domingo, 19 de noviembre de 2017

Vikingos (T4.2)

Resulta que la cuarta temporada de Vikingos se emitió en dos partes de diez episodios cada uno y esto me pilló despistado. Vamos, que vi la segunda parte de la temporada de casualidad. 

La primera parte de la temporada nos había dejado con la vuelta de Ragnar a Kattegat y su enfrentamiento con sus hijos, y la segunda parte comienza exactamente en el mismo punto. Se profundiza en la relación entre los hijos de Ragnar, especialmente la de Ivar y sus hermanos (todos los hijos de la reina Aslaug), más que con su medio hermano Bjorn. 

Ivar Sin Huesos, el nuevo zorro vikingo


La segunda parte de la cuarta temporada es la del relevo (atención, SPOILER): Ragnar deja de ser personaje principal para que la saga se centre en todos sus hijos. La forma de hacerlo es muy buena: Ragnar busca la forma de volver a Wessex, donde el rey Aella acaba con su vida, así que sus hijos buscan venganza tanto del rey Ecbert como del rey Aella. 

De esta forma, con verdaderas batallas campales enlos campos de lo que hoy es el Este de Inglaterra, Vikingos muestra una vez la astucia en batalla de los hombres del norte, en especial del tullido Ivar, que es capaz de compensar su incapacidad física con una inteligencia y astucia fuera de lo normal, volviendo locos a sus rivales con marchas y contramarchas que hacen que el ejército del príncipe Aethelwulf sea incapaz de presentar batalla hasta que Ivar lo considera oportuno. 

La temporada 4.2 es una temporada de contrastes, destacando la estrella descendente de Ragnar (más evidente en cuanto que tiene que sobornar a la pandilla de desharrapados que logra reunir para navegar hacia Wessex, perdido ya el carisma de lider que tuvo durante años) frente al nuevo fulgor de Bjorn e Ivar. Pero al mismo tiempo se va forjando una nueva rivalidad entre los mismos hijos de Ragnar, aunque parece que Bjorn está más interesado en explorar nuevos horizontes antes que en acumular poder. 

De incógnito


Mientras tanto Lagertha, como reina de Kattegat, mantiene un frágil (o no tan frágil al final) equilibrio para mantenerse en el trono, a la espera de lo que puedan hacer los hijos de la reina Aslaug para (atención SPOILER) vengar su muerte. Como también tendremos que prestar especial atención a Halfdan el Negro y qué narices se trae entre manos el que prometió llegar a ser rey de toda Noruega.

Está por ver si la serie puede mantenerse sin un personaje tan carismático como Ragnar el astuto, pero las imágenes que he podido ver de la quinta temporada hacen ser optimistas. 

Es tiempo de guerra civil. 




sábado, 4 de noviembre de 2017

RuneQuest 6

Creo que RuneQuest ha sido el primer juego de rol que conocí en mi vida. Por aquella época (finales de los años ochenta del siglo pasado) ya estaba metido hasta las trancas en el mundo de la literatura fantástica, ya había leído El hobbit y también El señor de los anillos y había jugado algún que otro título de Elige tu propia aventura. Se podría decir que el campo estaba sembrado para el siguiente paso: jugar a rol. 

Así que cuando me enteré que mi amigo Rodrigo tenía el RuneQuest Básico y el RuneQuest Avanzado publicados por JOC Internacional, se los pedí y me los leí del tirón, descubriendo que las aventuras que había estado leyendo también se podían protagonizar. 

Tardamos mucho en jugar RuneQuest. Primero fue ESDLA / MERP (también de JOC) y luego, durante mucho tiempo, el rey sin discusión fue ADD con algún paréntesis poco fructífero de La llamada de Cthulhu, pero el descubrimiento de la ampliación de RuneQuest Vikingos fue lo que nos empujó a probar. 

Después de muchos años estoy sufriendo lo mismo que a otros compañeros de afición: ahora tengo dinero para pillar material y manuales, pero no tengo tiempo para jugar. O no tengo con quién jugar, que lleva a la misma incómoda situación. 

Todos los años reúno un poquito de lo que llamo frikigeld, atesorado con paciencia, moneda a moneda de 2 €. Y cada día de Año Nuevo abro la hucha y cuento mis monedas como Smaug en Erebor. Con una parte de este frikigeld cayó la nueva edición de RuneQuest 6



Que, todo hay que decirlo, ha sido decepcionante. 

Un tomo de casi cuatrocientas páginas, con tapa blanda y papel de una calidad discutible (nada que ver con las nuevas ediciones de Ars Magica o Pendragón, sin ir más lejos) no justifican el desembolso de más de 40 € que cuesta hoy en día cualquier manual de rol. Es más, dudo mucho que el volumen en cuestión pudiera sobrevivir mucho tiempo a una vida de juego medianamente decente, sino que se acabaría ensuciando y desmontando más pronto que tarde. 

Además las ilustraciones son de una calidad también discutible y, salvo la portada y la contraportada, no hay una sola página en color. Buf....



