domingo, 10 de septiembre de 2017

Los odiosos ocho

Otra vez Tarantino y otra vez lo mismo: una película que me gusta excepto por esa media hora final que se pierde en un baño de sangre sin sentido. Como Django desencadenado, como Malditos bastardos....

En esta revisitación de las historias del Oeste, Tarantino crea un universo entero con un puñado de personajes y dos escenarios: una diligencia y una parada de postas en la que los viajeros pueden descansar, comer, echar un sueñecito y reponer existencias de primera necesidad. 




El inicio y el desarrollo de la película, como siempre, es superlativo. Diálogos ingeniosos y creativos, personajes llenos de relieve, cada cual más atractivo que el anterior, desde el oficial negro de Samuel L. Jackson hasta el cazador de recompensas de Kurt Russell, pasando por el verdugo de Tim Roth. Todos estos personajes van completando un cuadro cada vez más colorido de relaciones entrecruzadas, con detalles tan vívidos como la maldita puerta que no acaba de cerrarse y deja entrar la ventisca cuando uno menos se lo espera. Detalles que hacen que el espectador pierda la noción de estar viendo una película en lugar de una situación real. 

Es por eso que me da rabia no poder soportar a Tarantino, porque cuando se mantienen esas premisas no tiene nada que envidiar a ningún gran director de la Historia. Pero luego se le empieza a ir la pinza y la ensalada de tiros, sangre, vísceras y demás, termina por ser tan desagradable que no puedo terminar la película. 

Me ha pasado ya demasiadas veces, y esta no es la excepción: dejé la película cuando quedaban unos veinte minutos para el final. Demasiado para mí. 

¿Tengo la sensación de perderme algo? La verdad es que sí. Tengo la sensación de haber perdido algo más de una hora de mi tiempo para crearme unas expectativas que sabía positivamente que se iban a ir abajo. 

Ocho, ocho. Los odiosos son ocho. ¿No sabéis contar o qué c... os pasa?


Por cierto, durante un rato largo no dejé de preguntarme por dónde andaba Channing Tatum. No tardé en llevarme una desagradable sorpresa, aunque no tanto como la que se llevó Samuel L. Jackson.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Donde los escorpiones

Lo último de Lorenzo Silva, de Bevilacqua y Chamorro, transcurre en Afganistán. O sea, donde los escorpiones, durante la intervención española en aquella guerra que lo fue en todo menos en nombre. 

Resulta que en la misión española se sucede el asesinato de uno de los militares allí destinados y nuestros bravos protagonistas se ven enmarronados para tratar de esclarecer el espinoso asunto, porque no deja de ser espinoso que en una base militar aparezca un fulano degollado sin que nadie sepa nada de nada.



La novelita (por ajustada en cuanto a su longitud, nada peyorativo) de Lorenzo Silva sigue el mismo patrón de las anteriores entregas de la serie, poniendo en situación al lector y dando un poquito más de relieve a los protagonistas (a los dos principales, Bevilacqua y Chamorro, porque los otros secundarios siguen siendo un poco planos). Además, a la habitual puesta en escena del caso y sus ramificaciones, tenemos que añadir la preparación del viaje a la zona de guerra, un viaje que se resuelve con relativa rapidez para evitar que la tensión decaiga.

Una vez allí, es interesante la descripción de la zona, de las relaciones entre los destacamentos de diferentes nacionalidades y con los locales, destacando siempre la situación de privilegio que tienen los muchachos de los Estados Unidos.

Y, como novedad, aprendemos un poco de las diferentes empresas de seguridad, mercenarios de hoy en día, que se encargan de distintos servicios en la zona, servicios que se definen con una sucesión de eufemismos para dar a entender sin nombrar.

No deja de ser curioso la forma de hacer la guerra hoy en día.

Este no es Bevilacqua. Es Silva


Pero volvamos a Donde los escorpiones.  La verdad que, más allá de la ya atractiva descripción de la realidad diaria de los soldados en Afganistán, el caso que se nos presenta es de los mejores que he podido leerle al autor. Con la diferencia además de que el culpable no se nos va a presentar hasta casi el mismo final en un giro argumental solvente y, en apariencia para mí, sólido. O por lo menos satisfactorio.

Añadiré que es de agradecer que Lorenzo Silva no haya caído en la tentación de hacer a nuestros sufridos protagonistas partícipes de una ensalada de tiros, a pesar de que el traslado que realizan durante la novela parecía estar dispuesta a, precisamente, eso. Pero no, me equivoqué y me alegro por ello.

Donde los escorpiones, para pasar un rato de lectura agradable, sin pretensiones.

domingo, 27 de agosto de 2017

La moda de revisiones de clásicos animados

Esto del cine va por modas y parece que, ante una lamentable falta de ideas que ya se va detectando desde hace años, la moda ahora va a ser revisitar los clásicos animados de nuestra infancia y hacer películas prácticamente idénticas en acción real. 

¿Cuál es entonces la motivación que lleva al espectador a gastarse unos buenos euros en películas que es muy probable que se sepa de memoria? Esa es una buena pregunta... En mi caso, la respuesta es tener una niña de diez años a la que todas estas cosas la motivan de una forma superlativa y que, aunque va tomando conciencia de lo que es el valor del dinero, todavía pesa más su inocencia infantil. 

Todo ha empezado con El libro de la selva. Ya sabéis, la historia del niño Mowgli, cuidado por una manada de lobos y al que el tigre Shere Khan desea eliminar a cualquier medio. La historia de Baloo, el oso perezoso y fraternal, Bagheera, la pantera responsable, que cuidarán del niño cuando la manada de lobos vote expulsarle para que el tigre no la tome con ellos.


Visualmente espectacular y con una duración relativamente ajustada (106 minutos) para lo que se estila en la actualidad, me aburrió bastante. Será la falta de novedad... 

Una pena que no poder disfrutar de otro de sus atractivos: las voces de sus protagonistas en versión original (Idris Elba / Shere Khan, Bill Murray / Baloo, Ben Kingsley / Bagheera).

