solomon Kane.

Contemporáneo de nuestro amigo Lovecraft, Howard fue un autor bastante prolífico de cuentos que hoy denominaríamos Espada y Brujería. Las páginas de Weird Tales fueron caldo de cultivo para sus historias, en las que aparecen personajes como Conan (probablemente el más conocido), Solomon Kane, Kull o Bran Mak Morn. Su prematura muerte nos impidió ser testigos de su evolución como escritor y el desarrollo de sus personajes.

Esta colección de relatos es lo único que he leído de Howard aparte de los relatos de Conan agrupados en novelas y publicados hace algunos años por la editorial Martínez Roca. Y he de decir que me ha sorprendido agradablemente. Su prosa es mucho más legible que la de Lovecraft y sus historias soportan mejor el paso del tiempo. Se percibe también un cierto trabajo en fabricar una historia alternativa, con referencias a la Atlántida (cómo no, si Kull fue rey allá) y una evolución de la raza humana actual a partir de los restos dejados por el cataclismo que acabó con la civilización atlante.

El volumen se divide en varios cuentos, desde aquellos de muy corta extensión hasta otros algo más largos (pero no más de 30-35 páginas) que incluso inician una serie. El hilo conductor es Solomon Kane, un puritano inglés del siglo XVI con un peculiar sentido del honor, armado con dos pistolas, daga, estoque y una férrea moral, alto, pálido y fuerte, que sale victorioso de sus retos y es testigo de algunos sucesos sobrenaturales.

Encontramos algunos relatos de temáticas que tributan a autores anteriores como Poe, en las que la venganza se lleva a cabo incluso después de la muerte: Cráneos en las estrellas, La mano derecha de la maldición, Resonar de huesos. En otros, Solomon Kane es el vengador implacable: Aceros de la Hermandad, Sombras rojas, en el que persigue a un asesino durante años, llegando a África. Así se inicia una serie en la que, en el continente negro, Solomon se enfrenta a vampiros y gárgolas: Luna de calaveras, Las colinas de los muertos, Alas en la noche o Las pisadas interiores.

Solomon Kane representa la cúspide de la piramide evolutiva humana: varón, caucásico, anglosajón y protestante. Es el paradigma del hombre civilizado que, por mera fuerza de voluntad, vence invariablemente a sus adversarios. Podemos además imaginar el resto de la escala: inmediatamente por debajo el resto de los europeos de origen germánico; bajo ellos, los latinos y católicos; encontramos a los musulmanes inmediatamente por encima de los negros. Éstos ocupan la base de esa imaginaria pirámide. Las descripciones a lo largo de los cuentos son repetitivas: rostros bestiales, ojos encendidos por la locura, poco entendimiento para evitar ser siempre superados por el astuto occidental, supersticiosos, narices chatas, labios rojos, comparaciones con gorilas o primates... En ocasiones parecen poco más que subhumanos. Incluso aquellos que salen algo mejor parados son poco comparado con el hombre blanco. Aunque algunos, como el hombre-juju N´Longa, sea capaz de proezas mágicas increíbles, no pasan de ser salvajes sin civilizar.

Sí, en estos cuentos hay un cierto tufo racista del que desconozco su procedencia: puede ser que el autor comulgara con estas ideas, o que únicamente estuviera dando al público lo que éste demandaba. Parece además que esta orientación era algo común en la literatura popular, pulp, de la época. Ya he hablado aquí de las sospechosas ideas que mantenía Lovecraft, ideólogo de un grupo de seguidores que quizá estuviera fuertemente influenciado por su líder.

Si podemos extraer esto de la ecuación, sólo resta decir que los relatos son de un nivel medio-alto, de lectura ágil e interesantes argumentos. La colección es una buena elección para un fin de semana de descanso porque la extensión de los cuentos hace que sea cómodo leerlos y reposar un poco entre uno y otro.

Como nota, podría dársele un 7, con algunos cuentos incluso por encima.  Infinitamente más que lo que Dan Brown puede siquiera soñar.

domingo, 18 de julio de 2010

Pentalogía del Clérigo

He terminado en los últimos días el quinto libro de la Pentalogía del Clérigo, que viene a confirmar los defectos de los que hablaba hace poco en lo que a franquicias se trata.

Escrita por R.A.Salvatore, basada en los Reinos Olvidados y editada por TIMUN MAS, escribe la historia de Cadderly, Danica, los hermanos Rebolludo y otros PJs (perdón, quise decir personajes) en su lucha contra La Tríada, una organización maligna dirigida por el mago malvado Aballister Bonaduce.