En cuanto al juego, lo han simplificado bastante: ahora hay estilos de combate, algo así como kits que incluyen todo lo necesario para desempeñarse en ese estilo sin tener que gastar puntos de habilidad en las armas separadas. Demasiado sencillo para mi gusto, quizá no tanto para los tiempos que corren en los que no prima precisamente el esfuerzo. 

Una idea que sí me parece buena es que las habilidades a emplear se ajustan dependiendo de la dificultad de la acción a realizar con un cierto orden, sin depender de arbitrariedades del árbitro... Seguramente simplifica también el juego en mesa. 

No soy capaz de hacerme con la magia de RuneQuest. Ni antes, ni ahora: los tipos clásicos basados en los espíritus, los dioses y los hechizos suman ahora un tipo de "magia" que entrecomillo porque se parece bastante a las disciplinas de monje, tipo oriental; o sea, un batiburrillo de técnicas de concentración que permiten realizar proezas físicas que no serían posibles en otro contexto. Y el problema de siempre: poco donde elegir.

El mismo problema que tenemos en el bestiario: hay poco donde elegir... Y añadimos que Glorantha como mundo de juego nunca me ha atraído mucho. Creo que permaneceré fiel a mi RuneQuest de siempre y a mis partidas de Vikingos, en las que un bestiario reducido no tiene por qué fastidiar la diversión


El tema de las ilustraciones, para hacérselo mirar.





domingo, 29 de octubre de 2017

La historia de tu vida

Fue allá por los años noventa del siglo pasado cuando leí por primera vez el nombre de Ted Chiang en una revista especializada de entonces (seguramente fue la Solaris). Allí se describía a Ted como si fuera el nuevo gurú mundial de la ciencia ficción, comparable a mitos como Asimov, Heinlein, Dick... 

Ahí quedó su nombre, en un oscuro lugar de mi memoria, hasta que tuve oportunidad de echarle el guante a su recopilatorio La historia de tu vida, que lleva el mismo título que uno de los relatos que incluye (habitual por otra parte en este tipo de recopilaciones). 



Son ocho los relatos que constituyen el libro, todos ellos con un toque bastante personal y raro, podríamos decir. Sí, hay que acostumbrarse a la forma de escribir de Chiang, guste o no guste lo que estás leyendo. 

En La torre de Babilonia somos testigos de la construcción de la torre bíblica. Repleto de datos impresionantes, como deben ser en obra tan colosal, desarrolla también un método creíble de construcción. Cuando llegan a la bóveda celeste y empiezan a perforarla.... Uno de los relatos que más me ha gustado. 

Comprende trata de un hombre que sigue un tratamiento para mejorar sus capacidades, con tanto éxito que llega a comprender el funcionamiento de su propio cerebro y crea un lenguaje ultraconceptual para expresar todas las ideas que se le ocurren. No me dijo gran cosa.

Dividido entre cero no me ha dejado recuerdos desde que lo leí, así que imaginad.  

La historia de tu vida es la base sobre la que se sustenta la película La llegada, que tanto éxito ha tenido. Recibimos la visita de una raza alienígena aparentemente pacífica y comienzan nuestros esfuerzos por comunicarse con ellos. A través de los avances de la científica que va consiguiendo pequeños éxitos, aprendemos cómo piensan esos alienígenas, sin distinguir pasado, presente ni futuro. Al mismo tiempo que la historia avanza, la historia de la hija de la científica se nos cuenta al revés, para reflejar esa forma de pensar alienígena. Bastante lioso, aunque interesante. 

La joven promesa de la ciencia ficción ya peina canas


Setenta y dos letras es otro de los que más me ha gustado. Decimonónico y quizá steampunk, los nomenclatores crean golems que realizan trabajos y algunas de las hipótesis científicas del siglo XIX se demuestran ciertos. Los protagonistas consiguen revertir la amenaza de extinción que pende sobre la especie humana al agotarse los embriones que las generaciones son capaces de crear. 

El infierno es la ausencia de Dios también me gustó. Aquí son reales el cielo, el infierno, los ángeles actúan y provocan catástrofes sin siquiera darse cuenta de ello... El protagonista busca con todas sus fuerzas poder reunirse con su esposa fallecida. 

¿Te gusta lo que ves? también es interesante. A través de una sencilla operación, es posible encender o apagar el sentido estético de las personas. Y de esta forma toda la sociedad cambia un poco, porque no das importancia a lo que no puedes apreciar. 

He buceado un poco por internet y veo que Ted Chiang no se prodiga mucho que digamos, y nada más allá de un relato largo (o novelita corta), pero tiene unos cuantos premios en su haber. Con solo esta muestra de su literatura no puedo decir gran cosa, pero en principio me parece un poco sobrevalorado.


domingo, 22 de octubre de 2017

Falcó

Pérez-Reverte es uno de mis autores de cabecera (he tenido unos cuantos a lo largo de mi vida, así que ahora que lo pienso, creo que debería hacer algún día una entrada sobre ellos). No tengo todo, pero sí diría que más de un 80% y todo me gusta salvo casos puntuales (Un día de cólera o El pintor de batallas, por ejemplo). 

