domingo, 19 de enero de 2020

¡Wakanda por siempre!

Ojo al dato.

Black Panther fue nominada al Oscar a la mejor película, marcando un hito en el cine de superhéroes al conseguir algo que ninguna película anterior ni, de momento, ninguna de las anteriores ha podido lograr. 

¿Quiere decir algo eso? Probablemente que en la Academia se hayan fumado algo, o que la cosecha del año fue escasita en buenas películas. O, a lo mejor, un poco de todo. A ver, Black Panther está apañada, pero tampoco es una maravilla. Ni siquiera creo que se pueda considerar la mejor película del Universo Cinematográfico Marvel. Supongo que en estos tiempos de buenismo y corrección política, se ha querido premiar a una cinta en la que la mayor parte del elenco protagonista es negra y que los personajes blancos dan la paradójica nota de color. 



La verdad es que la película es espectacular desde el punto de vista visual, mezclando el siempre fascinante escenario natural que es África con una ciudad de Wakanda futurista más propia de una ópera espacial. 

El argumento es algo menos original, con la ya sabida historia de ascenso, caída y redención del héroe, un desarrollo que ha triunfado tantas y tantas veces. No tiene nada especial, dejando un recuerdo agradable, pero efímero en los detalles, en el cerebro. 

Ya sabemos que, en los comics, Pantera Negra es el alter ego de T´Challa, soberano de la nación imaginaria de Wakanda, un país de gran prosperidad porque es el único en el mundo que dispone de vetas de vibranium proveniente de un gran meteorito de este metal que se estrelló allí en tiempos inmemoriales. 



Pantera Negra es el último de un linaje de soberanos sabios que han sabido invertir los beneficios de la explotación del vibranium en incrementar el nivel de vida de su nación al mismo tiempo que la escondía de los ojos codiciosos. Hoy en día, Wakanda es quizá la nación más poderosa de la Tierra y sería capaz de armar un gigantesco imperio si lo pretendiera. 

Además, Pantera Negra es, o ha sido, miembro de los Vengadores, los héroes más poderosos del planeta. Y, aunque es menos sabido, es miembro de los Illuminati (junto al Dr. Extraño, Charles Xavier, Reed Richards, Tony Stark y Namor), que mueven hilos en las sombras decidiendo el destino de muchos. 

Poco más hay que decir del personaje y menos de la película, salvo que está trufada de pequeños papelitos de grandes actores, como Forest Whitaker, Angela Basset o Martin Freeman. 

Los villanos son, en esta ocasión, Killmonger (encarnado por Michael B. Jordan, también conocido por ser Adonis Creed en la eterna saga de Rocky) y Ulises Klaue (Andy Serkis, esta vez al natural). 



En imdb tiene una nota hoy de 7,3. Yo le daría quizá un poco menos. Como he dicho ya, agradable aunque fácilmente olvidable.

domingo, 12 de enero de 2020

Asterix y el secreto de la poción mágica

Asterix es uno de los hitos de los tebeos europeos, traducido a multitud de idiomas incluyendo el latín o el bable y que suman ya 38 álbumes. 

He pasado grandes momentos leyéndolos, descubriendo nuevos detalles en cada relectura y riéndome con ganas. Casi, casi, como leyendo un Mortadelo. Asterix es un personaje que no pasa de moda y, por lo que parece, los herederos de Goscinny y Uderzo han logrado una transición adecuada que asegure la longevidad de la colección. 



En Francia es un mito nacional, con un parque temático incluido. Además de que se han adaptado sus aventuras al cine en repetidas ocasiones, incluyendo grandes superproducciones en las que aparecen Gerard Depardieu, Christian Clavier, Alain Delon, Roberto Begnini o Monica Bellucci. 

¡Qué nariz!

La última adaptación es esta película de 2019, animada digitalmente y que tuve ocasión de ver en pantalla grande. 

Confieso que iba sin grandes expectativas. La elegimos como el mal menor para el cumpleaños de mi hija mayor y resultó ser una grata sorpresa. Una historia interesante, un villano solvente y risas aseguradas. 

La idea es que el druida Panorámix, después de un accidente que pone en riesgo su vida, decide que es la hora de transmitir la receta de la poción mágica que otorga fuerza sobrehumana y asegurar la supervivencia de la aldea. Como todos sabemos, la receta de la poción mágica solo se transmite de boca de druida a oido de druida, así que con la ayuda de Astérix y Obélix, Panorámix se embarca en la búsqueda de su sucesor por toda la Galia. 



Mientras tanto, el malvado Sulfurix tratará de hacerse con el secreto para venderlo al mejor postor y, de paso, vengarse de Panorámix. 

