domingo, 14 de enero de 2018

Invencible

Invencible es la historia de Louis Zamperini, soldado del ejército estadounidense en la Segunda Guerra Mundial y que además participó en la carrera de 5.000 metros en los Juegos Olímpicos de Berlín. 



Angelina Jolie dirige esta película, con participación en el guión de los hermanos Cohen. Un biopic centrado en la imagen del Zamperini soldado. Más bien, en la del Zamperini prisionero de guerra de los japoneses en el teatro del operaciones del Pacífico. 

Louis Zamperini, piloto de un B-24 Liberator, se estrelló junto a su tripulación durante una travesía, debido a un fallo mecánico, y ahí se forjó su leyenda. 

Junto a los otros dos únicos supervivientes (ocho tripulantes fallecieron en el accidente), Zamperini pasó 47 días en un bote salvavidas en el mar, sobreviviendo a base de peces y el agua que podían recoger y haciendo frente a ataques de tiburones y de algún avión japonés que los ametralló. 



Solo sobrevivieron Zamperini y Russell Phillips, que arribaron a las Islas Marshall, donde fueron capturados por los japoneses. Desde ese momento, hasta el final de la guerra, Zamperini sufrió una u otra forma de tortura, siempre intentando quebrar su espíritu. Incluso fue tentado a realizar propaganda pro-japonesa a cambio de una sustancial modificación de sus condiciones de vida. 


 Entremezclando recuerdos de su vida deportiva y de su presente como prisionero de guerra, Angelina Jolie va dibujando al personaje durante toda la película, aunque el resultado es decepcionante. Como biopic funciona medio gas, siendo Zamperini un personaje más bien poco conocido, por no decir totalmente desconocido fuera de los Estados Unidos (quizá por eso, la película trata con cierta ambigüedad su participación en los JJOO, de tal forma que parece que arranca medalla o se queda cerca de ello cuando en realidad se hizo con un octavo lugar sin haber disfrutado nunca de opciones de victoria o medalla). Como película bélica tampoco funciona por su ritmo lento. 

La película es lenta. Aburrida en ciertos momentos, diría yo. Rodeada de un aura especial, quizá por ser la Jolie su directora, no cubre expectativas en ningún caso. 

Aprobadillo raspado, lejos del 7,1 que tiene hoy en imdb (¿?)


Decir que Louis Zamperini fue declarado desaparecido y posteriormente, fallecido en acción. En realidad vivió una larga y próspera vida, falleciendo a la avanzada edad de 97 años.

domingo, 7 de enero de 2018

Dos (pelis) para olvidar

Hay ocasiones en las que seguir la moda no es la mejor opción. Si, aún así se quiere hacer, hay que hacer frente a las consecuencias. Como tragarte un par de películas que, como mucho, darían para completar la programación de una tarde de domingo. 

La primera es Escuadrón Suicida. El enésimo intento de DC de igualar al menos el éxito que está teniendo el Universo Marvel en la gran pantalla. El enésimo intento y el enésimo fracaso, porque la historia de este grupo de perdedores, alguno de ellos con buen fondo, no interesa a (casi) nadie una vez agotado el efecto sorpresa del Joker de Jared Leto y la estética gamberra de la Harley Quinn de Margot Robbie. 

Al salir de clase


Ni siquiera Will Smith (Deadshot) está a la altura, y eso que su personaje tiene un motivo lacrimógeno para hacer lo que hace. Ni la despiadada agente del gobierno al cargo del programa, Amanda Waller, es lo suficientemente despiadada para parecer algo más. 



Una película más sin fondo (bueno, en eso se parece un poco a alguna peli de Marvel), que se basa en la estética y la pirotécnica de los efectos visuales más que en la historia, los personajes o los actores. 

Y resulta que en imdb le dan un 6,1... 

La segunda es Warcraft: el origen. Un intento de aprovechar el tirón de WoW y sacar un buen puñado de dólares, euros y otras divisas. Pero también es un ejemplo más de que no todo vale... 