Pero, fíjate tú, me hice con Falcó sin demasiadas ilusiones gracias, como muchas otras veces, al Círculo de Lectores. Y, como muchas otras veces, el resultado ha sido altamente satisfactorio.




Como es habitual en Pérez - Reverte, poco dado a los libros tochos (ya debería aprender el amigo Ken Follett o nuestro Santiago Posteguillo), es uno de los pocos autores patrios o extranjeros que siguen cosiderando que se pueden contar buenas historias en menos de 300 páginas. 

La historia de Falcó es la de un agente de los servicios secretos del bando sublevado en la Guerra Civil española. Un personaje, como muchos de Pérez-Reverte, cínico y descreído, pero con un férreo sentido del honor. Aunque su moral no sea todo lo rígida que se espera, es una imagen de antihéroe bastante clásica. Un personaje que tiene bastantes similitudes con el capitán Alatriste, por cierto, movido unos trescientos años adelante en el tiempo. 

¿La historia? 

Falcó deberá adentrarse en solitario en la zona roja, contactar con un grupo de jóvenes falangistas, con muchos pájaros en la cabeza y mucha voluntad, pero ninguna experiencia de campo, y organizar un asalto a la cárcel en la que se encuentra cautivo José Antonio (no es necesario dar el apellido, creo). Todo a la espera de un grupo de asalto que será transportado en un U-Boot alemán, que esperará al éxito de la misión para recoger a los supervivientes. 

Como el libro no es una ucronía, ya todos sabemos que la misión no tuvo éxito (se siente, no es spoiler), pero el interés recae en qué va a hacer Falcó con los chavales que le han acompañado, entre los que se encuentra una enigmática muchacha de la que se quedará prendado nuestro coriáceo protagonista. Una muchacha que resulta ser bastante más de lo que parece. 



Pérez - Reverte resuelve los clásicos planteamiento - nudo - desenlace en un número de páginas muy manejable, gracias a la prosa a la que nos tiene acostumbrados desde El maestro de esgrima. Pero lejos de pensar que Falcó es una novela esquemática, no solo consigue trazar unos personajes con vida propia, además de sumergir al lector en entorno histórico más que creíble. 



Al parecer va a haber una serie de Falcó (¿cuándo seguirá la de Alatriste?), así que habrá que ir haciendo hueco en mi estantería, bastante cargadita por cierto.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Guardianes de la galaxia Vol.2

La primera parte de Guardianes de la Galaxia fue un ni fú ni fá para mí. No sé si fue porque el hype que acompañaba la película hizo que las expectativas fueran muy altas y, por comparación, el resultado fue decepcionante. O quizá porque la vi en medio de un viaje agotador desde Lisboa hasta Gijón, incluyendo un avión a Madrid y un autobús nocturno hasta la capital de la Costa Verde. 

Así que tampoco es que me hiciera especial ilusión ir a ver Guardianes de la Galaxia Vol.2 y, además, hacerlo en el cine gastando una pasta gansa (el tema de los precios de las entradas y accesorios, daría para una entrada en sí misma). De hecho, el mayor aliciente que tenía era ir con mi buen amigo Óscar y reencontrarme con otro buen amigo, Rafa, al que había perdido la pista y no había vuelto a ver desde hace veinticinco años. 



No sé si fue por la compañía, o porque yo estaba más receptivo, pero el Vol.2 es una peli que merece mucho la pena y que tiene de todo: acción, efectos especiales, chicos buenos, malos retorcidos, cameos... ¡sale hasta Sylvester Stallone, como líder de los contrabandistas!

Kurt Russell hace de Ego, una entidad cuasidivina en el universo marveliano que seguramente es más conocido para los lectores de tebeos que para los espectadores de películas. Resulta ser un maluto más que interesante y más poderoso de lo que se piensa inicialmente.

¡Qué malotes!

Los secundarios también resultan ser una parte importante del éxito. Desde los que salen apenas unos segundos o pocos minutos hasta los que son más permanentes. Muchos tienen algún rasgo que los diferencia del típico figurante plano, y están al servicio del tono humorístico de la película. 

Pero lo mejor de Vol.2 es el grupo protagonista: desde Starlord hasta Gamora, pasando por Drax y Rocket y los nuevos Mantis, Yondu y Nebula. Todos tienen sus matices, sus puntos fuertes, enganchan al público... y como grupo son lo mejor de Marvel en la gran pantalla. Con mucha diferencia. 

No me olvido de Groot, en su versión de Baby Groot. Cada vez que sale en pantalla, desde la escena inicial con el bicho al que deben matar, hasta haciendo de recadero en la nave de Yondu o intentando aprender qué botón debe apretar para detonar una bomba en las entrañas de Ego. O, épico, el corto de los créditos finales que introduce el Vol.3

¿Yo soy Groot?
¡Yo soy Groot!


