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domingo, 10 de marzo de 2024

La casa del dragón (T1)

Los últimos años son bastante prolíficos en cuanto a series de fantasía, con la segunda temporada de La Rueda del Tiempo, la primera de Los anillos de poder y también la primera de La casa del dragón.

Todas tienen en común que son adaptaciones de sagas literarias que se pueden considerar hitos en el género de la fantasía. Vale, no es cierto. La casa del dragón es una suerte de spin-off de Juego de tronos, lo mismo que su inspiración literaria lo es de Canción de hielo y fuego

No he leído Fuego y sangre, básicamente porque me niego a comprar nada de George R.R. Martin hasta que se digne a terminar el sexto volumen de Canción de Hielo y fuego, así que no voy a poder comparar con su adaptación. Casi lo prefiero, viendo el crimen que se está perpetrando con la Fundación de Asimov.


Así que, sin prejuicios y evitando en la medida de lo posible todo el revuelo que habia en redes sociales, me enfrenté a los diez episodios que forman la primera temporada y me encontré con una serie bien distinta y que, de primeras, deja una sensación un tanto decepcionante y que, por otra parte no puede ser de otra forma porque La casa del dragón no es, ni de lejos, el fenómeno televisivo que fue Juego de tronos. Tampoco estoy seguro de si eso es lo que se pretendía, supongo que la cosa iba más bien por estirar el chicle un poco más, como se ha hecho antes con infinidad de sagas y como seguro que se hará después. Pero, cuidado, puede ocurrir que el chicle, de tanto estirarlo, se acabe rompiendo. 

Aquí veremos dragones en su esplendor desde el primer capítulo, es verdad. También a diversos personajes históricos de la dinastía Targaryen y otras familias de renombre, algunas de ellas en posiciones más altas y otras en un escalafón más bajo. En lugar de conflictos abiertos con batallas por todas partes, nos encontraremos con conflictos soterrados, intriga, traiciones, asesinato... Lo normal en una corte en la que el rey está muy enfermo y solo tiene una hija. 

 

Dos amigas

El rey es Viserys I, al que vemos ascender al trono en lugar de la princesa Rhaenys, legítima heredera al trono de los Siete Reinos, pero que el heho de ser mujer supone un riesgo para la continuidad dinástica y no es ratificada por los nobles del reino. 

Algo similar pasará una generación después, puesto que la mujer de Viserys I fallece en el parto de un niño que no tarda en morir, dejando como heredera al trono a la princesa Rhaenyra. La historia parece destinada a repetirse, pero se complica aún más por la presencia del hermano del rey, el príncipe Daemon, que no parece llevar muy bien el ser desplazado por una muchacha. Añadamos que Lord Hightower, Mano del rey, maniobra para meter en el lecho real a su propia hija, con la que el rey se desposa en segundas nupcias y engendra un niño que se convertirá, finalmente, en el heredero al trono. 

Y ahí la cosa se va de madre, porque Rhaenyra se aliará con Daemon para sacudir los cimientos del reino y luchar por sus derechos, previo casamiento político con su primo Laenor Velaryon, primogénito de Lord Corlys y la hermana del rey y heredero de la segunda casa más importante llegada desde Valyria. 

 

Las mismas amigas, pero diferentes y ya no tan amigas

Un lio gordo que se va deshilando delante de nosotros mientras nos familiarizamos con rostros y nombres. Muchos de los personajes tienen personalidades intrincadas, por decir poco. La traición está a la orden del día, la virtud escasea, incluso en el caso de la reina Alicent Hightower, que comienza siendo una dulce niña para terminar jugando como nadie en el tablero de la conspiración para defender los derechos de su recién nacido hijo. 

La lealtad resulta ser una utopía. Los personajes son fieles ante todo a sí mismos y luego, quizá, a su familia. Siempre que los intereses de ambas no entren en conflicto. 