Han conseguido que Shere Khan dé miedito

Los mejores momentos: la serpiente Kaa y la ciudad de los monos con su rey Louie a la cabeza. 

Y la cosa ha continuado con La bella y la bestia, la película que reflotó a la Disney hace la friolera de casi veinticinco años, con unas técnicas de animación revolucionarias por aquel entonces. 

La versión de acción real es prácticamente calcada al original animado, solo se amplía un poco la historia de Bella y su padre y se consigue dar algo más de profundidad a los personajes. Por lo demás, habiendo visto el original más de diez veces, incluso fui a su estreno en el cine durante unas navidades del siglo pasado, no puedo sorprenderme ante lo que estoy viendo.


Aunque se hace también un poco larga (también lo es en el metraje, 149 minutos) en algunos momentos, me gustó bastante más que El libro de la selva. Quizá también porque el original me gusta mucho más. O porque aquí ves a los actores (bueno, a Dan Stevens / Bestia se le ve más bien poco) y se aprecia una buena interpretación. Como la de Kevin Kline (el padre de Bella), Luke Evans (Gastón) yJosh Gad (Le Fou).
 

¡Y soy mas peludo que un oso polaaaaaaar!


Mención especial para estos dos. Gastón llega a convertirse en un ser despreciable (ya lo era en su versión animada) y Le Fou... bueno, digamos que juega bastante con la ambigüedad sexual. Y suyos son los mejores momentos humorísticos de la peli.

¿Emma Watson? Bien, gracias, pero no impresiona...

La cosa va a seguir. Ya están preparando la versión de Dumbo. A ver en qué acaba esto, pero no me termina de convencer.

martes, 22 de agosto de 2017

Una guerra que no podemos ganar

Ya han pasado cinco días de los atentados en Barcelona y Cambrils, y toca hacer alguna reflexión. 

Lo que se me viene a la cabeza es el título de la entrada: ésta es una guerra que no podemos ganar. 

Es una guerra, por que uno de los bandos piensa que lo es y actúa en consecuencia. Por desgracia, ese no es nuestro bando. No pensamos que estamos en guerra, y no actuamos en consecuencia. Nuestro propio buenismo nos va a pasar una factura engordada.

Y no podemos ganarla porque no estampos preparados para ello. Porque da igual a cuántos terroristas, yihadistas, "radicalizados" se detengan. Da igual cuántas células se desmantelen y cuántos atentados se aborten por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Da igual si estamos en Alerta 4 o Alerta 5. Da igual si ponemos bolardos o no. 

Solo hace falta que uno de estos terroristas, yihadistas, "radicalizados" escape de la telaraña, que una célula mantenga su capacidad de operación, y ya tenemos un lío de altas proporciones. 

Aunque vamos aprendiendo a marchas forzadas, este no es el tipo de terrorismo al que estamos acostumbrados, un terrorismo más bien político, practicado por personajes que en el fondo son unos cobardes. Este terrorismo al que nos enfrentamos está practicado por personajes que ven un enemigo en todo aquel que no profese su religión, que no tiene miedo al martirio y que, a falta de medios, hace gala de un ingenio sorprendente. 

¿Qué haces cuando tu vecino, inmigrante de segunda generación, integrado y todo lo demás, de repente da un giro a su vida que pasa por arrebatarte la tuya?

Así que esto va a seguir igual, o peor. Habrá un goteo de casos, de muertos y heridos, por toda o la mayor parte de Europa.Y en España, puerta de esa Europa encerrada en sí misma a través de Ceuta y Melilla, hacía tiempo que tocaba. 

Solo nos queda confiar en esos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que tan bien lo están haciendo, para minimizar los efectos de esta guerra en la que, sin saberlo, estamos inmersos. 

Y convendría poner las cosas en su justa medida. Según estadísticas oficiales, de las casi cuatro mil víctimas de atentados de este tipo, apenas una cincuentena se encuentran en Europa. Lo que viene a sacar otro gran defecto nuestro: el eurocentrismo. Pensamos que nuestras vidas valen más que las otras, por el mero hecho de no ser europeos. 


lunes, 14 de agosto de 2017

Dos mutantes muy suyos


Siguiendo en el afán de ponerme al día con todo lo que he visto y leído, agrupo en esta entrada dos películas que sin duda merecían una propia cada una de ellas. 

Por orden cronológico, la primera de ellas es Logan. La película que merecía un personaje tan carismático como Lobezno y la despedida de Hugh Jackman del personaje. Porque aunque las similitudes físicas entre el actor y el mutante son más bien escasas, hay que reconocer que el australiano lo ha hecho suyo y para toda una generación de espectadores, Lobezno tendrá el rostro de Jackman. Además, no lo olvidemos, es el único actor que ha participado en todas las películas de mutantes. 

Esta imagen tiene algo...


Logan es con mucho, mejor que Lobezno: Orígenes y que Lobezno Inmortal. La primera solo nos dejó un inicio muy acertado y a Liev Schreiber como Dientes de Sable. La segunda nos dejó... bueno, nos dejó. 

En cambio Logan es una película crepuscular, con un Lobezno avejentado, cansado, con sus poderes curativos ralentizados y ocupado en cuidar a un Charles Xavier con demencia senil. Un Charles Xavier cuya enfermedad ha causado la desaparición del resto de la Patrulla X en un incidente comentado pero no explicado (una pena, la verdad) y que cuando pierde la razón se muestra como lo que en realidad ha sido siempre: uno de los mutantes más poderosos del Universo Marvel. 

-Te dije que teníamos que haber girado a la derecha en Alburquerque
-Calla, abuelo
-Vale, pero mi vejiga va a reventar


Durante su intento de desaparecer del mundo, una mujer acude en su ayuda para llevar a una niña a un destino que aparece... en los tebeos de Marvel, una especie de paraíso donde los mutantes viven en paz y armonía. Manda narices. 

Así que un descreido Logan se ve como niñera de una criatura modificada genéticamente que es muy parecida a él.

Mucha sangre y vísceras, porque Logan es una película violenta y despiadada. 

Un descubrimiento, la niña medio española Dafne Keen, que es capaz de transmitir tanto con sus cejas y su mirada. 