Asterix y el secreto de la poción mágica tiene todo lo que se puede esperar en una película de Astérix. Mejores o peores, todas tienen momentos para la risa y no defraudan a los aficionados al personaje. Aunque en este caso el peso de la historia no recaiga sobre él ni sobre las fornidas espaldas de cierto tallador de menhires. 

Entretenida.

miércoles, 8 de enero de 2020

La casa de papel (T1 a T3)

Confieso que retrasé mucho el visionado de esta serie solo por ser española. Prejuicios.Y eso a pesar de las buenas críticas que iba oyendo y de haber sido testigo del éxito que fue en Alemania, donde no paraba de ver carteles que anunciaban Das Haus des Geldes

Al final claudiqué y me vi las tres temporadas que hay actualmente de la serie, con una diferencia fundamental: las dos primeras fueron emitidas por A3TV y cada capítulo dura más de una hora. La tercera temporada la ha emitido NETFLIX y los capítulos se reducen a poco más de 40 minutos. O sea, de 25 a 30 minutos menos por capítulo.

¿Qué mira usted, caballero?


La temática también cambia, más o menos... Si en la primera y segunda temporadas los miembros de la banda de El Profesor se dedican a imprimir billetes en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, en la tercera temporada se encierran en el Banco de España a fundir oro.

La serie ya impacta desde el inicio, con esa intro y esa canción (My life is going on, de Cecilia Krull) que se han convertido en icono e himno de la televisión española. Y los atracadores con la careta de Dalí, que también se ha convertido en un elemento imprescindible.

A partir de ahí, un ritmo frenético y, sobre todo, un grupo de personajes de categoría: El Profesor, Helsinki, Moscú, Denver, Nairobi, Berlín, Arturito, Mónica Gaztambide, la inspectora... Todo acompañado por un guión en el que El Profesor, el cerebro del golpe, parece tener todo bajo control e ir dos o tres pasos por delante de la policía.

Berlin, el original


Parece.

Porque pronto la cosa se complica, tanto dentro como fuera, dando paso a una serie a veces atropellad, pero siempre capaz de poner un nudo en el estómago y acabar cada capítulo con un clímax que te hace desear ver el siguiente.

Todo lo anterior vale para las dos primeras temporadas, porque la tercera es bastante más floja. No sé si porque la duración de los capítulos es más limitada y los momentos climáticos son menos climáticos. O porque se han perdido por el camino algunos personajes importantes como Moscú o Berlín y los que los sustituyen distan mucho de tener su carisma (asumámoslo, Palermo no le llega a Berlín ni a la suela de los zapatos). O porque la fórmula ya está vista y resulta más complicado sorprender y mantener engachado al espectador. O, quizá, por una conjunción de todos estos factores a la vez.

Vale, entretiene, pero no es lo mismo.

Palermo, la copia


Hasta ahora no he hablado ni de Rio ni de Tokyo. De Río porque es un pagafantas que no me produce empatía. De Tokio, porque no la aguanto. Lo mismo me pasa con Carrie, de Homeland, que se bastó sola para alejarme de la serie.

La tercera temporada a terminado con un clímax muy climático, hay que reconocerlo. Solo por eso, quizá merezca la  pena ver al menos el inicio de la cuarta. 

sábado, 4 de enero de 2020

Las vueltas que da la vida

Hay que ver las vueltas que da la vida. 



Cuando empecé con mi afición por los juegos de rol, allá por 1991, comprar un manual era fruto de la fuerza de voluntad necesaria para ir ahorrando poco a poco el dinero necesario. Normalmente uno del grupo lo compraba, lo que automáticamente suponía su ascenso a máster, y el resto del grupo lo gorroneaba y lo manoseaba en las sesiones de juego. Esto, con suerte.

Las más de las veces lo que hacíamos era jugar con fotocopias de fotocopias, tanto que a veces resultaban ilegibles. Hay que entendernos, por aquellas fechas los derechos de autor no estaban tan mirados y era habitual irte a la copistería de confianza y fotocopiar un libro entero, ya fuera el MERP o el de Ecuaciones Diferenciales de 2º de carrera.

Hasta la compra de los dados se convertía en una ocasión especial: había que elegir cuidadosamente el color, y asegurarnos de que las cifras fueran legibles en todos ellos. El desembolso económico por un juego de dados normal, suponía también un porcentaje importante de nuestra paga semanal. 

Lo que faltaba en material lo suplíamos en ilusión, amigos y tiempo. Ibamos sobrados de todo, tanto que mi grupo de juego lo formábamos siete personas, que nos reuníamos todos los domingos por al tarde en casa de uno de nosotros (siempre el mismo, el pobre). Las conversaciones duraban toda la semana; a veces, las discusiones también. Incluso jugamos unas cuantas sesiones tipo maratón, o más bien hasta que el cuerpo aguante.... Eran buenos tiempos. 