En cuanto al elenco de actores, no conocía a nadie antes de verlos en pantalla salvo a Rhis Ifans (Lord Hightower, Mano del rey). Después, mirando aquí y allá, me sorprendí al saber que Matt Smith (Daemon Targaryen) fue uno de los últimos actores en encarnar al Doctor de Doctor Who. Resulta convincente Paddy Considine en el papel del cada vez más enfermo rey Viserys.

 

Juntos sacudirán los Siete Reinos

Hay abundancia de mujeres fuertes. Empezando por la princesa Rhaenys (Eve Best), desposeída de sus derechos por el bien del reino, pasando por la princesa Rhaenyra (encarnada primero por Milly Alcock y luego por Emma D´Arcy) y terminando en la reina consorte Alicent Hightower (Olivia Cooke), que no sabemos si ha engañado a todo el mundo o si ha madurado a marchas forzadas en una suerte de Sansa Stark. 

Comparando a unos y otras, me atrevería  a decir que La casa del dragón es una serie de mujeres, al menos por ahora, salvo quizá por la presencia de Daemon Targaryen. Todas ellas saben que son sus úteros los que garantizan la pureza de un linaje y son maestras en ponerlo en valor, pero también han sufrido en sus propias carnes la postergación social que sufren sus derechos.

La cosa es que la primera temporada cotiza hoy a un soberbio 8,4 en imdb, pero ha habido más de un momento en que me ha resultado aburrida. No obstante, tiene su público (mucho) y es imprescindible para completistas de la historia de Westeros. 

En mi caso, me hubiera gustado más ver una adaptación de las historias de Ser Duncan el Alto y su escudero Egg. Son personajes que me resultan mucho más simpáticos.


domingo, 10 de mayo de 2020

Juego de Tronos

Siguiendo con entradas de la más rabiosa actualidad, he llegado al punto de comentar la adaptación a la televisión de la aclamada serie de George R.R. Martin, Canción de Hielo y Fuego (recordemos que este es el título real), de momento aparcada en el quinto volumen desde el pasado 2011. 

Juego de Tronos, la joya de la corona de HBO, se ha convertido en un fenómeno televisivo difícil de igualar. Ha tenido la virtud de ser una serie que ha congregado alrededor de la pantalla, no solo a aficionados del autor, de la serie literaria o de la fantasía en general, sino a aficionados a las buenas historias y los buenos personajes. Pasó de algo más de dos millones de audiencia por capítulo en los Estados Unidos, a casi catorce millones en la última temporada. 



En total han sido ocho temporadas en las que hemos tenido grandísimos momentos que ya quedan en la mmoria: la decapitación de Ned, el sacrificio de Syrio Forel, la Boda Roja, el combate entre la Serpiente y la Montaña, la batalla del Aguas Negras, la primera batalla del Muro, la muerte de Jon, la Batalla de los Bastardos, la explosión del Septo de Baelor, el Puño de los Primeros Hombres, la Última Noche, la batalla de Desembarco del Rey, la proclamación del Rey en el Norte, Podrick cantando... 

Ocho temporadas en que hemos visto el desarrollo de una miríada de personajes. Desde los castigados chicos Stark, Brienne, Sir Davos, Jaime, Podrick, Bronn, Meñique, Hodor, Theon Greyjoy, Daenerys, Cersei, Podrick, Varys, Melissandre, Missandei, Gusano Gris, Stannis, Tywin, El Perro, Ramsay Bolton, Sir Barristan Selmy... Tyrion.....



Todos ellos han sido bandeados por los azares del destino, se han visto al borde del abismo, se han recuperado y han vuelto a caer. Muchos han muerto, a menudo de las formas más variadas y truculentas... 

Y Tyrion, superiviviente como pocos, que se convierte en uno de los personajes más carismáticos y con más matices, quizá junto con Sansa Stark. Algo que pocos podrían suponer cuando los conocieron, superficial una, cínico el otro.... Carne de cuervo, ambos, aparentemente, pero poco a poco se van encaramando a una montaña creciente de personajes muertos y, aunque lo pasan realmente mal, consiguen sobrevivir. 