Un cierto parecido con el videojuego The Last of Us

Y una despedida a la altura. 

Lynn Collins. No sale en Logan, pero sí en Lobezno: Orígenes
Y en John Carter, ya que estamos


Impagable el tráiler oficial, con esa música de fondo, de Johnny Cash.


El segundo y peculiar mutante es Deadpool, que en castellano se llama Masacre. 

Lo bueno de Deadpool, además de que es una película muy entretenida, es que se toma prácticamente todo a broma. Es un cambio, respecto a las películas de mutantes o superhéroes en general en las que las disquisiciones filosóficas, éticas y morales acaban por marear un poco al lector. 

Wade Wilson es un matón con escrúpulos al que en un momento dado se le diagnostica un cáncer. Desesperado, decide ponerse en manos de un doctor que le promete resultados increíbles gracias a una terapia genética. Lo que buscan en realidad el doctor es despertar un gen X que dice que todos los humanos tienen latente y desarrollar un poder mutante en Wilson para venderle luego al mejor postor. 

Provocador


La terapia tiene éxito, en cierto modo. Wilson se transforma en Deadpool y a sus habilidades como asesino se une ahora un poder de curación y regeneración, basado en su cáncer, que le hace prácticamente inmortal. Si le añadimos un par de katanas como weapons of choice, su parecido con Lobezno se hace más que evidente. 

Lo bueno de Deadpool es que es un friki del cine, la música y la cultura urbana de los ochenta. Además, como dije, no se toma nada en serio y lo demuestra con diálogos descacharrants y una rotura de la cuarta pared que hace que la película (y el tebeo en el que se basa) sea muy fresco. 

Para reforzar el papel mutante, aparecerá un Coloso enorme y una mutante nueva de curioso nombre (Negasonic Teenage Warhead). 

Morena Baccarin sí sale en Deadpool.
Y en V. Y en Firefly. Y en Homeland...


Digamos además que la película es tan sangrienta o más que Logan. Los mutantes se convierten un poco en cine "para adultos". 

Hay quien dice que Deadpool ha venido a modernizar y aportar aire fresco al cine de superhéroes. Bueno, quizá eso sea decir demasiado. Lo cierto es que la película ha quedado entretenida aunque he esperado un poquito más de la cuenta en verla. 



domingo, 30 de julio de 2017

Apocalipsis antibiótico

Llevamos tiempo escuchando y/o leyendo que no utilizamos bien los antibióticos. Al principio la cosa era que interrumpíamos el tratamiento cuando notábamos la mejoría, y los médicos nos decían que así lo que se conseguía era fortalecer la infección, que teníamos que tomar la medicación durante el tiempo estipulado por el médico. 

Ahora resulta que esos tiempos estipulados por los médicos están sobredimensionados y que, siendo realistas, deberíamos tomar las pastillas durante aproximadamente la mitad del período al que estamos habituados, o sea, entre tres y cinco días (dependiendo de la infección). 

Hay que añadir que en la década de los setenta y los ochenta del siglo pasado se vivió un cierto boom de los antibióticos y que se recetaban para todo. Incluso, los padres no estaban contentos cuando el médico no quería recetarlos y removían Roma con Santiago para conseguirlos. Incluso si la infección no era bacteriana (poca gente sabe que los antibióticos no son efectivos contra los virus que, en realidad, no están vivos en el amplio sentido de la palabra). 

Sin olvidar el uso indiscriminado que se ha realizado tradicionalmente de los antibióticos en la ganadería, llegando trazas de ellos a la población humana a través de la carne y la leche. 



¿Qué hemos conseguido? 

Muchas de las infecciones que hace un tiempo se combatían con relativa facilidad, son cada vez más difíciles de tratar debido a una creciente inmunidad de las bacterias que las causan, gracias a esta sobreexposición a los antibióticos. No debemos olvidar que las generaciones en el caso de las bacterías pueden durar horas, quizá días, por lo que la probabilidad de mutación y evolución es infinintamente más grande que en el caso de los seres vivos superiores. O sea, que una inmunidad aleatoria de una bacteria a un antibiótico es una ventaja evolutiva gigantesca y su cepa será dominante en breve tiempo. 

Saltan a los medios de comunicación, todavía de vez en cuando, noticias sobre casos de infecciones ultrarresistentes a los antibióticos más comunes. En el caso de los hospitales, esto debe ser bastante común debido al ambiente en el que se mueven. Incluso se dan casos en que los antibióticos de última elección, nuestra "última barrera de defensa", son efectivos a duras penas. 



¿Qué futuro se abre ante nosotros?

Si no conseguimos revertir esta situación, si las cepas resistentes siguen multiplicándose, enfermedades que creíamos erradicadas como la tuberculosis, serán cada vez más y más comunes. El problema es que el tratamiento será cada vez más difícil. Con el añadido que la densidad de población es exponencialmente superior a la de los siglos XVIII o XIX y, con ella, la facilidad de contagio.

En la práctica, volveremos ciento cincuenta años atrás, cuando todo el mundo, desde los más pobres a los más ricos, vivían con miedo a que una infección ordinaria se complicara y acabara con nuestra vida o la de nuestros allegados. 

Si no se sigue investigando el desarrollo de nuevos antibióticos, cada vez menos de moda porque dejan poco dinero a la industria farmacéutica, incluso los antibióticos de última elección dejarán de ser efectivos. 

Es de esperar que la esperanza de vida se desplome a niveles de hace décadas. Cuando eso ocurra, los que hayamos vivido en los tiempos de bonanza actuales, miraremos atrás con añoranza y al futuro con aprensión. 

Cuando mi abuelo Moisés nació en 1900, la esperanza de vida en España era de apenas cuarenta años. Murió en 1989, seguramente en gran medida gracias a los antibióticos. Esto puede pasar al revés con relativa facilidad.




Hay quien dice que la amenaza de un apocalipsis antibiótico es mayor y más preocupante que la del cambio climático.