Hoy, casi tres décadas después, no tengo problemas en comprar manuales a pesar de que están a precio de oro. De cuarenta a cincuenta euros de vellón, cada uno de ellos. Tengo más manuales de los que nunca pensé que sería posible. Tengo manuales de juegos a los que no he jugado nunca ni, por desgracia, llegaré a jugar. Afortunadamente me lo puedo permitir. 

Lo que me falta son tiempo y amigos. Bueno, sobre todo me falta tiempo.

Nuestro grupo de juego lo formamos ahora cuatro personas, que nos reunimos más o menos una vez al mes excepto en los meses de verano (esta es una costumbre que arrastramos de los buenos tiempos). O sea, que disfrutamos de nuestra afición alrededor de 40 horas... al año... Familia, trabajo... de repente todo se convierte en muy complicado.

Por un lado me alegro de seguir cumpliendo años y mantener una afición como esta. Por otro lado a veces, solo a veces, me da mucha pena recordando lo que fuimos y viendo lo que somos. Y, otras veces, me da por pensar cosas como la que ha dado sentido a esta entrada: que la vida cambia y evoluciona, que esto no es bueno ni malo de por sí, sino que hay que aceptarlo y disfrutando de lo que hay en cada momento. 

Ahora mismo tengo un cosquilleo en la mano de los dados...

domingo, 29 de diciembre de 2019

Carbono alterado

No estoy muy seguro de que el título de la novela, Carbono alterado, sea correcto en castellano. Es más bien una traducción literal del título original en inglés, Altered carbon, pero quizá sea más correcto decir Carbono modificado. Esto es, no obstante, un debate accesorio que poco o nada tiene que ver con la novela en sí. 

En un futuro más o menos cercano, se produce un asesinato de unade las personas más poderosas del mundo por entonces. Un asesinato físico, pero no real, porque en ese tiempo las consciencias de la gente son almacenadas en discos duros que luego pueden ser volcados en otros cuerpos, o fundas, más o menos sofisticados. El resultado es el de una inmortalidad de facto, mientras tengas una copia de tu consciencia y una funda en la que ser descargado. Solo mientras el feto se encuentra en el cuerpo de su madre y durante el tiempo que se tarda en implantar el hardware en el recién nacido, es posible matar definitivamente a un ser humano. O si el asesino se ocupa en destruir la unidad de almacenamiento haciendo imposible el volcado. 

Portada de la edición de Gigamesh.


Dos curiosidades: está prohibido enfundar una consciencia en dos cuerpos distintos. Y los católicos, convertidos en una secta religiosa pintoresca, no admiten el enfundado por ir contra los principios básicos de su religión: ir al Cielo una vez fallecidos. En los tiempos de la novela, se está planteando una ley que permite el reenfundado temporal de un católico en el caso de que pueda tener información que ayude a esclarecer un crimen. 

Es esta una sociedad en la que los crímenes más horrendos se castigan con penas de almacenamiento de decenas de años o incluso siglos. Las consciencias de los malhechores se almacenan en cárceles virtuales en las que se custodian sus discos duros a la espera de su liberación. 

En uno de estos almacenamientos se encuentra la consciencia de Takeshi Kovacs, nativo del Mundo de Harlan y miembro de una élite militar que le ha proporcionado facultades especiales. Es por eso que se descarga en una funda y se envía a la Tierra para investigar el asesinato en cuestión. Si llega a resolverlo, será indultado y descargado en su funda original. 

O sea que Carbono alterado es más que una novela de ciencia ficción. Es una novela policíaca en la que el protagonista debe, no solo aclarar quién y por qué quiso asesinar a su cliente, sino también sobrevivir a una retahíla de gente que persigue su muerte definitiva por diversas circunstancias pasadas. 

El autor


A veces con un pulso frenético, la historia atrapa desde el principio. Una prosa ágil, una historia interesante y un protagonista con carisma y carácter para resultar atractivo al lector, son ingredientes necesarios para el éxito. Y Carbono alterado es uno de los mejores libros de ciencia ficción que he leído últimamente, además de una novela negra sólida que cumple con los parámetros clásicos del género. 

Es un libro de sobresaliente o de notable muy alto, por lo menos, que sirvió a Richard Morgan para ganar el premio Philip K. Dick. 

Richard Morgan resulta ser también autor de Leyes de mercado, otra novela distópica de gran calidad que encontré por casualidad en el estand de Gigamesh en una Semana Negra de Gijon, hará ya la friolera de quince años, y que leí con gran placer. No sabía esto antes de emprender la lectura de Carbono Alterado, pero cuando lo descubrí me gustó más aún.

Espero tener oportunidad de leer más novelas de Morgan en general y de Takeshi Kovacs en particular.