Las ocho temporadas se pueden dividir en dos fases bien determinadas: las primeras seis y las últimas dos. No solo por la duración (las primeras temporadas son de diez capítulos cada una, mientras que las últimas dos temporadas tuvieron solo siete y seis episodios, respectivamente), sino por un cambio brutal de ritmo que no gustó a todo el mundo. 

De ser una serie que se distinguió por el gusto por las historias, se pasó a una serie apabullante en lo visual pero que descuidó eso que la marcó. Quizá por las prisas en cerrar satisfactoriamente las ocho temporadas, pero ese descuido sirvió para no explicar en detalle la evolución de personajes clave y que la última temporada, salvo momentos estelares en la cabeza de todos, sea de lo más discutido de los últimos años y que incluso sufrió movimientos de fans pidiendo que se cambiara el final. 




La serie fue separándose progresivamente de los libros, al principio con cambios menores y luego cada vez más, pienso que preparándose para cuando llegara el momento de superar los libros publicados. La pregunta ahora es, ¿qué pasará cuando se publiquen los, al menos, dos libros que faltan? Si es que se publican, claro, que la cosa está por ver. Y, si se publican y el final difiere del mostrado en pantalla, ¿con cuál nos quedaremos?

lunes, 21 de septiembre de 2015

Juego de Tronos (T5) o el efecto mariposa

La quinta temporada de Juego de Tronos confirma la separación del hilo argumental respecto a la serie de libros en la que se basa. 

Como si de la teoría del caos se tratara, los cambios fueron sutiles al principio. Pero con el paso del tiempo hay hilos argumentales que se han separado kilómetros de aquellos de los que nos enamoramos en los libros. Como el aletear de la mariposa del Sur de América que se convierte en una tempestad en el Atlántico Norte.

Esa es la novedad más importante en el desarrollo de la serie que, por otra parte, continúa con su espectacular desarrollo. Los distintos hilos argumentales mantienen el interés y hace que sea prácticamente imposible discutir sobre ellos so pena de meter un SPOILER muy grande (tranquilos, falsa alarma; no voy a comentar la tan discutida escena final del último capítulo de la temporada) aunque a estas alturas de la vida, uno tiene que desaparecer de la faz de la tierra hasta un recóndito lugar sin wifi para que no le lleguen ecos de las discusiones más encarnizadas de la historia de la televisión.

Tyrion, filósofo

 Tyrion sigue siendo un crack, un Lannister y un consejero sin igual. Brienne de Tarth y el fiel Podrick son de los personajes más honorables de un elenco lleno de claroscuros. Cersei, odiosa. Stannis un poco odioso también, sobre todo después de hacer... eso. Ramsay Bolton no es solo odioso, sino que da grima. Hediondo/Theon da asco... y pena. Arya se pasa de lista. Sansa es bella, dulce y le pasa... eso. Jon Nieve hace lo que tiene que hacer hasta... eso. 

Los caminantes blancos han llegado ya. Los reinos de los hombres deben prepararse, pero sucede... eso. 

Y los dragones...  Ser Barristan, Gusano Gris, Missandei, Ser Davos, Melissandre... cuántos personajes, cuántas historias. Qué lío. 

La dulce Missandei


Vale que las historias se separan de los libros. Puede ser un mecanismo de autoprotección, porque prácticamente han alcanzado al bueno de George R.R. Martin y corren un serio riesgo de quedarse sin material. Parece que no les importan y que desarrollarán los distintos argumentos de forma independiente a las novelas, lo que abre un interrogante si finalmente se produce el sorpasso: ¿qué final nos gustará más? Y, también... ¿habrá spoilers en la serie de los futuros libros?