Para echarse a temblar. 

jueves, 27 de julio de 2017

Los casos del Departamento Q

He caído en la moda de la literatura negra nórdica con los casos del Departamento Q, una serie de novelas del autor danés Jussi Adler-Olsen. 

Y es que esto de la literatura negra nórdica es una moda fuerte: desde Stieg Larsson y su trilogía de Millenium, pasando por Camilla Lackberg, Jo Nesbo, Asa Larsson... sin olvidarnos de Henning Mankell, están siendo todo un fenómeno mundial. 


El padre de la criatura


Oí hablar muy bien del Departamento Q y me puse a ello. No me defraudó ninguna de las historias (he leído las seis que creo que están traducidas al castellano) y ahora me queda pendiente ver las películas, telefilmes más bien, basados en estos libros. 

El autor, a través del inspector de policía Carl Morck, nos deja ver en cada título una porción de la sociedad europea en general, nórdica y danesa en particular. Y comparte mucho con los otros autores mencionados, por ejemplo esa sordidez que se encuentra al poco de rascar en la brillante superficie. 



En La mujer que arañaba las paredes se cuenta el origen del Departamento Q, encargado de reabrir casos antiguos que se cerraron en falso. En esta ocasión será la desaparición de una brillante mujer, rutilante figura en el escenario político danés. Su desaparición encierra una historia de venganza, madurada durante años y llevada a cabo con una frialdad enfermiza. 



La segunda novela, Los chicos que cayeron en la trampa, se centra en un grupo de jóvenes de alta cuna, acostumbrados a hacer todo lo que desean y dejarse llevar por las pasiones más desenfrenadas hasta que nada les sacia y deciden dar un paso más allá: la caza mayor, la del ser humano. Una de ellos, ahora convertida en una persona sin hogar, servirá para tejer la historia y resolver diversos asesinatos. 



El mensaje que llegó en una botella empieza de una forma rocambolesca: el mensaje que un adolescente dejó caer al mar cuando estaba a punto de ser asesinado aparece después de varios años en las costas de Escocia. El mensaje, escrito con sangre y prácticamente ilegible, llegará al Departamento Q, que terminará capturando a un despiadado asesino en serie. 



Expediente 64 es otra historia de venganza que perdura a través de los años, enmarcada en cierto programa de eugenesia activa y más o menos declarado del gobierno danés en los años sesenta y setenta del siglo pasado. Una de sus víctimas terminará por deshacerse de todos aquellos que la hicieron daño en su juventud. Todo ello dando un pequeño paseo por las cloacas del populismo de extrema derecha. 



El efecto Marcus comienza con una historia de corrupción en un departamento de cooperación internacional de Dinamarca, y un muerto descubierto por error por Marcus, un joven gitano que se gana la vida con pequeños hurtos en la capital danesa. Es una historia además que toca la fibra, porque Marcus intenta por todos los medios escapar de su aparente destino y parece traer la desgracia a todos aquellos que se preocupan por él. 



Para finalizar Sin límites, en la que los celos sustituyen a la venganza como sentimiento de base, en un entorno relacionado con las nuevas religiones, neo hippismo y demás. Bueno, esto no es del todo cierto, porque si bien los celos es lo más aparente, también la venganza está presente, aunque en un segundo plano y sin asomar la cabeza hasta los capitulos finales. 

Todos estos títulos no son whodunits de estilo clásico. Más bien, el lector sabe a quién busca el sufrido Departamento Q y según pasan las páginas las diferentes historias van convergiendo en una suerte de climax final. Esto lo hace bien Jussi Adler - Olsen, produciendo libros que el lector quiere leer. Parece una perogrullada, pero no es ni será el último libro del que paso las páginas de una forma más o menos mecánica esperando que llegue el final. No ocurre así con el Departamento Q, creedme. 

Carl y Assad


¿Y qué es eso del Departamento Q? Pues seguramente el punto fuerte de la serie: sus personajes. Compuesto de una pandilla bastante disfuncional, con el inspector Carl Morck a la cabeza. Separado, superviviente de un tiroteo, vive con uno de sus compañeros que quedó paralítico en la misma acción, un hijo postizo y un inquilino con una fabulosa colección de playmobil. 

Assad es el ayudante de Carl y, quizá su amigo. En cada libro vemos algún retazo más de su personalidad, pero poco de su historia personal. Una historia personal que promete bastante, todo sea dicho. Un chiste recurrente es su dificultad al entender algunos giros del danés y los equívocos que llegan, entonces. 

Rose es la segunda ayudante de Carl, descrita en los libros como alguien a medio camino del punk más clásico, brillante y con un inquietante desdoblamiento de la personalidad en algunas ocasiones. 

Los libros del Departamento Q son algo que no puedo dejar de recomendar. 

 

domingo, 23 de julio de 2017

El cuerpo

No suelo ver cine español, la verdad. Un cine que vive en su mayor parte de subvenciones que se entregan con independencia de la calidad del producto no me parece la mejor forma de asegurar esa misma calidad. Además, y aunque no tenga nada que ver, he de confesar que no soporto a Pedro Almodóvar ni he visto completa ninguna de sus películas. Ni ganas que tengo, vamos...

Pero está claro que no vale generalizar y a veces encuentras películas que merecen mucho la pena y las subvenciones que haya podido recibir. Yo lo hice con El cuerpo



Y eso que la cosa no prometía para nada: Hugo Sivla (¡nah!), Belén Rueda y su permanente gesto de asquito y José Coronado. Bueno, también estaba el peinado de José Coronado....

Hugo Silva es Álex Ulloa, un prometedor químico que se casa con Mayka Villaverde (Belén Rueda), la madura dueña de unos laboratorios químicos. Mayka no pierde ocasión en hacer ver a Álex a quién le debe todo lo que es, no duda en dejarle en evidencia delante de otros ni repara en que sus bromas ácidas no acaban de gustar a su chico. Mayka Villaverde es una persona acostumbrada a que los demás salten cuando ella grita ¡salta!. 