La estética es bastante fiel al universo en el que se basa, y tiene detalles interesantes (el uso de la magia, por ejemplo), pero su conjunto es... decepcionante. Ni siquiera el valor de tener en su plantel a Travis Fimmel (Ragnar Lothbrok en Vikingos) hace que esa sensación remonte (algo por otra parte esperable, porque el bueno de Travis no es precisamente una estrella de relumbrón). 



La historia de la llegada de la Horda, a través de un portal abierto por el impío brujo Gul´Dan, la traición de este a los dioses y costumbres ancestrales, la resistencia de los reinos humanos... Una historia que no transmite, otra vez perdida en una pirotecnia de efectos especiales, en esta ocasión más acusados por la necesidad de representar de forma adecuada a los orcos (en esto sí que consigue nota). 

Tranquilo Fluffy


Una pena de película que al final quedará para consumo de los incondicionales WoW. No obstante, digamos que es mejor que la película que se perpetró de Dungeons and Dragons en 2000, al calor de El señor de los anillos. No es gran cosa, pero algo es algo...

Parece mentira todo lo que se ha originado desde el lanzamiento en 1994 de Warcraft: Orcs & Humans para PC...

Contigo em...pezó todo

viernes, 5 de enero de 2018

Resumen de 2017 (y de 2016)

Resulta que echando un vistazo atrás, no había hecho un resumen del año 2016, así que toca aprovechar ahora y ver un poco lo que han sido los dos últimos años. 

En cuanto a este blog, 2016 tocó fondo. Apenas 38 entradas, muy lejos de una entrada a la semana, o casi, que había conseguido durante todos estos años. Poco tiempo libre entre el trabajo, viajes incluidos, y la pequeña Noelia que entró en nuestras vidas con una fuerza arrolladora a finales de 2015. 

Afortunadamente, 2017 ha servido para revertir la tendencia, esa alarmante curva descendente que se perfilaba desde hacía algunos años y que parecía confirmar la hipótesis que presenté aquí, La campana de Gauss. No he conseguido llegar al nivel de 2015, pero estuve cerca de nuevo de poder presentar al menos una entrada a la semana. 

En cuanto a la lectura, además de lo habitual (revistas de historia, tebeos, manuales de rol y demás), han sido 24 libros (aprox. 10.500 páginas) en 2016 y 27 libros (aprox. 11.800 páginas) en 2017. En ninguno de los dos casos he conseguido llegar a los niveles pre-Noelia, pero también se nota una cierta recuperación. 

De todo lo leído, destacaría lo siguiente:
  • Descubrí la serie del Departamento Q, de Jussi Adler - Olssen. Hasta ahora han sido seis libros, a cada cual mejor, en los que no solo los casos son interesantes sino que el desarrollo de los personajes protagonistas dan un color especial a cada entrega. 
  • Leí un par de libros más de Bernie Gunther, que reseñaré más adelante cuando les llegue el turno y que mantienen el nivel de tan excelsa serie.
  • Leí la saga de fantasía clásica La espada de Joram. Buf... Un error del que solo se salva la originalidad de la idea. 
  • Me despedí de Glen Cook y su Compañía Negra. La última entrega, El retorno de los soldados, fue un digno colofón a una saga irregular.  
  • Acudí a mi cita regular con Lorenzo Silva (Donde los escorpiones) y Pérez-Reverte (Falcó) y no salí defraudado
  • La incursión en la obra de Yeyo Balbás (Pax Romana) fue fallida y me quita las ganas de seguir explorando.
  • He continuado, después de muchos años, con la saga de Terramar de Ursula K. Le Guin. He de decir que esperaba más, pero creo que seguiré hasta el final. 
  • He comenzado un proyecto personal: leer obras de Julio Verne, el gran visionario francés y uno de los padres de la ciencia ficción. De momento ha caído Viaje al centro de la Tierra, que en cierto modo me ha defraudado como diré en su momento. 
Para terminar he dejado lo más triste: me he despedido del maestro Terry Pratchett, tristemente desaparecido . A todo vapor y La corona del pastor han sido sus últimas obras. Me ha costado digerir que ya no leeré nuevos libros del Mundodisco como venía haciendo hace más de veinte años. Pero por lo menos me quedo con una estantería que contiene prácticamente con todo lo publicado en castellano y con los recuerdos de los inmejorables ratos que me ha hecho pasar. 