Y la más dulce Sansa


Ains, ardo en deseos de leer el nuevo. Se espera para 2016. 

También ardo en deseos de ver la sexta temporada... 

Un crack, total.


domingo, 5 de octubre de 2014

Juego de Tronos (T4)

Tras el final anticlimático de la T3 de Juego de Tronos (cierto es que era muy difícil superar lo sucedido en el capítulo 3x09), había que ver lo que la nueva temporada nos tenía preparado. Y la verdad es que no ha defraudado en absoluto. 

Después de un primer capítulo de transición (normal, después del tiempo que pasa entre temporada y temporada hay que sacrificar metraje para volver a poner en situación al espectador), el capítulo 4x02, El león y la rosa,  marca ya la pauta de esta temporada: las continuas sopresas y el espectáculo televisivo. El capítulo es de los que se recordarán durante muchos años.

Pero el momento más espectacular, sin duda, de esta temporada y quizá de todas, es el final de 4x08, La Montaña y la Víbora. Son cinco o seis minutos épicos, con un final inesperado totalmente (para los que no hayan leído los libros, claro) y, por qué no decirlo, bastante desagradable. Un final de los de aguantar la respiración y darte cuenta que tienes que volver a inspirar. Tremendo, de verdad.

Como ocurría en la temporada anterior, había que hilar fino para superar lo que habíamos visto ya. Entonces llega 4x09, Los vigilantes del Muro. Pedazo de capítulo, este en su totalidad, echando el resto en efectos especiales computerizados. Vemos por fin a la horda de Mance Ryder, con gigantes y mamuts entre ellos. El capítulo está plagado de pequeños momentos épicos, pero éste todavía me pone los pelos de punta:



Ahora habría que preguntarse quién hace un muro de hielo tan alto y le abre un túnel tan grande que pasa hasta un gigante sin siquiera agacharse. Cosas de la Fantasía. Pues el mismo que monta una guadaña en lo alto de la pared... Hay que verlo, también. 

Y, por último llega 4x10, Los niños. Un gran cierre de temporada en el que Tyrion tiene su dosis de protagonismo. Un personaje golpeado y maltratado desde hace muchos capítulos, pero que obtiene por fin una ración de honor que le vendrá muy bien. Veremos también a Lord Tywin sentado en el trono, negociando con su hijo pequeño.

El parecido con la historia de los libros sigue siendo notable, aunque hay varias pequeñas diferencias que no sé muy bien si tendrán influencia más adelante. No comentaré nada, no obstante, por el riesgo que supone hablar más de la cuenta y ESPOILEAR la historia más allá de lo razonable. 

Una gran temporada, sí señor, con grandes datos de audiencia en Estados Unidos (entre seis y siete millones en cada capítulo), multiplicando por tres la de la primera temporada. No en vano ha sido renovada por dos años más. 

Es de nueve






martes, 31 de diciembre de 2013

Juego de Tronos (T3)

Me toca ahora hablar algo de la adaptación de las novelas de George Martin a la televisión, con la tercera temporada de Juego de Tronos.

Lo primero que me viene a la cabeza es alabar la valentía de la serie. No temen adaptar los sucesos más tremendos de los libros, aún a pesar de que no se estila eso de pasar la cuchilla y segar personajes de ese calibre con tal frecuencia. 

Esta tercera temporada quedará marcada por el espectacular noveno episodio: 3.09 Las lluvias de Castamere. Espectacular por lo que se dio en llamar la boda roja. Tremendo. 

Ya lo había leído, por supuesto. Recuerdo que vivía en Madrid y que estaba, como de costumbre, leyendo un rato antes de echar una siestecita, cuando llegué al capítulo en cuestión. Flipé. Y cuando me repuse, pillé tal cabreo que tiré el libro y no lo cogí en unos cuantos días. 

