domingo, 17 de marzo de 2019

Universos paralelos

Universos paralelos es el tercer libro que leo del divulgador estadounidense de origen japonés, Michio Kaku. Y cada uno de ellos es más complicado de digerir que el anterior. 

Esto ocurre, principalmente, porque los temas tratados no resultan evidentes a la mente humana y se requieren conocimientos matemáticos avanzados, que yo no poseo y que Kaku no proporciona en su libro ya que de otra forma el número de lectores potenciales quedaría restringido a apenas un puñado de académicos.



Ya fue complicado leer Hiperespacio e imaginarse un espacio con más de cuatro dimensiones (contando el tiempo, además de las tres dimensiones físicas), algunas de las cuales está enrrollada sobre sí misma y resulta inapreciable en nuestro día a día. Al menos fue gratificante ver cómo el álgebra de Riemann y el cálculo tensorial en n-dimensiones proporciona una sensación de equilibrio a las teorías de la gravedad y del electromagnetismo.



En Universos paralelos, lo que resulta complicado es imaginarse el todo como una especie de espuma y que vivimos en una burbuja que contiene todo nuestro universo, con universos vecinos en el interior de burbujas similares, algunas de las cuales están en contacto con la nuestra. 

Más o menos así queda la cosa


No sé.... es que a mí me requiere mucho esfuerzo asimilar eso. No lo veo, para nada... Parecido a la ideade que cada una de nuestras decisiones significa una ramificación en el universo y que éste se divide en tantos otros como opciones disponibles.... La cosa ya se convierte en algo serio... 
 

No voy a ser yo quien niegue algo así, más cuando algunas de las mentes más capaces de la física están estudiando en esta dirección, pero se trata de un pensamiento de lo más revolucionario y, además, poco evidente. 

Además, el multiverso es un concepto con el que juegan tanto en DC como en Marvel, a veces para justificar lo injustificable. ¿Cómo contradecir al gran Stan "the man" Lee?

¿Entonces, el libro? 

Para valientes.

domingo, 10 de marzo de 2019

Bond, James Bond

No he visto muchas películas de James Bond. Y enteras he visto muchas menos. El agente doble cero con licencia para matar no ha supuesto un hito en mi vida friki, esa es la verdad. 

Recuerdo que en el colegio nos pusieron Moonraker, con el gran Roger Moore, en una pequeña sala en la que había un video y un televisor de tubo. Y recuerdo retazos de películas, ninguna completa, hasta que en el cine vi un par de las protagonizadas por Pierce Brosnan y hace unos meses vi tanto Skyfall como Spectre. Así que no puedo juzgar el todo por la suma de las partes, ni mucho menos.

Sí puedo decir que últimamente la cosa ha mejorado, proporcionando las películas no solo el habitual entretenimiento que ha caracterizado a la saga (la próxima película será la número 25), sino que también el personaje ha ido ganando en volumen y relieve. Se han dejado de lado muchas de las ocurrencias que llegaron a parecer casi parodia (sobre todo en la época de Roger Moore) para aplicar menos colorido y mucha mayor escala de grises (sobre todo en esta última época de Daniel Craig). 

Foto de familia

No obstante Bond es un producto a la baja, a pesar de que intenta reinventarse y dejar atrás su época de símbolo e icono de ese heteropatriarcado que hoy en día está en boca de todos. Bond ya no es una máquina de seducción a diestro y siniestro, sino que ahora también tiene su corazoncito aunque esté escondido en un pecho que no le cabe en la camisa (hecha a medida, por supuesto). 

Atrás quedan los tiempos en los que un papel de chica Bond era sinónimo de fama mundial y una carrera razonablemente exitosa. Recordamos a Ursula Andress (que inmortalizó el bikini en Dr. No y que fue homenajeada por Halle Berry un porrón de años después), Barbara Carrera, Diana Rigg (luego en Los vengadores), Jane Seymour, Tanya Roberts, Famke Jannsen, Denise Richards, Sophie Marceau, Teri Hatcher, Eva Green... 



¿Qué decir de los malvados? El Dr. No, Goldfinger y su lacayo Oddjob (el del sombrero con ala de cuchilla), Blofeld (con su gato), Francisco Scaramanga (Christopher Lee), Tiburón (con sus dientes de acero), Le Chiffre (Mads Mikkelsen), Silva (Javier Bardem) o Franz Oberhauser (Christopher Waltz)... 

Lo mismo ocurre con las canciones. Todavía se recuerdan grandes temas interpretados por artistas no menos grandes. Como Shirley Bassey que tuvo la suerte de repetir en tres ocasiones. Pero también Paul MacCartney (Live and let die), Duran Duran (A view to a kill), A-ha (The living daylights), Tina Turner (Goldeneye) y más recientemente Madonna, Alicia Keys, Adele o Sam Smith.