Hasta siempre, Sir Terry Pratchett


sábado, 30 de diciembre de 2017

Los Últimos Jedi (Ep. VIII)

En esta época de fiesta, hemos seguido la tradición de acudir a las salas de cine para ver lo último de Star Wars: su episodio VIII, Los últimos Jedi

Vaya por delante que es posible que no me encontrara en las mejores condiciones posibles para ver la película, después de hacerme la friolera de 1.700 kilómetros en coche en apenas 36 horas. Incluso dudé si ir o si era mejor esperar unos días, descansar y tratar de disfrutar de la película. Pero venció el cansancio, no el físico, sino el de no poder entrar a ver ninguna de las numerosas noticias en prensa digital por miedo a sufrir un spoiler de esos...



Fueron de los mejores quince minutos iniciales del cine de los últimos tiempos. Una batalla estelar como dios manda, con los buenos y los malos pegándose con todo lo que tienen, mucho más en el caso de los malos que en el de los buenos, que andan un poco escasos de todo. 

Un subidón en toda regla que, de haberse mantenido, me hubiera ayudado mucho para soportar los 152 minutos de metraje. Pero, para mi horror, no se mantuvo. 

No solo eso, sino que en algunas ocasiones el ritmo se precipitó a los pozos más oscuros del reverso tenebroso. Momentos en los que el aburrimiento y el cansancio hacían que me removiera en la silla o tratara de ver las manecillas del reloj para saber cuánto tiempo de sufrimiento me quedaba. 

Los últimos Jedi es, como un buen amigo mío dice, una montaña rusa. Ahora estás arriba y luego estás abajo, solo para volver arriba y así ad infinitum

Pero vuelve Luke Skywalker, ¿no? En efecto, vuelve, pero el amigo Mark Hammill está p´a prao, como también lo estaba Harrison Ford (¡qué daño ha hecho al legado de Han Solo e Indiana Jones!), tiene cara de palo y unos ojos acuosos de forma que no sabes si va a llorar o es que necesita con urgencia un colirio. Su parte en la isla, salvo algún que otro chiste, es con diferencia lo más aburrido de la película y una muestra más de que lo de Lucas con la Fuerza no tiene perdón de dios, ni pies, ni cabeza. Por lo menos parece que ha habandonado por completo todo aquello de los midiclorianos. 

Si no fuera por el sable láser, parecerían piratas o algo así


Peleas de sable láser hay unas pocas. La de Rey+Kylo contra la nueva guardia pretoriana, que tiene sus momentos, y la de palo de Kylo contra Luke, que no vale gran cosa. 

Vale, el final en ese planeta perdido cubierto de ¿nieve?, vuelve a ser emocionante. Pero la sensación de haberlo visto antes es muy poderosa en mí. Como me ocurre con la confrontación entre el Líder Supremo Snoake con Kylo Ren y Rey. ¿El Imperio Contraataca? ¿El Retorno del Jedi? Todo eso, pero peor. 

¿Los héroes? A pesar de todo lo que he dicho de Luke, sigue teniendo más carisma en su mano implantada que todos los Rey, Finn, Poe o quien quieras poner por delante. Hasta Chewbacca tiene más carisma. Ese es uno de los mayores problemas de esta trilogía: personajes principales que no enganchan y que necesitan la muleta de nuestros héroes de siempre, aunque éstos tengan que arrastrarse por la pantalla. 