Este tío es el p... amo

Digo, pues, que ya sabía lo que me iba a encontrar. Pero aún así la adaptación a imágenes es brutal. Mejor de lo que me esperaba, de echo hecho (¡ups!)

Las reacciones no se hicieron esperar y HBO perdió unos cuantos abonados que se dieron de baja después de ver el capítulo. Los videos con las reacciones más dispares circulan por la red, pero no las voy a enlazar aquí por aquello de los spoilers. Tendréis que buscarlas en google / youtube.

Por lo demás, la temporada es bastante tranquila. Lo que más me gusta es la profundización en el personaje del matarreyes, Jeimi Lannister (que ya ocurría en los libros, por cierto), mucho más rico en matices y que se convierte, mal que me pese, en un personaje de los más atractivos. 

La historia de Jon Nieve es un poco de transición, esperando que lleguen tiempos mejores.

No sabes nada, Jon Nieve


Y ver a Daenerys / Emilia Clarke, resulta una delicia. Parece ingenua, parece una idealista, pero se las da con queso a los esclavistas que se encuentra. Mola y además es guapa. 

Y me gusta también el caballero de la Cebolla, el ex-contrabandista Davos Seaworth. A pesar de que quiere pasar por pragmático, resulta ser un idealista que no duda en enfrentarse a su rey, el inflexible Stannis Baratheon, por lo que cree justo. 

Brienne de Tarth, o el poder del maquillaje


De todas las decisiones de la temporada, la que menos entiendo es por qué programar el clímax (la boda roja) en el penúltimo capítulo de la temporada. A partir de ahí, solo puedes ir hacia abajo. No sé, yo no lo habría hecho así...

Pues eso, que la temporada, aunque solo sea por el capítulo 3.09, se merece un ocho. Ardo en deseos de ver la cuarta temporada.

¡Ah! Joffrey, eres un crío odioso.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Dragones que bailan

Han sido casi cinco años de espera desde Festín de Cuervos hasta que al final he podido disfrutar de Danza de dragones. Cinco años que se han hecho muy duros, porque no se puede decir que FdC fuera un libro intenso. La decisión de Martin de dividir el cuarto volumen en dos tomos, debido a la extensión que iba tomando la cosa, podía parecer acertada, pero lo que pasó fue que en el cuarto volumen publicado nos vimos sin la mayoría de los personajes más carismáticos, aunque algunos como Jaime Lannister fueron un gran descubrimiento. 



Ahora, en DdD, volvemos a disfrutar de ellos: Jon Nieve, Daenerys Targaryen, Arya Stark, Tyrion Lannister... Aparecen otros puntos de vista muy interesantes (Theon y Asha Greyjoy, Barristan Selmy) Todos nos dan momentos sin duda memorables y algún que otro ladrillo, la verdad. 

Estamos de vuelta a la mejor localización que puede haber a día de hoy en la Fantasía Épica: el Muro. Así con mayúsculas. Porque no estamos hablando de una valla, no. Ni de un muro. Hablamos de un Muro, todo de hielo, de chorrocientos metros de anto por porrocientos metros de ancho y cienes de kilómetros de largo. Un muro de Adriano a lo bestia. 

También volvemos a las Ciudades Libres, con una guerra de por medio... y dragones. 

Y la cosa se complica en cuanto a culos candidatos a sentarse en el Trono de Hierro...

Y tenemos un par de sorpresas de esas que dejan sin aliento. Martin sigue siendo tan perro como siempre y no da tregua ni a protagonistas ni a prersonajes. 

La verdad es que estamos en el quinto volumen y parece que la serie va a tener siete en total. Pero la cosa, en lugar de irse perfilando para un desenlace que se presume épico, se dispersa en nuevas subtramas de las que no tenemos ni idea de cómo va a salir el orondo deus ex machina en que se ha convertido Martin.