Creo que no tengo que añadir que me ha encantado y que, por lo menos para mí, está muy por encima del Vol.1


domingo, 15 de octubre de 2017

Underworld

A principios del siglo XXI, influenciada por la moda de lo sobrenatural, comenzó la serie de películas dentro de lo que podríamos llamar Universo Underworld que, básicamente, es nuestro propio mundo con el pequeño añadido de una guerra soterrada entre licántropos y vampiros. 

Son ya cinco películas entre los años 2003 y 2016, en la misma línea de estirar el chicle hasta que se parte. Cinco películas que comparten una estética gótica, con vampiros sofisticados y hedonistas que se enfrentan desde sus fortalezas al salvajismo y al número cada vez mayor de los licántropos, continuando una guerra de siglos en los que los seres humanos no somos ni siquiera testigos. Todo lo más, somos ganado.

Tiene pinta de ser incómodo ponerse eso

La protagonista de cuatro de las cinco películas es Selene, una "guerrera de la muerte" (solo el nombre es para echarse a temblar sobre lo que vendrá después), enfundada en un traje de cuero negro que tiene pinta de ser la mar de incómodo y con un par de semiautomáticas con las que además de acribillar lo que se le ponga por delante es capaz de abrir un agujero en el suelo por el que dejarse caer a la planta inferior.

La protagonista de la quinta película (la tercera en el orden de estreno) fue Rhona Mitra, más conocida por haber sido una Lara Croft de carne y hueso allá por los años 90 del siglo pasado.

Rhona Mitra


Al más puro estilo de Vampiro, el Juego de Rol, y su Mundo de Tinieblas, se van desgranando las relaciones interraciales e intrarraciales, con conceptos tan clásicos como los Ancianos, los Primeros Vampiros y los más poderosos de su raza, que gobiernan áreas de influencia como reyes absolutistas, negociando continuamente entre sí, por lo menos en los períodos en que estos Ancianos se encuentran activos y no en estado de hibernación, tanto más frecuente y/o más largo cuanto más viejo sea el anciano en cuestión.

Dicho ya que la serie de películas es producto de una moda, resulta quizá llamativo que se hayan prolongado en el tiempo durante tanto tiempo. Y que haya sido así  a pesar de la evidente caída de calidad de las sucesivas entregas: de la decente primera parte y su digna continuación, a la cada vez mayor ida de olla de la tercera y cuarta entregas (dejo aparte la tercera película, que se centra en la llamada Rebelión de los Licántropos, allá por la Edad Oscura, y que por lo menos se deja ver).

Cuero, semiautomáticas y luna llena. ¿Qué puede ir mal?


Tanto es así que la última, Underworld: las guerras de sangre, ni siquiera la he terminado de ver.

No sé si habrá una nueva entrega. No sé si a Kate Beckinsale le interesa volver enfundarse el traje de cuero ajustado y empuñar las semiautomáticas. Pero lo que sí sé es que yo ya he tenido suficiente.

domingo, 8 de octubre de 2017

Drakensang

No suelo acabar los juegos que empiezo: no tengo paciencia, o me atasco en algún punto concreto que, después de echarle un tiempo a intentar solucionarlo sin éxito, hace que pierda el interés y a otra cosa. 

Drakensang, la adaptación al mundo del videojuego del juego de rol alemán Das schwarze Auge (El ojo negro), sí lo he terminado y ha acabado gustándome, a pesar de que el inicio fue bastante complicado debido a las reglas tan diferentes a las que estoy acostumbrado. Por ejemplo no hay un límite de conjuros mágicos al día, sino que cada uno de ellos tiene un coste de puntos de magia, tanto más alto como el nivel del conjuro (algunos son escalables) y su duración, así que podremos lanzarlos mientras tengamos una reserva de puntos mágicos que se recuperan con el descanso (muy lento en combate) o con pociones.

Para empezar, debemos crear personaje: lo tendremos que seleccionar de una pequeña galería con unos cuantos personajes pregenerados, separados por profesiones. Bastante tiempo eligiendo hasta decantarnos por la opción menos mala: un elfo con capacidad para lanzar algunos conjuros y no especialmente bueno en combate aunque pueda repartir alguna que otra torta. Y luego, de cabeza en Aventuria, el mundo de juego, sin apenas conocer nada al respecto.


La mecánica del juego tiene bastantes puntos interesantes, como la posibilidad de recolectar hierbas y plantas o de obtener materiales de los animales, todo ello para ser utilizado por diferentes habilidades de fabricación: pociones, herrería, armería... A la larga suponen un gran ahorro económico que nos permitirá invertir nuestros dineros en otras cosas menos mundanas. 

Como en todos los juegos similares, se empieza con un personaje de nivel 1 que da bastante pena, cogiendo todo lo que encuentras (literalmente, incluyendo clavos oxidados y manzanas podridas) para poder revenderlo y sacar un dinerillo que luego poder invertir en mejorar. Luego, según avanza el juego, el dinero se nos sale por las orejas y muchas cosas acabarán desparramadas por el suelo porque no tendremos sitio para llevarlo.