Sean Connery, el primer y probablemente Bond más icónico, papel sobre el que construyó una sólida carrera cinematográfica llena de papeles de prestigio (llegó un momento en los ochenta y noventa que cualquier película que se preciara, necesitava de Connery en su metraje). 



George Lazenby, fugaz como una estrella ídem.

Roger Moore, que venía de protagonizar la serie de televisión El santo y le dio un punto cómico y socarrón que caía casi en la autoparodia.



Timothy Dalton, casi desconocido e infravalorado en su etapa, al que he redescubierto para bien en la serie Penny Dreadful.



Pierce Brosnan, otro televisivo, que será recordado por su papel en Remington Steel, pero que quizá pocos recuerden que era el espía ruso de El cuarto protocolo al que se enfrentaba Michael Caine, otro grande del cine. En su etapa vemos quizá el inicio del cambio de tendencia que será la tónica en la siguiente. 



El último Bond hasta ahora, Daniel Craig, al que se le criticó hasta la saciedad antes incluso de aparecer en pantalla: que si era demasiado bajito, que si era rubio, que si... Y ha protagonizado alguna de las películas que a decir de muchos son de las mejores de la serie. Yo ya he dicho que carezco de los conocimientos necesarios para decantarme por un lado o por el otro...




No obstante el bueno de Craig ha venido diciendo que ya está bien y que lo deja prontito, así que los rumores se han disparado. Tanto que ha cobrado fuerza Idris Elba como sustituto, para ser el primer James Bond de color (negro). Si es cierto, Elba aporta la prestancia y la elegancia que requiere el personaje. Aunque han sonado también otros nombres como Henry Cavill, Richard Madden (Robb Stark) o incluso Cillian Murphy. 



Sea como fuere, a pesar de los tiempos que corren y que aparentemente ha dejado atrás sus mejores días, todo lo que rodea a la que puede ser la saga cinematográfica más longeva, sigue siendo noticia mundial.

domingo, 3 de marzo de 2019

Remember

 Remember es una película sobre el Holocausto, muchos años después del Holocausto.

Todavía hoy quedan supervivientes de los campos de concentración nazis. Cada vez más mayores, por supuesto; cada vez menos. Dos de estos supervivientes son Zev Guttman y Max Rosenbaum. Zev está enfermo de demencia y apenas recuerda su propio nombre. Max no puede caminar sin ahogarse y vive permanentemente conectado a un equipo de respiración. 




Ambos, Zev y Max, son amigos. Y comparten estancia en una residencia de ancianos. Ruth, la esposa de Zev, acaba de fallecer. Ha llegado el momento que ambos habían estado esperando. El momento de la venganza.

Juntos han desarrollado un plan para encontrar a Rudy Kurtlander, el vigilante a quien tienen grabado a fuego desde que sufrieron sus atenciones en el campo de concentración. Pero, ¿cómo van a ser capaces de llevarlo a cabo, con sus limitaciones físicas y psíquicas propias de su edad? 

No hay problema. Max ha tenido todo esto en cuenta: ha escrito una carta con todos los detalles. Una carta que Zev deberá llevar encima en todo momento, y leerla cada mañana para recordar dónde está y qué es lo que tiene que hacer. Esto durará lo necesario hasta que Zev visite a los cuatro Rudy Kurtlander que han encontrado en los Estados Unidos, se encuentre con ellos y decida si es el correcto o no. 

Y, si es el Rudy correcto, tendrá que apretar el gatillo.

 Además de una película sobre el Holocausto, Remember es una película sobre venganza. La de Zev yla de Max, pero sobre todo la de Max. 

Porque el final, con la confrontación entre Zev y Rudy, delante de la familia de este último, nos dejará con la boca abierta y pensaremos inmediatamente en Max Rosenbaum, el viejo judío, que ha rumiado durante años su venganza y al final la ha conseguido. 

Tres grandes de la interpretación, Christopher Plummer (86 años el año del estreno), Martin Landau (87) y Jürgen Prochnow (74), en unos papeles crepusculares que dan lustre a una película pequeña pero que después de que consiguen engancharte es capaz de dejar un buen recuerdo.

domingo, 24 de febrero de 2019

The greatest showman

Parece que el musical es un género que está de vuelta, con más o menos fuerza: La La Land (todavía no la he visto), Into de Woods (la dejé a la mitad) y este gran showman son películas que se han estrenado en los últimos dos o tres años y que revitalizan el canto y el baile en el cine, más que las películas de Disney que han sido su reducto tradicional.