El resultado es que DdD es un volumen algo irregular, con un desarrollo bastante lento que se precipita en las últimas 70-80 páginas y que no satisface muchas de las pretensiones del lector. No se aprecia un avance claro en la historia, más allá de que no es que el invierno se acerque, sino que ya está encima; o que los Otros van a ser quienes finalmente decida quién planta sus posaderas en el Trono de Hierro. 

Las apuestas suben y se pagan en oro bravoosi, amigos míos. 

Acabé un poco defraudado del volumen, aunque no se puede negar que el hombre sigue teniendo un oficio que te cagas y una mala leche impresionante. No llega al nivel de los tres primeros volúmenes de la serie (Juego de Tronos, Choque de Reyes y Tormenta de Espadas) y tenemos la sensación de que este cuarto volumen, finalmente dividido en dos (Festín de Cuervos y Danza de Dragones) no es más que un tomo de transición. 

Por todo esto, vamos a ponerle un siete.

Las previsiones para la publicación del sexto volumen son bastante aventureras. Se dice que para 2014 o 2015, pero Martin habla de que tiene apenas doscientas páginas terminadas de las aproximadamente 1.500 con las que se supone contará. Miedo me da.

Para terminar, alguna consideración sobre la edición española. Gilgamesh ha publicado este volumen en dos tomos, que vende por 38 euros del ala (48 euros la edición en tapa dura en un único tomo). El precio me parece una aberración, la verdad, una pasada para los tiempos que corren. 

Ambos tomos tienen un total de aprox. 1.300 páginas, divididas casi aritméticamente entre ellos. Pero cada tomo tiene solo 548 y 549 páginas de historia. De chicha, vamos. ¿Qué son las 100 páginas restantes, para un total de 200? La interminable lista de personajes y miembros de cada Casa de Poniente y Aledaños. No está mal, claro, pero no hacía falta repetirla en los dos tomos, digo yo. 

Eso, y que la edición en tapa dura saliera antes que la normal, me ha tocado bastante las narices, la verdad. Después de haberme pillado todos los volúmenes en edición normal, no pensarán ahora que voy a cambiar a estas alturas... No quedaría bien en la estantería.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Canción de Hielo y Fuego

Hace unos meses hablaba de George Martin durante mi reseña de El sueño del Fevre. Hoy retomo su obra, más concretamente la serie de Fantasía Épica titulada Canción de Hielo y Fuego (ojo, si buceáis mucho por  el enlace puede que sepáis más de lo que quisiérais si pretendéis leer la serie).

Supe de ella leyendo un artículo de la última temporada en español de la revista Dragön, en la que se daban algunas pinceladas del uso del sistema d20 en la ambientación de la serie de Martin. Por aquella época yo vivía en Madrid, así que me dirigí a la tienda de Generación X más cercana y me compré los dos primeros tomos a la vez. Así, a lo bruto. El tío de la tienda me puso los libros por las nubes, así que me fui a casa más o menos tranquilo.

He de decir que se quedaba corto. Es lo mejor que he leído del palo en los últimos diez o quince años, junto con la saga de Geralt de Rivia y el descubrimiento que fue El nombre del viento, de Patrick Rothfuss, y del que ya hablé aquí.

La saga está compuesta, por el momento, por los títulos Juego de Tronos, Choque de Reyes, Tormenta de Espadas y Festín de Cuervos. Se espera la publicación para este año 2010 del siguiente volumen, A Dance with Dragons, en inglés. La serie se supone que contará con dos títulos más, hasta un total de siete.