Llevaremos una partida de cuatro personajes incluyendo al principal, que podremos combinar como queramos para sacar el mejor partido a las habilidades del grupo.

La historia es bastante lineal, a pesar del buen número de misiones secundarias: recibiremos una invitación de nuestro buen amigo Ardo, solo para descubrir que ha sido asesinado y nos ha dejado todos sus bienes, incluyendo su mansión en la ciudad de Ferdok. A partir de ahí, la investigación de su asesinato se entremezclará con las apariciones del Culto del Dragón y nuestras peregrinaciones para obtener reliquias poderosas que nos ayudarán en la lucha contra ellos.

El aspecto gráfico no es precisamente espectacular, sino bastante parecido a los Neverwinter Nights que jugamos hace ya algunos años. Como tampoco es espectacular la banda sonora, muy alejada de Baldur´s Gate

A pesar de todo esto ha resultado bastante satisfactorio, aunque mucho menos original que sus antecesores Realms of Arkania, allá por finales de los años noventa, en los que la partida de personajes se podía dividir o podían morir de gripe o de una pifia al tratar las heridas.


domingo, 1 de octubre de 2017

Batman vs Superman

La aparición de Superman y su épica lucha contra Zod, deja unas interesantes secuelas. Por un lado, un joven Lex Luthor ve en la tecnología Kryptoniana un medio para desarrollar su locuras de dominación mundial. Por otro lado, Bruce Wayne ve con claridad que Superman no es controlable por la Humanidad y que si algo hiciera click en su cerebro, significaría la destrucción de la civilización tal como la conocemos. Por último, la sociedad en general oscila entre la patente admiración con el miedo visceral a lo desconocido.


Ese es el panorama en Batman vs Superman. Planteando un punto de vista al que no estamos acostumbrados en las películas de superhéroes: las connotaciones morales que unos poderes, más allá de la comprensión y del alcance de un ser humano normal, pueden tener en el día a día de la profesión superheroica. Y nos lo presenta desde dos puntos de vista principales: el de Bruce Wayne (Batman), que considera más inteligente eliminar la amenaza lo antes posible, antes de que sea ya totalmente incontrolable; y el de Clark Kent (Superman), que como buen chico de Kansas, tienen un corazón de oro y le duele cómo los terrícolas no pueden dejar de tenerle miedo. 

Añadimos al cóctel la espectacular aparición de Wonder Woman, la tercera pata de la tríada de DC Comics (un poco por debajo de estos tres estaría Flash, el hombre más rápido del mundo). Durante la batalla final con Doomsday, despertado por el esquizofrénico Lex Luthor, no se queda atrás a la hora de repartir hostias como panes.

La Santísima Trinidad de DC Comics

El que no me gusta es, precisamente, ese Lex Luthor que más bien parece una parodia de sí mismo. Más cercano al surrealista Gene Hackman de las pelis de Cristopher Reeve que al Kevin Spacey de Superman Returns (para mí el mejor Lex Luthor, junto con Michael Rosembaum de Smallville, la serie de televisión). Es lo peor de la película, aunque gracias a él podamos ver a Doomsday.

No es la Diana de los comics, pero se defiende

¿Ben Affleck? Pues bastante bien. No llega a Christian Bale, claro, pero no tiene que envidiar nada a Michael Keaton y es bastante mejor que George Clooney o Val Kilmer. Me creo su Batman, más parecido al maduro Dark Night de Frank Miller, y me creo por qué hace lo que hace. Habrá que darle una segunda oportunidad.






El conjunto de la película me parece un poco flojito, la verdad. Y demasiado larga, como viene a ser habitual en las películas superheroicas de un tiempo a esta parte.


domingo, 24 de septiembre de 2017

In hoc signo vici turcos

Juan de Austria, un héroe para un Imperio es el título  de la pequeña (en tamaño) biografía que el autor francés Bartolomé Bennassar hace del hijo bastardo del César Carlos. 

Una biografía que no se queda en el espectacular fogonazo de Lepanto, la ocasión más grande que vieron los siglos, sino que hace un repaso a la trayectoria de afamado general, desde que su hermano lo puso al mando de la represión de la rebelión de los moriscos en las Alpujarras hasta que fue nombrado gobernador de Flandes tras la brutal estancia del duque de Alba, donde moriría. 

Nacido de los amoríos del emperador Carlos con la alemana Bárbara Blomberg, fue criado en secreto por personas de su confianza hasta que el propio Carlos lo llamó en su retiro de Yuste, aunque no le reveló su secreto y tuvo que ser su hermanastro Felipe quien, una vez desaparecido el padre de ambos, le pusiera en antecendentes y se ocupara de su educación. Como registro gráfico de estos "años oscuros" se puede ver la película Jeromín, su nombre de entonces, protagonizada por Jaime Blanch (El Ministerio del Tiempo). 