Ya sabíamos que Hugh Jackman, además de llevar casi dos décadas siendo Lobezno y el único en haber salido en todas las películas de mutantes, es un consumado cantante y bailarín de musicales. Lo demuestra en este biopic bastante edulcorado en cuanto a su protagonista (P.T. Barnum), desde el espectacular número de entrada hasta el mismísimo final. 

Pero cada uno de los protagonistas que le acompañan ponen su granito de arena: Zac Effron, Zendaya o Keala Settle llevan a cabo números espectaculares que dan lustre a canciones con mensaje, como esa This is me que tanto emociona. 

La historia no es que sorprenda precisamente. El amigo P.T. Barnum, hijo de un sastre,  es un visionario que sueña con ser un magnate del espectáculo y que va de fracaso en fracaso, acompañado por su mujer y sus hijas Hasta que da con una panda de inadaptados, los tunea en cierto modo para hacerlos más atractivos al gran público e inventa el Circo, el mayor espectáculo del mundo. 



Desde ese momento el dinero cae a montones en sus bolsillos, pero en lo personal su mundo se desmorona y está a punto de perder a su familia por su mala cabeza y una pelirroja que nunca tiene suficiente (Never enough, otro numerazo). 

Menos mal que su redención llega a tiempo y se convierte en un triunfador pleno, en los negocios y en la familia, a pesar del incendio de su local que lo destruye por completo, pero que a cambio le da la colosal idea de utilizar una carpa para alojar su nuevo espectáculo. 

Bueno, es un poco eso, una historia de superación, caída y redención que hemos visto en pantalla una y mil veces. Lo novedoso, lo que llama la atención y la hace algo diferente, es que en lo visual y en lo musical es una de las películas más poderosas de los últimos tiempos. 







domingo, 17 de febrero de 2019

Soy leyenda

Richard Matheson, autor también de El increíble hombre menguante, escribió en 1954 el librito de ciencia ficción Soy leyenda. Librito breve que narra la historia de supervivencia de Robert Neville en un Los Ángeles apocalíptico, después de que un virus haya convertido al resto de la Humanidad en poco más que en bestias sin raciocinio. O no, porque poco a poco, mientras vuelve a su refugio al caer cada noche, Robert Neville se da cuenta de que en realidad el raro, el que sobra, es él. De ahí las últimas palabras que pronuncia en el libro, mientras es testigo del nacimiento de una nueva civilización, pero humana: "Soy leyenda"



Varios años después, esta obrita sufrió la primera adaptación a la gran pantalla: El último hombre vivo, The omega man en su título original. El protagonista, el Hombre por excelencia, Charlton Heston en el papel de Neville, en una época en la que el actor fue el rostro conocido en varias adaptaciones cinematográficas de ciencia ficción, siempre distópicas como Cuando el destino nos alcance y la icónica El planeta de los simios

The omega man es una película hija de su tiempo, con una puesta en escena cuestionable, un argumento al servicio de su protagonista y poco más. 

Muchos años después, Charlton Heston es sustituido por otra estrella, Will Smith, que se ha atrevido a aparecer en alguna que otra adaptación de la ciencia ficción clásica (Yo, robot) en otra adaptación, en esta ocasión con el mismo título que la obra literaria original. 

Will Smith es Robert Neville, médico militar que hasta ahora ha sido incapaz de conseguir la cura al virus que ha infectado a casi toda la Humanidad, pero que continúa incansable su trabajo, aún contra toda esperanza y con la única compañía de un perro pastor alemán. Sus días se dividen en trabajar, obtener recursos para su subsistencia y esperar junto al puente a que algún otro superviviente se acerque atraído por el mensaje que, a diario, emite por radio. 



Ésto último lo conseguirá al encontrarse con una madre y su hijo, a los que aloja en su mansión-fortaleza. Y la cura, basada en un suero a partir de su sangre inmune al virus, también. 

Pero no todo son alegrías en las distopías de ciencia ficción, así que tras un enfrentamiento climático con esa nueva civilización a la que también ha visto nacer (ha sido testigo de cómo aprendían a desarrollar complicadas tácticas para capturarle), parapetado en su laboratorio tendrá que decidir realizar el sacrificio máximo para garantizar un futuro a lo que queda de la Humanidad. 

Tengo que decir que, a pesar de Will Smith, que cada vez me gusta menos, la película entretiene. Tiene algunos trozos que pasaría con el FF del video, pero el conjunto entretiene. Es ese final (en esto también cae El último hombre vivo) el que traiciona en mayor medida el espíritu del original de Matheson.

¡Sal, Neville!