Pero Álex cree que merece más, que por sí mismo es válido para la empresa y para la Universidad, en la que también da clases. Y, como la carne es débil, conoce a la dulce Carla (la funcionaria del tiempo Aura Garrido), una cosa lleva a la otra y de ahí a pensar deshacerte de tu mujer no lleva más que un paso. 

Y, claro, Mayka muere de una causa en apariencia natural.

Ahí entra en discordia el inspector Jaime Peña (José Coronado y su peinado), que desde el principio sospecha de Álex. Incluso cuando la cosa ya riza el rizo y el cuerpo de Mayka Villaverde desaparece de la morgue, al parecer por su propio pie. El despiporre, vamos. 

Ese peinado, amigos, ese peinado


Una atmósfera un tanto opresiva para el espectador, una tensión en ciertas escenas, sombras que se perciben, pruebas incriminatorias que aparecen como por arte de magia, coches con las luces encendidas, interrogatorios continuos, la cara de Álex, demacrado y agotado, el pelo de José Coronado.... Nada que no hayamos visto ya en el cine, pero que sigue siendo igual de efectivo. Por lo menos a mí me tuvo en vilo un buen rato. 

Y el giro final... no lo vi venir. Es lo que le da a la película una sensación de redondez total y absoluta. Una película que ha sabido llevarme hacia una dirección y que, sin que yo me diera cuenta, me ha mostrado otra realidad que no esperaba. Y sin trampas, ¿ein?

Pero con el pelazo de José Coronado. 

domingo, 16 de julio de 2017

Un poco de cine de (ciencia) ficción)

Intentando poner este diario al día, hoy toca un pupurrí de títulos, todos relacionados con la ciencia - ficción de una u otra forma. 

LOOPER

Bruce Willis y Joseph Gordon-Levitt son la misma persona, pero en tiempos distintos en una sociedad que ha descubierto que es posible enviar a alguien hacia atrás en el tiempo. Asi que lo que hace Joe (el personaje de estos dos) es esperar la entrega en el lugar acordado y ejecutar al desdichado. Hasta que envían a Joe a ser ajusticiado por Joe. 



Estas cosas pasan, y cuando te envían al pasado para ser ajusticiado por tu yo más joven, lo hacen envuelto en lingotes de oro que te ayudarán a pasar la vida hasta que llegue el momento en que te envíen al pasado para que te ajusticie tu yo más joven, envuelto en lingotes de oro que te... Bufff... Es lo que pasa con las pelis de viajes en el tiempo, que dan dolor de cabeza. 

Lo que pasa en Looper es que el Joe joven resulta ser un poco pardillo y la cosa sale rana, así que tenemos a dos Joe en la misma línea temporal... Y todo el sindicato de cronocrímenes los está buscando. 

El Joe joven acaba en la granja de una tal Sara, madre de un chavalín con poderes mentales más en la línea de una peli de mutantes que de una de ciencia ficción. Y el chavalín no es uno cualquiera, sino un personaje central en el futuro, digamos que el eje de todo el tinglado. 

Si los Joes quieren cambiar el futuro, tienen pocas líneas de acción. Pero llegarán hasta el final y...

Bastante entretenida (7,4 en imdb a fecha de hoy). Bruce nunca decepciona. 

INTERSTELLAR

Aunque no está directamente relacionada con los viajes en el tiempo, también hay un cierto lío en ese sentido. 

Ambientada en un futuro no muy lejano, con un planeta Tierra que es cada vez más un reto para vivir, donde las tormentas de arena son el pan de cada día y donde el pan es cada vez más difícil de obtener. Un planeta Tierra en el que la tecnología se ha estancado y ha retrocedido, en el que las infecciones más comunes son un reto y en el que la población es dirigida para que su talento sea lo más provechoso al grupo. 



Matthew McConaughey es Cooper, un veterano piloto de la NASA. Y Murph (interpretada por varias actrices a lo largo de la vida del personaje) es su hija, que se comunica con un fantasma que se manifiesta en su habitación. 

Luego está Michael Caine, un veterano científico, y su hija (Anne Hathaway), que tienen un plan para salvar a la Humanidad: enviar naves con seres humanos a través de un agujero de gusano que da a otra parte del Universo y que al parecer unas inteligencias alienígenas han puesto ahí para nuestro beneficio. De hecho, hace algunos años que se enviaron unas naves a través de esa ventana, pero ninguna ha regresado. 

Cooper es el encargado de pilotar esa nave, y a partir del momento del despegue es donde se lía la línea temporal, incluyendo efectos relativistas. Porque Interstellar es un poco cifi-hard en ese sentido y no escatima efectos. 

Además de tener el atractivo de un robot militar poco paranoico (ni mucho menos es un nuevo HAL) y que actúa a veces como alivio cómico, o de poder ver a Matt Damon en un papel poco convencional y sorprendente. A pesar de ser una película que quiere ser magnificente y sesuda. A pesar de las casi tres horas de metraje (excesivo). En realidad Interstellar no es más que una historia de un padre y su hija, y de su lucha por reencontrarse. 

Entretenida, pero bastante sobrevalorada (8,6 en imdb). 

CÓDIGO FUENTE

¿Qué ocurriría si el cerebro de un fallecido pudiera almacenar algo así como un cuarto de hora de recuerdos?

¿Y si alguien encontrase la manera de, no solo leerlos, sino introducir a una tercera consciencia que reviva esos recuerdos y pudiera interactuar con ellos?



Esa es la premisa de Código Fuente, en la que Jake Gyllenhall es el encargado de revivir una y otra vez los recuerdos de otra persona y tratar de descubrir al terrorista que ha puesto una bomba en un tren. 

Poco a poco, tras cada intento, la cosa se va complicando. Como si fuera un videojuego. Y también está Christina (Michelle Monaghan), con cuyo recuerdo habrá una cierta tensión sexual no resuelta (¿es posible enamorarse de un recuerdo de otra persona?)

También muy entretenida (7,5 en imdb), tiene a su favor que dura aproximadamente una hora y media. O sea, que lejos de eternizarse, cuenta lo que tiene que contar y como lo tiene que contar. Lo que no deja de ser agradecido en los tiempos que corren. 

¿He dicho ya que sale Michelle Monaghan?