Está basada en un mundo parecido a la europa medieval, con un gran reino dividido en distintos señoríos que se relacionan entre sí desde un punto de vista de vasallaje, un sistema feudal totalmente piramidal. Al oriente de este reino, que ocupa todo un continente, se encuentran islas divididas en ciudades-estado y grandes estepas dominadas por clanes errantes que recuerdan en gran medida a los hunos. La historia principal recoge influencias de la Inglaterra del siglo XV, durante la Guerra de las Dos Rosas. En el lejano norte, a modo de muro de Adriano, se encuentra el Muro, una enorme estructura de hielo en continua reconstrucción, que separa las tierras de los hombres de la invasión de Los Otros, fantasmas del pasado de los que hace siglos nada se sabe pero cuyo nombre se susurra y sirve para amedrentar a los niños desobedientes. La Guardia de la Noche es la orden, casi monacal, que sirve de defensa ante un posible ataque. Otrora un cuerpo de élite, cuya pertenencia otorgaba prestigio, ahora está compuesto las más de las veces por delincuentes que han sido condenados a "vestir el negro". Tras décadas de buen tiempo, las señales son cada vez más claras: se acerca el invierno y, con él, llegarán Los Otros.

La historia comienza con la visita del rey Robert Baratheon a su viejo amigo, Lord Eddard de la casa Stark, señor de Invernalia, en el lejano norte. Tras la muerte de Jon Arryn, antiguo tutor de ambos y Mano del Rey, Robert pretende que Eddard acepte el cargo de máximo consejero de la corona. A partir de ahí se desencadenan los acontecimientos, magistralmente narrados por Martin, que cada vez se complican más y más.

La estructura de cada novela se basa en capítulos narrados desde el punto de vista de uno de los personajes. Hay muchísimos, unos más importantes, otros menos, pero todos ellos desarrollados de tal forma que es imposible considerarlos buenos o malos. Todos ellos tienen una motivación y algunos caen más o menos simpáticos, pero todos evolucionan con el pasar de las páginas (cada tomo cuenta con unas 800 o 900, todo hay que decirlo), de tal forma que no es extraño que el lector coja cariño a alguno al que hasta hace poco no podía ver.

El trabajo de Martin es ingente. Cientos de nombres, heráldica, lemas familiares; decenas de lugares, ciudades, villas, con costumbres e historia propias... Todo junto da la sensación de que los personajes vagan por un mundo vivo, en continua evolución. Es como si la Tierra Media la hubieran desarrollado guionistas de Hollywood.

Hablamos de personajes como Eddard Stark, Jon Nieve, Robert Baratheon, Cersei Lannister, Jaime Lannister el Matarreyes, Tyrion Lannister, Ser Davos Seaworth, Samwell Tarly, Arya Stark, Brianne de Tarth, Sandor Clegane el Perro, Ser Gregor Clegane la montaña que cabalga, Ser Ilyn Payne, Ilirio Mopatis, Daenerys Targaryen, Sansa Stark, Qorin mediamano, Theon Greyjoy, Ser Beric Dondarrion, Ser Barristan Selmy.....Todos ellos tienen su momento, todos tienen sus historias detrás, su bagaje, todos están vivos... Pero, querido lector, no te encariñes demasiado con ellos. El mundo de Canción de Hielo y Fuego es duro y algunos no viven para contarlo.

La lectura engancha desde el primer momento. La trama está bien hilada, los momentos de acción se suceden, incluso la épica o la magia aparecen en sus justas pinceladas. Martin es un maestro manteniendo en vilo al lector, dando giros inesperados y, por qué no decirlo, asesinando vilmente a nuestro personaje favorito.

Gigamesh está realizando un gran trabajo, la traducción es excelente, todo es maravilloso. La única pega es que el ritmo de escritura de Martin se hace exasperantemente lento. Los tres primeros tomos salieron en un lapso de cuatro años, para después tener que esperar cinco más para tener el cuarto tomo. Y el quinto saldrá, si todo va bien, cinco años después del cuarto. A este ritmo, nos quedan diez años para ver el final de la historia. Esperemos que todos estemos ahí.

Evidentemente, no espero del mismo modo la siguiente obra de Dan Brown.

Por cierto, si alguno quiere saber algo más, visitad el enlace de Asshai en la columna de la derecha de este blog.

De verdad, merece la pena.

"Se acerca el invierno"