sábado, 18 de marzo de 2017

D&D 5.0

Hace unos años de la terrible D&D 4.0. "No es D&D, no es rol" dije entonces, asqueado por una edición que destrozaba el juego con el que empecé en esto del rol y que lo ponía al nivel de un WOW de tablero. 

Hace algo así como un par de años salió D&D 5.0 (sí, así soy, comentando temas de la más rabiosa actualidad), que vino a reconciliarme con el decano de los juegos de rol, publicado por Wizards of the Coast.

¡Te dije que no tocaras esa palanca!

Como de costumbre, tres libros básicos: Manual del Jugador, Manual del Dungeon Master, Manual de Monstruos. Como de costumbre, un dineral: cerca de 150 eurapios en conjunto. Añadamos también la novedad de la caja de iniciación, con unos libretos muy interesantes, un juego de dados y una aventura (Lost Mine of Phandelver), que no resulta habitual últimamente en D&D. 

Sí, estoy reconciliado. D&D 5.0 se parece poco o nada a la olvidable edición anterior y viene a ser algo a medio camino entre AD&D y D&D 3.0 - 3.5. Lo que también es un acierto, porque reduce en gran medida el número de feats disponibles, que con tanto suplemento había llegado a ser prácticamente inmanejable a la hora de ponerse a crear un personaje y jugar. Reconozcámoslo: se nos había ido de las manos. 

En cambio D&D 5.0 dispone de un número de opciones adecuado para personalizar el personaje sin volverse loco por el camino. Digamos que es más jugable, sobre todo a niveles altos, presumo. 

La mecánica de juego es bastante similar a lo que estamos acostumbrados, añadiendo el concento de "descanso corto", en el que el grupo de PJs puede recuperar recursos sin necesidad de descansar durante ocho horas de tiempo de juego. Aunque, por supuesto, sigue siendo necesario acampar y reponer fuerzas, conjuros, puntos de vida y demás.

Tiamat en todo su esplendor


Probamos la aventura de la caja de iniciación, Lost mine of Phandelver, pero fue un desastre. No por la aventura en sí, sino por el cúmulo de despropósitos del grupo de PJs que llevaron a su aniquilación cuando apenas habíamos comenzado a calentar. Pero bueno, lo poco que jugamos me gustó.

Lo peor, la decisión de WotC de no licenciar el juego en castellano. O sea, que hay que jugarlo en el idioma de Shakespeare. A mí no me supone un problema, pero soy consciente de que a muchos aficionados sí lo es. Y esas dificultades repercutirán sin duda en sus ventas.

El balance es positivo. Me ha gustado mucho y es infinitamente mejor que la edición anterior, una edición que nos podíamos haber ahorrado (la editorial de imprimirla y yo de comprarla).

sábado, 4 de marzo de 2017

Tarantino desencadenado

Lo diré al principio, para que nadie se lleve a engaño: no soy yo mucho de Tarantino. Hay muchas películas que no he visto (Reservoir dogs o Kill Bill, por ejemplo y sin ir más lejos). 

¿Entonces?

Es que todo el mundo habla bien de él, a todo el mundo le gusta su cine y he querido volver a probar... El resultado fue, bueno... hay cosas buenas y cosas malas...



Empecemos con Malditos bastardos

Tiene grandes momentos, como el comienzo, que es brutal y permite ya desde el inicio descubrir esa joya del personaje (y actor) Christopher Waltz. Muy de Tarantino, grandes diálogos, un mal bicho... Es uno de esos personajes (y actores) que puede pasar a la Historia del cine. 

Brad Pitt tampoco está mal, y una pena lo poco que dura Michael Fassbender. Y Diane Krüger, que casi se me olvida. Después de Troya le perdí la pista a esta señora. 

A veces parece que Malditos bastardos no se toma en serio a sí misma, que es una parodia del género bélico. Seguramente lo sea, pero yo no tengo paladar para saborear las segundas, terceras o cuartas lecturas que los exégetas de Tarantino puedan hacer de sus películas. 

¿Quiere hacer usted uso del comodín de la llamada, quizás?


Django desencadenado también tiene sus momentos. Además de Christopher Waltz (gracias, Dios mío) y un más que correcto Jamie Foxx, he de reconocer que Leonardo Di Caprio está gigante en su papel de esclavista odioso, siendo sus escenas con Waltz de lo mejor de la película. 