EX MACHINA

En esta película, hasta cierto punto intimista, Caleb resulta seleccionado para hacer una visita de una semana de duración al rancho secreto de Nathan, genio de la tecnología para cuya empresa trabaja. El motivo, realizar el test de Turing a un androide desarrollado por Nathan, con apariencia de mujer y que se llama AVA. El objetivo, descubrir si es realmente una inteligencia artificial con todas las letras. 



Ex machina es una película en ocasiones opresiva. Solo dos personajes humanos (Nathan y Caleb) y otros dos personajes mecánicos (Kyoko y Ava) en un escenario inalterable (el rancho subterráneo de Nathan), solo aliviado por alguna rara salida al exterior. Unos personajes que no paran de jugar a la ambigüedad entre ellos.

Y ahí, un drama de egos, celos y fría planificación, con una cierta tensión sexual no resuelta y antinatural entre Caleb y Ava. 



El final, un órdago a la grande, quizá no demasiado sorprendente, pero que es suficientemente inquietante para lo que la cinta ha ido mostrándonos. 

También entretenida y corta. O, más bien, ajustada.


domingo, 9 de julio de 2017

The imitation game

Dicen los expertos que descifrar el código de la máquina Enigma salvó vidas y acortó el rumbo de la Segunda Guerra Mundial. Enigma, un código diabólico y considerado indescifrable, pudo romperse gracias a una mezcla de tesón (el del grupo de desencriptadores en Gran Bretaña) y fortuna (la captura de una máquina Enigma completa y funcional y un libro de claves). 

El grupo de desencpritado más importante se encontraba en las instalaciones de Bletchley Park y ellos se llevaron el mérito de ganar esta guerra secreta. 


Benedict Cumberbatch, el Alan Turing de ficción


Secreta no solo porque se luchaba con el intelecto y no con la fuerza de las armas, sino que tras el desencriptado del código, los Aliados actuaron de tal forma que los alemanes no sospecharon que su código indescifrable había sido vulnerado. 

En Bletchley Park se dieron cita algunos de los cerebros más brillantes del Imperio Británico de entonces, matemáticos en su mayoría, y genios precoces en su campo. Pero, sin duda, sobre ellos destaca el genio de Alan Turing (Benedict Cumberbatch)

The imitation game es la historia, más o menos verídica, de este grupo y de Alan Turing. Nos cuenta las vicisitudes que tuvieron que pasar, los altibajos emocionales y cómo la particular personalidad de Turing fue una fuente de problemas de convivencia durante mucho tiempo, pero también un mal menor por poder contar con su genio. 

Alan Turing, el de verdad

Mediante una narrativa que entremezcla el pasado (años cuarenta) con el presente (años 50), se ahonda también en los aspectos más escabrosos de la biografía de Turing: su homosexualidad y su condena a la castración química que le llevó al suicidio con poco más de 40 años. Solo después de sesenta años recibió el "perdón real". 

La verdad es que la película no aporta gran cosa sobre otros biopics. No en vano, muchos de ellos buscan ser más una hagiografía del personaje que una narración fiel a los hechos sucedidos. Y, para qué negarlo, en algunos momentos resulta aburrida. Incluso bastante aburrida. 

Como suele ser habitual, solo la presencia de Benedict Cumberbatch es suficiente para elevar el nivel, pero en esta ocasión no me parece suficiente. 

Una peli sobrevalorada en exceso, quizá por el gusto que hay por este tipo de películas y porque suelen venir cargaditas de premios y nominaciones.

viernes, 30 de junio de 2017

La corona del pastor

Ha llegado el momento, retrasado de forma inconsciente, de hablar de La corona del pastor, la última novela de Terry Pratchett sobre Tiffany Dolorido. No solo eso. La corona del pastor es la ÚLTIMA novela de Terry Pratchett, tristemente desaparecido hace ya más de dos años cuando contaba con apenas sesenta y seis. Todavía joven. 



Es un momento agridulce. Siempre es agradable de hablar sobre la obra de Pratchett, pero en este caso no es una cosa que apetezca demasiado. Han sido cerca de veinticinco años, cuarenta y una novelas, miles de páginas, decenas de horas de disfrute. Y lo peor es pensar que no va a haber nada más. 

Esa es la idea que revoloteaba sobre mi cabeza según iba pasando las páginas. Y, en cierto modo, esa es la idea que no me permitió disfrutar del todo del libro, porque la cabeza se me iba, una y otra vez, a lo mismo.

Un libro en el que la idea de la muerte está presente de forma continuada. Supongo que es una idea que Pratchett debería también tener muy presente, puesto que vivía con una fecha de caducidad cada vez más cercana. Y esa idea, y sobre todo cómo los que se quedan reaccionan ante la muerte de un ser querido, es la base del libro. 



Desde el principio. Desde la muerte de uno de los personajes icónicos de Pratchett. Un personaje del que nunca se hubiera sospechado que va a morir, pero que es muy consciente de ello y dedica su último día a prepararse a conciencia. 

A partir de ahí, la vida de Tifanny Dolorido, y de todas las brujas (y algún brujo novato) del Mundodisco, se verá puesta patas arriba, con resultados imprevisibles.

Y hay elfos. Pero no los elfos de Tolkien, sino los caprichosos y malvados elfos de las mitologías nórdicas y anglosajonas (como en La espada rota de Poul Anderson, que también he reseñado por aquí), que llevan las pasiones a las cimas más elevadas pese a quien le pese. 

Así hasta el final, en el que los distintos hilos narrativos tejidos durante tantas páginas, se van cerrando. Esta vez para siempre. 



O sea, que es momento de decir adiós a Yaya, Tata Ogg, Magrat, el Archicanciller, el Bibliotecario, el Comandante Vimes, el Capitán Zanahoria, Angua, Nobby, sargento Jovial Culopequeño, Rincewind, Dosflores, el Equipaje, Jodido Estúpido Johnson, Yvoyalarruina Escurridizo, el Patricio Vetinari, William de Worde, Húmedo von Mustachen, Cohen el bárbaro, y tantos, tantos otros personajes que han hecho que el Mundodisco sea un lugar lleno de vida en el que he pasado tan buenos ratos. 