Nada se salva de las casi 1.500 páginas de historia, desde el trillado argumento a los personajes planos que apenas se desarrollan. Parece que estemos en una partida de D&D, con unos personajes hiperpoderosos que hacen frente a hordas de enemigos saliendo siempre victoriosos y apenas heridos. Y si, por alguna razón que se me escapa, el daño es excesivo, qué mejor que contar con un clérigo con capacidades para ejecutar elevados conjuros de curación o resucitación. Qué decir de los momentos "cómicos", protagonizados invariablemente por los Rebolludo. Un poco infantil, en el peor sentido posible. O los malutos, que son presentados como el desafío definitivo, generalmente mediante una escena que no tiene otro objetivo que hacernos ver lo peligrosos que son (es el caso del asesino del 3er libro) del que no se sabe cómo nuestro héroe podrá hacer frente, para caer después tras un giro argumental o recurso deus ex machina que suena a tirada oculta tras la pantalla del máster.

Como en muchos otros casos, la traducción no ayuda a mejorar el conjunto, sino que viene a confirmar la opinión del lector. La única duda que queda es conocer cómo era el original, porque tenemos dos alternativas: bien el traductor es así de malo o bien la historia es tan cutre ya desde origen. No sé por qué me inclino por lo segundo, aunque la sensación de que la traducción se "perpetra" la tengo en un gran número de libros de la editorial desde aquella Trilogía de Avatar, de infame recuerdo, que aún tengo grabada a fuego en mi memoria y que a veces puebla mis pesadillas (ejemplo de cómo una idea interesante puede ser hecha añicos sin ningún remordimiento).

Llegamos al autor, R.A. Salvatore. No concibo cómo en mi juventud pudo ser uno de mis autores favoritos, pero cuanto mayor me hago, peor concepto tengo y la consecuente vergüenza crece por momentos. Es cierto que ha creado un icono de las franquicias basadas en JdR como Drizzt Do´Urden, pero no es menos cierto que tiene un desarrollo de los personajes nulo, abusa de párrafos pseudofilosóficos que nada aportan y, sobre todo, describe los combates con un "realismo" un poco gore. Entrecomillo realismo, porque las acciones que los personajes ejecutan en estas situaciones son, siendo generosos, imposibles de realizar. No me vale el argumento de que son héroes y están entrenados hasta lo imposible, ¡hay un límite a la flexibilidad humana, por dios!

Quizá sea también ese tufillo a novela "por encargo" o que, en realidad, estos autores no son más que escritores aficionados que unen el rol a la literatura. Otros ejemplos podrían ser Douglas Niles, Richard Knaak, Ed Greenwood o, sí, Margaret Weis y Tracy Hickman.

Si no fuera porque un amigo me dejó la serie, estoy seguro que no la hubiera terminado.

En cuanto a la puntuación, un 2 o un 3. Por debajo sólo encuentro a Dan Brown.

miércoles, 14 de julio de 2010

50 entradas

Una entrada rápida para anunciar que, si las cuentas no me fallan, ésta es la quincuagésima entrada en el blog desde que comenzamos esta andadura el pasado 10 de abril de 2009 hace, aproximadamente, quince meses. No llegamos por tanto a una entrada a la semana, pero nos acercamos. Es cierto que hemos tenido altibajos y hemos pasado de períodos de una actividad cuasifrenética a otros largos intervalos en los que no hemos tenido mucho movimiento.

Mi intención es, no obstante, homogeneizar el ritmo de entradas a una o dos a la semana de tal forma que se regularice la cosa. Intentaré publicar una vez durante el fin de semana y otra hacia la mitad. Permaneced atentos a vuestras pantallas.

En cuanto a la temática se mantendrá más o menos como hasta ahora, primando la literatura, el rol y algún que otro comentario más friki sobre música, cine o videojuegos (aspectos inéditos aún). Huiré de la política, a no ser que las circunstancias de la actualidad obliguen a ello (o más bien, que ocurra alguna circunstancia que me caliente los cascos). Por supuesto, no faltarán reseñas de los libros que vayan cayendo, desde notables aportaciones a verdaderas bazofias.

Finalmente, trataré de publicar más relatos. Sin ir más lejos, este verano volveré a participar en el Monstruos de la Razón, así que caerán tres. Si venzo a mi proverbial haraganería y consigo ponerme ante el teclado, acabaré alguno que tengo empezado y comenzaré otros cuyo argumento está hilvanado. También intentaré explorar el microrrelato.


Por supuesto, pretendo que el Ciclo de Iramar gane peso. Una entrada sobre 50 es un porcentaje más bien pobre. Tengo que revisar todo lo escrito e ir subiéndolo a medida que lo encuentre satisfactorio. Seguiré la sistemática de utilizar Megaupload para bajar los textos en pdf.
 
Pues eso, dentro de otras 50 entradas, o de un año, será momento de revisar estos buenos propósitos y analizar el grado de éxito.