Reconozco también que me reí mucho con las desventuras de la banda del Klan y los capirotes hechos a mano y que tiene grandes momentos. Samuel L. Jackson es también un regalo que hay que disfrutar, pero la ensalada de tiros y el baño de sangre del final fue superior a mis fuerzas. Lo reconozco, dejé de ver como los últimos veinte minutos. 



Como resumen, diría que agradezco a Tarantino el descubrir a Christopher Waltz, que tiene diálogos dignos de escuchar una y otra vez (más que nada por la aparente poca relación con los hechos que tienen y la ida de olla que suponen). Supongo que es un maestro en lo suyo, pero no está hecho para mí. O yo no estoy hecho para él, más bien. 


¿Un negro dormir en la casa grande?


Tarantino es para los tarantinianos, lo tengo claro. Pero para poder hablar hay que experimentar...

domingo, 26 de febrero de 2017

Snow Crash

A mediados de la década de los ochenta del siglo pasado, William Gibson revolucionó el mundo de la ciencia ficción con Neuromante, la novela que se considera el inicio del movimiento ciberpunk y que sentó sus bases canónicas: ambientes opresivos, decadencia de los gobiernos tradicionales, grandes corporaciones que los sustituyen, redes globales de comunicación, piratas y contrabandistas de información, admiración por la cultura oriental...

Aquí está, Héroe Protagonista


A principios de los años noventa, Neal Stephenson escribió Snow Crash, que puede considerarse integrante de esta corriente ciberpunk y que incluye muchos, o casi todos, de los clichés comentados. 

Hiro Protagonist (sí, se rompió la cabeza con el nombre.. al hilo del farero Batis Cafó del amigo Piñol) es un repartidor de pizza para la compañía Cosa Nostra (literal, por supuesto... la mafia ahora vende la masa) que pierde su trabajo por una entrega fallida. Durante una de sus visitas a un garito del Metaverso (el megamundo virtual), entra en contacto con un nuevo virus que tiene la facultad de fundir las mentes de los hackers cuyos avatares se ven expuestos a él. Literalmente, el cerebro se "cuelga" y no puede "reiniciarse". El virus se llama Snow Crash y da título a la novela. 

La chica

A partir de ahí asistimos a una serie de sucesos que acercan a Hiro y a T.A. (una repartidora freelance) a descubrir quién y por qué está pasando un virus tan letal por el Metaverso. Irán de facción en facción y se enfrentarán a un malote que da mucho miedo, más que nada porque lleva una ojiva nuclear a la espalda: un tal Raven, de etnia inuit, pero que da mucho miedo (no sé si ya lo he dicho). 

El malote

Pues eso, mucho cliché y poca chicha. La acción pretende ser trepidante en algunos pasajes, pero los personajes no llegan, no son capaces de transmitir y me pasé bastantes páginas leyendo con el piloto automático puesto. Hasta el final es bastante ni fú ni fá. 


El autor. Mola el look.

Así que no puedo recomendarla ni tampoco aprobarla. Un suspenso para Snow Crash. A pesar de que ganara el Ignotus un año antes que La estación de la calle Perdido, de China Miéville (y otra novela que se me hizo bastante dura de leer).

domingo, 19 de febrero de 2017

El día de la marmota en versión futurista

Cuando vi Al filo del mañana no pude evitar acordarme de la comedia de los años noventa del siglo pasado con Bill Murray y Andie McDowell. Pero si ésta es una comedia romántica, la peli de Tom Cruise está ambientada en un ambiente ci-fi que también recuerda bastante a Warhammer 40K. 


Una mezcla de Warhammer 40K y Final Fantasy.
Pedazo de cuchillo.


Para empezar diremos que las naciones de la Tierra están enfrascadas en una lucha a muerte con una especie alienígena con un cierto parecido a los insectores de Starships Troopers. Para el combate se han desarrollado unos exoesqueletos mecánicos (de ahí el parecido con los Ultramarines de WH40K) que aumentan la capacidad de lucha de nuestros infantes (no me digáis por qué, pero las luchas contra especies alienígenas se realizan un 90% cuerpo a cuerpo). 

En esto que, con un cierto paralelismo con la Segunda Guerra Mundial, la coalición terrícola ha ido empujando a los alienígenas de sus conquistas y se prepara un desembarco en la Fortaleza Europa que, de salir bien, erradicará a los bichos de la faz de nuestro planeta. 