Releo la entrada y veo que es de todo menos una reseña. Da igual. 

Ooook!


sábado, 24 de junio de 2017

Elysium

La ciencia ficción es un género que, tanto en la literatura como en el cine, explora los entresijos de la civilización humana y trata de trazar rumbos creíbles y posibles en el futuro. 

Elysium  retrata con esmero cómo podría ser este futuro, en este caso no muy lejano: con un planeta superpoblado y casi agotado, las élites se desplazan a una estación orbital mientras que la inmensa mayoría de sus habitantes se convierten en mano de obra por unas migajas de tecnología.


No es cyberpunk, le falta esa atmósfera oscura, húmeda y opresiva, y le sobra sol, calor, exoesqueletos y sudor. Al mismo tiempo, a Elysium le falta ese glamour que el género de las corporaciones y la inmersión en la red proyecta en el espectador o en el lector. 

¿Qué ofrece entonces Elysium? Pues una distopía interesante y descarnada, en la que el bueno de Matt Damon, el yerno que todo padre quisiera tener, busca su propia curación y la de la hija de una amiga de la infancia con la que se reencuentra por casualidad. 

Para conseguir sus objetivos deberá enfrentarse al sistema establecido. Los privilegiados que viven en Elysium no desean compartir estos priviliegios por miedo a perderlo todo. Y cuando cada uno de ellos dispone de una cámara médica en su casa capaz de obrar milagros como la curación del cáncer en apenas unos minutos, uno puede llegar a entenderlos.


Mira qué mala soy

Es más, no es difícil ver paralelismos con lo que está ocurriendo en el Primer Mundo en general y nuestra Vieja Europa en particular, con las crecientes restricciones a la inmigración ilegal. Elysium es igual, solo que con armas que barren el cielo de lanzaderas no autorizadas cuando osan penetrar en su espacio aéreo. 

Visto así, la historia no es nada nueva. Ni tampoco el desarrollo de la misma. Entonces, ¿qué hace a Elysium interesante? Por un lado una siempre solvente Jodie Foster, en este caso como fría y calculadora dominatrix espacial que hará todo lo que crea necesario para mantener la situación actual. 

Y, por otro lado, el propio Elysium. Una especie de estación espacial que recuerda poderosamente al Mundo Anillo de Larry Niven, aunque de proporciones más modestas. Cuando uno sobrevuela Elysium, ve todo lo que Niven nos describió de un modo menos hard.

¿Cómo termina la historia? Bueno, tenemos a Matt Damon de nuestra parte, ¿no? ¿Hace falta decir algo más?

Elysium no será recordada como uno de los pilares de la ciencia ficción contemporánea, pero esas vistas sí que son inolvidables.

¿Quién dirá que no a una parcelita en Elysium?

domingo, 11 de junio de 2017

Resucitado

Hubo una época en la que el cine que, bien de forma directa o indirecta tocaba el tema religioso cristiano era una moda. El "cine de Semana Santa", con películas como Barrabás, Quo vadis?, La túnica sagrada, La historia más grande jamás contada, Ben-hur, Jesús de Nazaret... luego vino la polémica con Jesucristo Superstar, La última tentación de Cristo, o La pasión (contada por Mel Gibson según, dicen, visiones de Hildegarda de Bingen). 



Después de algunos años de tranquilidad, en 2016 se estrenó Resucitado, protagonizada por Joseph Fiennes y con el malvado Draco Malfoy como secundario de lujo. 

Clavius es un oficial romano en la Judea del año 30, bajo las órdenes del gobernador Pilatos. Durante su estancia allí, el cuerpo de un reciente ejecutado desaparece y, mientras sus seguidores claman que ha resucitado, las autoridades religiosas judías denuncian una estafa destinada a incitar una revuelta en la provincia.

Así que el descreído Clavio se ve envuelto en ese trascendental asunto, que acomete con determinación, dispuesto a desenmascarar el complot actuando como un detective de nuestro tiempo. 

Pero, tras interrogar a diversos testigos y buscar por todas partes esos indicios que llevarían a descubrir un plan para engañar a todo el mundo, no encuentra lo que espera y encuentra lo inesperado: la duda respecto a lo que sucedió en realidad.



Resucitado es, al final, una película que narra la experiencia vital del protagonista y cómo se encuentra a sí mismo. La historia de la resurrección de Jesús de Nazaret es el desencadenante, pero al final resulta ser algo accesorio frente a la evolución de Clavius hasta la conversación que mantiene con el mismo Jesús. 

Una película, en definitiva, previsible, gris y que, sin generar polémica, pasa desapercibida. Tampoco hay mucho que la haga resaltar en el panorama cinematográfico actual, así que viene a ser un poco ni fú ni fá

Vamos, que ni la recomiendo ni la dejo de recomendar.

jueves, 1 de junio de 2017

El séptimo hijo

El séptimo hijo de un séptimo hijo es un niño afortunado. 

Así empezaba uno de los cuentos de El cuentacuentos, (John Hurt). Y la verdad es que, en la Fantasía, ser un séptimo hijo conllevaba una gran responsabilidad (los magos del Mundodisco, por ejemplo). 



En la película El séptimo hijo, el maestro Gregory (Jeff Bridges) deambula por el mundo con su ayudante, un séptimo hijo, ganándose la vida  como cazador de bichos míticos y de mala uva. Un poco como el brujo Geralt de Rivia, pero con becario. 

Una vida difícil y arriesgada, la de un séptimo hijo. 
Y el bueno del maestro Gregory, con su becario Tom Ward (por el que ha pagado a su familia un justo precio) se va a enfrentar a la madre de todas las amenazas, Madre Malekin (Julianne Moore), a la que ya había encarcelado décadas atrás, pero su prisión se ha visto debilitada por la cercanía de una conjunción astrológica.

¿Y cuándo dice que me va a hacer el contrato, maestro Gregory?