Educación que compartió con el príncipe heredero Carlos y con otro de los generales más famosos de su tiempo, Alejandro Farnesio, una especie de trío calavera de su época. A partir de ahí, su subida al estrellato fue fulgurante, con los puntos de inflexión comentados anteriormente. 

Como digo, Bennassar va algo más allá de lo evidente y desmitifica la figura de Juan de Austria como comandante invicto. En realidad, tanto en las Alpujarras como en Lepanto contó con grandes consejeros (a destacar Álvaro de Bazán, marqués de Santacruz, que sin duda salvó el día en Lepanto). De hecho, la única vez que voló solo, en Flandes, la cosa apunta a más tonos de gris. 

Apunta también Bennassar a una cuestión de celos del rey Felipe, mucho menos popular que su hermanastro, y a una cuestión de un ego como un castillo en el joven bastardo que maniobró de forma inequívoca para tener la oportunidad de ceñir una corona europea, postulándose incluso como candidato a la cama de Isabel de Inglaterra. Añadamos al cóctel todo el asunto de Escobedo y Pérez, que tuvo como resultado el asesinato del primero, secretario de Juan de Austria, que pudo haberse tomado el tema como un aviso a navegantes enviado por su hermano el rey y que pudo también tener como consecuencia el decaimiento en la salud de Juan de Austria y ayudarle a poner los dos pies en la tumba.

No voy a decir que Juan de Austria fue solo un producto de la maquinaria propagandística de los Austrias, pero tampoco el héroe monolítico que durante muchos años. Sí que parece claro que ayudó a mantener la moral de una Monarquía Hispánica que comenzaba a complicarse la existencia con varios frentes abiertos, tanto en el exterior como en el interior. 

De seguro que, de haber sido inglés, ya habría alguna que otra película contando su vida o, al menos, la jornada de Lepanto.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Los odiosos ocho

Otra vez Tarantino y otra vez lo mismo: una película que me gusta excepto por esa media hora final que se pierde en un baño de sangre sin sentido. Como Django desencadenado, como Malditos bastardos....

En esta revisitación de las historias del Oeste, Tarantino crea un universo entero con un puñado de personajes y dos escenarios: una diligencia y una parada de postas en la que los viajeros pueden descansar, comer, echar un sueñecito y reponer existencias de primera necesidad. 




El inicio y el desarrollo de la película, como siempre, es superlativo. Diálogos ingeniosos y creativos, personajes llenos de relieve, cada cual más atractivo que el anterior, desde el oficial negro de Samuel L. Jackson hasta el cazador de recompensas de Kurt Russell, pasando por el verdugo de Tim Roth. Todos estos personajes van completando un cuadro cada vez más colorido de relaciones entrecruzadas, con detalles tan vívidos como la maldita puerta que no acaba de cerrarse y deja entrar la ventisca cuando uno menos se lo espera. Detalles que hacen que el espectador pierda la noción de estar viendo una película en lugar de una situación real. 

Es por eso que me da rabia no poder soportar a Tarantino, porque cuando se mantienen esas premisas no tiene nada que envidiar a ningún gran director de la Historia. Pero luego se le empieza a ir la pinza y la ensalada de tiros, sangre, vísceras y demás, termina por ser tan desagradable que no puedo terminar la película. 

Me ha pasado ya demasiadas veces, y esta no es la excepción: dejé la película cuando quedaban unos veinte minutos para el final. Demasiado para mí. 

¿Tengo la sensación de perderme algo? La verdad es que sí. Tengo la sensación de haber perdido algo más de una hora de mi tiempo para crearme unas expectativas que sabía positivamente que se iban a ir abajo. 

Ocho, ocho. Los odiosos son ocho. ¿No sabéis contar o qué c... os pasa?


Por cierto, durante un rato largo no dejé de preguntarme por dónde andaba Channing Tatum. No tardé en llevarme una desagradable sorpresa, aunque no tanto como la que se llevó Samuel L. Jackson.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Donde los escorpiones

Lo último de Lorenzo Silva, de Bevilacqua y Chamorro, transcurre en Afganistán. O sea, donde los escorpiones, durante la intervención española en aquella guerra que lo fue en todo menos en nombre. 

Resulta que en la misión española se sucede el asesinato de uno de los militares allí destinados y nuestros bravos protagonistas se ven enmarronados para tratar de esclarecer el espinoso asunto, porque no deja de ser espinoso que en una base militar aparezca un fulano degollado sin que nadie sepa nada de nada.



La novelita (por ajustada en cuanto a su longitud, nada peyorativo) de Lorenzo Silva sigue el mismo patrón de las anteriores entregas de la serie, poniendo en situación al lector y dando un poquito más de relieve a los protagonistas (a los dos principales, Bevilacqua y Chamorro, porque los otros secundarios siguen siendo un poco planos). Además, a la habitual puesta en escena del caso y sus ramificaciones, tenemos que añadir la preparación del viaje a la zona de guerra, un viaje que se resuelve con relativa rapidez para evitar que la tensión decaiga.