¿Los malos? De risa. Snoake no da mucho juego. Phasma parece que tampoco, pero habrá que ver el episodio IX. ¿Kylo Ren? Es un Sheldon Cooper con poderes, un niño grande que coge rabietas sin sentido, un insulto a la estirpe de Darth Vader.

Y, en medio, Benicio del Toro con un personaje que también parece que iba a dar mucho más juego para luego quedarse en un quiero y no puedo. 


Venga, ya pasó Luke.


Quiero y no puedo. Este es el sino del Episodio VIII. La sombra de la trilogía original es demasiado alargada y no están siendo capaces de remontar. Mientras tanto, nos da un batiburrillo de ingredientes que saben que nos gustan, pero al tun-tún (esto es de otro buen amigo mío) y esperan que nuestro estómago de friki sin criterio sea capaz de digerirlo. 

Esta vez, la sensación de tomadura de pelo ha sido demasiado fuerte. ¿La mejor película de la saga, que decían algunos artículos? Ni de coña. Esa sigue siendo El imperio contraataca

¿Que si iré a ver el Episodio IX? Por supuesto. Soy un friki sin criterio.

lunes, 25 de diciembre de 2017

El topo

Para poner en perspectiva la actualidad de las últimas entradas, diré que esta película de 2011 la vi el pasado mes de junio mientras esperaba al vuelo que me devolvía de Lisboa a Madrid. O sea, comento lo último de lo último. O, más bien, hay una cierta discrepancia entre el ritmo de las entradas y el ritmo al que añado temas en la lista de pendientes... Da igual, la cosa es ir tirando mirando al frente...

El topo es una película de espías a la vieja usanza, pero bien alejada de los James Bond de turno, en la que el escenario de la Guerra Fría nos visita con toda su crudeza. No hay encanto en estos funcionarios, que buscan proteger a los ciudadanos de una amenaza extranjera como no se ha visto otra en la Historia. 



El topo es una película de personajes y, por tanto, de actores. Las interpretaciones son tan importantes en esta película como la historia en sí. Una historia que es, por cierto, un poco difícil de seguir si no estás atento, con tantos flashbacks y flashforwards que uno pierde la cuenta y no entiende si esto que está viendo ha pasado, está pasando o va a pasar. 

El Servicio Secreto Británico está revuelto. Control (John Hurt, siempre solvente) tiene fundadas sospechas de que uno de sus colaboradores más estrechos ha sido captado por los soviéticos y está pasando información, no solo del Circo, sino de la propia CIA estadounidense. Huelga decir que los yanquis no están precisamente contentos con la situación. 

La sala de crisis

La solución de Control pasa por rescatar para el servicio activo al amortizado George Smiley, un gris profesional que había dado ya sus mejores años. La situación era tan desesperada que la participación de Smiley en la investigación solo debe ser conocida por un reducido número de ayudantes que, en caso de ser sorprendidos en mitad de la acción, no contarían con apoyo oficial...

Ese es el planteamiento desde el que luego asistiremos a pesquisas en Londres, Budapest y otras ciudades europeas, buscando el rastro del misterioso agente doble. Sabor de los años setenta del siglo pasado en estado puro. 

John Le Carré


Digo que esta es una película de personaje, de situaciones y de actores . Desde el gran Gary Oldman (Smiley) y el siempre solvente Benedict Cumberbatch en el papel del protegido de Smiley (Peter Guillam) a los componentes del círculo más estrecho del Circo: Colin Firth (Bill Haydon), Toby Jones (Percy Alleline), David Dencik (Esterhase) o Ciarán Hinds (Roy Bland). Abstenerse todos aquellos que quieran ver una parafernalia de efectos especiales al uso, como parece que se está reduciendo el cine actual.

Una película para disfrutar y que a día de hoy tiene un escaso 7,1 en imdb. Para mí es, sin duda, de notable alto. 

Hay una adaptación de la BBC de 1979 que no he podido encontrar pero que promete, con Alec Guinness en el papel de Smiley.