Ni qué decir tiene que Madre Malekin está muy enfadada. Lo normal en estos casos, vamos. Y como esa conjunción astrológica cercana va a otorgarla un poder mucho mayor del habitual, el maestro Gregory y Tom se encuentran una papeleta de las buenas entre manos. 

No solo tendrán que enfrentarse a los campeones que Madre Malekin está convocando, sino que hay una cierta tensión sexual no resuelta con una misteriosa joven que tiene a Tom encandilado y algo tontuelo. La joven es su esperanza y también puede ser su perdición, así que ya tenemos cliffhanger

Y no digo más, porque es un frenesí de efectos especiales, criaturas fantásticas, seres endemoniados, magia, la eterna lucha del mal contra el bien. Porque el maestro Gregory, aún desencantado con el género humano, es el último representante de una antaño gloriosa y honorable orden de caballeros. 

Pues eso, un frenesí con todos esos ingredientes que, aunque no resulte memorable, por lo menos nos hace pasar un buen entretenido. Más aún, nos encontramos con una vieja conocida, Antje Traue, que aquí es la hermana de Madre Malekin y madre de la chica en cuestión y que fue una kryptoniana con malas pulgas en El hombre de acero

Lo sé. Esta foto no aporta nada...


También están Ben Barnes (El príncipe Caspian), Jason Scot Lee (Dragón) o Djimon Hounsou (Diamantes de sangre, Gladiator, Guardianes de la galaxia, Push), pero no hay color comparados con frau Traue. 

 Pues eso, entretenida. Un bien.




miércoles, 24 de mayo de 2017

Pax Romana

Me encanta la Historia. 

Me encanta la Historia de Roma.

Pax romana va de Historia de Roma, más en concreto durante las Guerras Cántabras a finales del siglo I a.C.

Y, sin embargo, no me ha gustado... ¿Por qué?



Para empezar, el autor carga demasiado la mano en datos y más datos. Tantos que a veces se le va la pinza y aquello parece más una tesis que una novela. Me parece muy bien que un autor se documente. Es más, si hablamos de novela histórica, un autor debe documentarse. Pero un autor no debe recrearse en estos asuntos y abandonar la historia en sí. Y a mí me parece que el bueno de Yeyo Balbás ha pecado por exceso, mucho más que por defecto, y la novela se ve demasiado sobrecargada. 

Luego, los personajes. La sensación que me da es que son muy peliculeros: un decurión del que nunca se dice el nombre pero que resulta ser una máquina de matar; un protagonista de humilde origen (muy humilde origen) que resulta adoptado por uno de los ingenieros militares más influyentes de la época, adopción que se quiere justificar mediante una rocambolesca historia; unos malos muy malos que persiguen al contubernio del protagonista buscándoles las cosquillas... Y, como no puede ser de otra forma, los protagonistas pronto se ven envueltos en un juego en el que son meros peones.

Basado además en las Guerras Cántabras, el mítico Corocota apenas aparece y, cuando lo hace deja una sensación agridulce, así como la mayoría de los encuentros entre romanos y cántabros que se suceden, incapaces de proporcionar la emoción requerida (salvo para hacernos ver qué bien lucha el protagonista, auténtico esgrimista capaz de blandir dos espadas a la vez... raro para un romano, pero quizá por eso resulta que fue entrenado por un antiguo gladiador...). 

Ya lo siento...


Cogí Pax romana con mucho, mucho interés, pero se ha ido disolviendo como un azucarillo y, aunque es de fácil lectura, también será de fácil olvido. 

¿Algo bueno? Que por lo menos es mejor que la trilogía de Artur Balder.


domingo, 21 de mayo de 2017

Cuatro fantásticos (2015)

Definitivamente, la familia más famosa del Universo Marvel no tiene suerte con sus adaptaciones cinematográficas. 

Después de los dos intentos con Jessica Alba de Sue Storm (no sé a quién se le ocurrió que lo iba a petar) y un patético Victor Von Doom, uno de los peores malvados de las adaptaciones de superhéroes (qué gran oportunidad perdida) en los que quizá lo mejor de todo fue la representación de Estela Plateada y lo peor la forma de representar a Galactus. 

Ni ellos mismos se lo han creído

Y en 2015 se estrena Cuatro fantásticos, otro patético intento de revitalizar a la franquicia que no solo no ha tenido éxito sino que quizá los haya descartado de forma definitiva para nuevas entregas que acabó como el rosario de la aurora durante la promoció de la peli, con el elenco principal incapaz de encajar las críticas. 

Actores sin carisma, errores de cásting. ¿En serio hace falta que Johnny Storm sea negro? ¿No basta con Kingpin y con Heimdall? Aunque los dos últimos fueron Michael Clarke Duncan e Idris Elba, por lo menos eso justificaba la elección, pero en Cuatro fantásticos... ¿en serio Michael B. Duncan justifica esto? 

Vale, no seamos puristas y sigamos adelante: el problema de la cinta es que la idea no es mala, pero la ejecución sí lo es. La historia, aunque llena de tópicos, quizá se pudiera haber mantenido si los pilares hubieran sido otros, pero es que según lo estás viendo piensas que lo que están haciendo es una autoparodia. No se explica de otra forma. 

O que realmente las cabezas pensantes del proyecto no han dado para más, lo cual resulta más preocupante si hablamos de los 120 millones de dólares de presupuesto.

¿Y esto qué es?

Una pena cuando hablamos de un grupo de superhéroes que ha salvado la Tierra varias veces contra Galactus y su hambre incontenible, que ha luchado en las Guerras Secretas contra el Todopoderoso, que tiene uno de los archienemigos más carismáticos en el gran Víctor Von Doom, señor de Latveria... Una familia con contactos con el Imperio Kree y que ha derrotado a los Skrull infinidad de veces... Que quizá en nuestro país no tenga la fama que merece, pero que es Historia viva de los tebeos de superhéroes. 

Y van y les hacen esto... por tres veces. O cuatro, si contamos la adaptación de Roger Corman de 1994 de la que desconocía su existencia hasta que San Google me hizo ver la luz...

Un suspenso doliente para Cuatro fantásticos.  

No se lo merecen