Una vez allí, es interesante la descripción de la zona, de las relaciones entre los destacamentos de diferentes nacionalidades y con los locales, destacando siempre la situación de privilegio que tienen los muchachos de los Estados Unidos.

Y, como novedad, aprendemos un poco de las diferentes empresas de seguridad, mercenarios de hoy en día, que se encargan de distintos servicios en la zona, servicios que se definen con una sucesión de eufemismos para dar a entender sin nombrar.

No deja de ser curioso la forma de hacer la guerra hoy en día.

Este no es Bevilacqua. Es Silva


Pero volvamos a Donde los escorpiones.  La verdad que, más allá de la ya atractiva descripción de la realidad diaria de los soldados en Afganistán, el caso que se nos presenta es de los mejores que he podido leerle al autor. Con la diferencia además de que el culpable no se nos va a presentar hasta casi el mismo final en un giro argumental solvente y, en apariencia para mí, sólido. O por lo menos satisfactorio.

Añadiré que es de agradecer que Lorenzo Silva no haya caído en la tentación de hacer a nuestros sufridos protagonistas partícipes de una ensalada de tiros, a pesar de que el traslado que realizan durante la novela parecía estar dispuesta a, precisamente, eso. Pero no, me equivoqué y me alegro por ello.

Donde los escorpiones, para pasar un rato de lectura agradable, sin pretensiones.

domingo, 27 de agosto de 2017

La moda de revisiones de clásicos animados

Esto del cine va por modas y parece que, ante una lamentable falta de ideas que ya se va detectando desde hace años, la moda ahora va a ser revisitar los clásicos animados de nuestra infancia y hacer películas prácticamente idénticas en acción real. 

¿Cuál es entonces la motivación que lleva al espectador a gastarse unos buenos euros en películas que es muy probable que se sepa de memoria? Esa es una buena pregunta... En mi caso, la respuesta es tener una niña de diez años a la que todas estas cosas la motivan de una forma superlativa y que, aunque va tomando conciencia de lo que es el valor del dinero, todavía pesa más su inocencia infantil. 

Todo ha empezado con El libro de la selva. Ya sabéis, la historia del niño Mowgli, cuidado por una manada de lobos y al que el tigre Shere Khan desea eliminar a cualquier medio. La historia de Baloo, el oso perezoso y fraternal, Bagheera, la pantera responsable, que cuidarán del niño cuando la manada de lobos vote expulsarle para que el tigre no la tome con ellos.


Visualmente espectacular y con una duración relativamente ajustada (106 minutos) para lo que se estila en la actualidad, me aburrió bastante. Será la falta de novedad... 

Una pena que no poder disfrutar de otro de sus atractivos: las voces de sus protagonistas en versión original (Idris Elba / Shere Khan, Bill Murray / Baloo, Ben Kingsley / Bagheera).

Han conseguido que Shere Khan dé miedito

Los mejores momentos: la serpiente Kaa y la ciudad de los monos con su rey Louie a la cabeza. 

Y la cosa ha continuado con La bella y la bestia, la película que reflotó a la Disney hace la friolera de casi veinticinco años, con unas técnicas de animación revolucionarias por aquel entonces. 

La versión de acción real es prácticamente calcada al original animado, solo se amplía un poco la historia de Bella y su padre y se consigue dar algo más de profundidad a los personajes. Por lo demás, habiendo visto el original más de diez veces, incluso fui a su estreno en el cine durante unas navidades del siglo pasado, no puedo sorprenderme ante lo que estoy viendo.


Aunque se hace también un poco larga (también lo es en el metraje, 149 minutos) en algunos momentos, me gustó bastante más que El libro de la selva. Quizá también porque el original me gusta mucho más. O porque aquí ves a los actores (bueno, a Dan Stevens / Bestia se le ve más bien poco) y se aprecia una buena interpretación. Como la de Kevin Kline (el padre de Bella), Luke Evans (Gastón) yJosh Gad (Le Fou).
 

¡Y soy mas peludo que un oso polaaaaaaar!


Mención especial para estos dos. Gastón llega a convertirse en un ser despreciable (ya lo era en su versión animada) y Le Fou... bueno, digamos que juega bastante con la ambigüedad sexual. Y suyos son los mejores momentos humorísticos de la peli.

¿Emma Watson? Bien, gracias, pero no impresiona...

La cosa va a seguir. Ya están preparando la versión de Dumbo. A ver en qué acaba esto, pero no me termina de convencer.

martes, 22 de agosto de 2017

Una guerra que no podemos ganar

Ya han pasado cinco días de los atentados en Barcelona y Cambrils, y toca hacer alguna reflexión. 

Lo que se me viene a la cabeza es el título de la entrada: ésta es una guerra que no podemos ganar. 