Y a Londres se dirige Cage (Tom Cruise), experto en publicidad que se dedica a explotar las victorias y los héroes terrícolas para mantener la maltrecha moral del planeta. Pero el amigo la pifia, cabrea a un jerifalte del ejército de la coalición y se ve con unas esposas en un helicóptero rumbo al punto de encuentro de las tropas. O sea, que se verá obligado a combatir en apenas veinticuatro horas, sin adiestramiento, en la madre de todas las batallas. Carne de cañon.


La chica dura.


O no, porque no sabemos bien por qué, aunque Cage muere (no podría ser de otra forma, el tío es un pupas), despierta de nuevo habiendo reseteado por completo el día anterior. Cage (y nosotros) lo flipa mientras revive todo lo ocurrido hasta el mínimo detalle, lo que le sirve para sobrevivir unos minutos más en la cabeza de playa y rescatar a Rita, una soldado que se ha convertido en heroína e icono del planeta y que, por alguna extraña razón, sabe lo que le ocurre a Cage. 

A partir de ahí estamos ante una partida de videojuego en el que, como si no hubiera un mañana y tuviéramos nuestros bolsillos repletos de monedas de cinco duros, continuáramos una y otra vez, tratando de llegar al final, avanzando cada vez un poquito más en la historia. 

La verdad es que la peli está bastante bien, es muy entrenenida y Tom Cruise hace muy bien de panoli que va poco a poco cogiéndole el tranquillo a esto de matar bichos. 

El panoli.

Lo peor, que desde el principio tenemos una idea de cómo va a acabar todo esto, a pesar del intento de clímax final que no engaña a casi nadie. 

Pero bueno, habremos pasado un par de horitas muy bien apañadas con gastar solo los cinco duros de la partida. 

Dicen que se está preparando una continuación. No sé yo si dará para más la cosa. Aún así, un notable para Al filo del mañana.


domingo, 12 de febrero de 2017

Guerra mundial Z

No soy yo muy de zombies. No he visto ni un solo episodio de The Walking Dead, ninguna película de Resident Evil, ni siquiera por ver a Milla Jovovich... ni he jugado a las máquinas clásicas de House of the Dead. Pero he visto Guerra mundial Z



No he leído el libro en el que está basada, escrito por un hijo de Mel Brooks, y del que me han dado muy buenas referencias, así que no puedo comparar. Tampoco me preocupa demasiado: salvo contadas excepciones (El nombre de la rosa), la adaptación cinematográfica apenas soporta la comparación con su original literario. 

En Guerra mundial Z tenemos al guapete Brad Pitt, encarnando a un tipo que trabajó para una agencia gubernamental, las Naciones Unidas o algo así (no lo recuerdo bien) y se vio envuelto en circunstancias bastante complicadas. No hay mal que por bien no venga, porque pronto tendrá que volver a poner en práctica las habilidades adquiridas por la experiencia. 

Pues nada, el chico se ha retirado del mundanal ruido porque prefiere una vida familiar plena a deambular de acá para allá por países que no son más que estados fallidos. Y aunque la paga sea buena, no hay nada mejor que dormir en tu cama todos los días. 



Pronto la peli se acelera. La familia se encuentra en un atasco y comienzan a pasar cosas raras: un poco más adelante, algunos individuos raritos están haciendo estragos. Y cada vez hay más individuos raritos... hasta que se convierte en una plaga de individuos raritos que no persiguen otro objetivo más que convertirte en un individuo rarito, como ellos. 

Frenéticas persecuciones y tensión a raudales hasta que la familia consigue ser evacuada de una azotea por un helicóptero del ejército. De algo tienen que valer las amistades... 

Y es que Brad Pitt es un tipo listo y se da cuenta de las cosas. Como que la zombificación es un proceso muy parecido a una enfermedad y que se propaga como un virus. Un virus bastante listo, porque no infecta a aquellos que van a vivir poco tiempo y no van a tener muchas oportunidades de propagarlo.

Empieza entonces una carrera por medio mundo en busca de una cura, mientras su familia está a salvo en un barco de la US Navy. Muchas carreras, mucho ritmo frenético y muchos, muchísimos zombis. 

El bello y el bestia


Bueno, me entretuvo. No voy a decir que no, pero tampoco es que sea una cosa para tirar cohetes. Interesante que Israel sea una isla en mitad de un mar embravecido, lo que nos deja una de las imágenes más impactantes de la película, si no la que más. 

Un seis, para pasar una tarde de invierno.