Es una guerra, por que uno de los bandos piensa que lo es y actúa en consecuencia. Por desgracia, ese no es nuestro bando. No pensamos que estamos en guerra, y no actuamos en consecuencia. Nuestro propio buenismo nos va a pasar una factura engordada.

Y no podemos ganarla porque no estampos preparados para ello. Porque da igual a cuántos terroristas, yihadistas, "radicalizados" se detengan. Da igual cuántas células se desmantelen y cuántos atentados se aborten por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Da igual si estamos en Alerta 4 o Alerta 5. Da igual si ponemos bolardos o no. 

Solo hace falta que uno de estos terroristas, yihadistas, "radicalizados" escape de la telaraña, que una célula mantenga su capacidad de operación, y ya tenemos un lío de altas proporciones. 

Aunque vamos aprendiendo a marchas forzadas, este no es el tipo de terrorismo al que estamos acostumbrados, un terrorismo más bien político, practicado por personajes que en el fondo son unos cobardes. Este terrorismo al que nos enfrentamos está practicado por personajes que ven un enemigo en todo aquel que no profese su religión, que no tiene miedo al martirio y que, a falta de medios, hace gala de un ingenio sorprendente. 

¿Qué haces cuando tu vecino, inmigrante de segunda generación, integrado y todo lo demás, de repente da un giro a su vida que pasa por arrebatarte la tuya?

Así que esto va a seguir igual, o peor. Habrá un goteo de casos, de muertos y heridos, por toda o la mayor parte de Europa.Y en España, puerta de esa Europa encerrada en sí misma a través de Ceuta y Melilla, hacía tiempo que tocaba. 

Solo nos queda confiar en esos Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que tan bien lo están haciendo, para minimizar los efectos de esta guerra en la que, sin saberlo, estamos inmersos. 

Y convendría poner las cosas en su justa medida. Según estadísticas oficiales, de las casi cuatro mil víctimas de atentados de este tipo, apenas una cincuentena se encuentran en Europa. Lo que viene a sacar otro gran defecto nuestro: el eurocentrismo. Pensamos que nuestras vidas valen más que las otras, por el mero hecho de no ser europeos. 


lunes, 14 de agosto de 2017

Dos mutantes muy suyos


Siguiendo en el afán de ponerme al día con todo lo que he visto y leído, agrupo en esta entrada dos películas que sin duda merecían una propia cada una de ellas. 

Por orden cronológico, la primera de ellas es Logan. La película que merecía un personaje tan carismático como Lobezno y la despedida de Hugh Jackman del personaje. Porque aunque las similitudes físicas entre el actor y el mutante son más bien escasas, hay que reconocer que el australiano lo ha hecho suyo y para toda una generación de espectadores, Lobezno tendrá el rostro de Jackman. Además, no lo olvidemos, es el único actor que ha participado en todas las películas de mutantes. 

Esta imagen tiene algo...


Logan es con mucho, mejor que Lobezno: Orígenes y que Lobezno Inmortal. La primera solo nos dejó un inicio muy acertado y a Liev Schreiber como Dientes de Sable. La segunda nos dejó... bueno, nos dejó. 

En cambio Logan es una película crepuscular, con un Lobezno avejentado, cansado, con sus poderes curativos ralentizados y ocupado en cuidar a un Charles Xavier con demencia senil. Un Charles Xavier cuya enfermedad ha causado la desaparición del resto de la Patrulla X en un incidente comentado pero no explicado (una pena, la verdad) y que cuando pierde la razón se muestra como lo que en realidad ha sido siempre: uno de los mutantes más poderosos del Universo Marvel. 

-Te dije que teníamos que haber girado a la derecha en Alburquerque
-Calla, abuelo
-Vale, pero mi vejiga va a reventar


Durante su intento de desaparecer del mundo, una mujer acude en su ayuda para llevar a una niña a un destino que aparece... en los tebeos de Marvel, una especie de paraíso donde los mutantes viven en paz y armonía. Manda narices. 

Así que un descreido Logan se ve como niñera de una criatura modificada genéticamente que es muy parecida a él.

Mucha sangre y vísceras, porque Logan es una película violenta y despiadada. 

Un descubrimiento, la niña medio española Dafne Keen, que es capaz de transmitir tanto con sus cejas y su mirada. 

Un cierto parecido con el videojuego The Last of Us

Y una despedida a la altura. 

Lynn Collins. No sale en Logan, pero sí en Lobezno: Orígenes
Y en John Carter, ya que estamos


Impagable el tráiler oficial, con esa música de fondo, de Johnny Cash.


El segundo y peculiar mutante es Deadpool, que en castellano se llama Masacre. 

Lo bueno de Deadpool, además de que es una película muy entretenida, es que se toma prácticamente todo a broma. Es un cambio, respecto a las películas de mutantes o superhéroes en general en las que las disquisiciones filosóficas, éticas y morales acaban por marear un poco al lector. 

Wade Wilson es un matón con escrúpulos al que en un momento dado se le diagnostica un cáncer. Desesperado, decide ponerse en manos de un doctor que le promete resultados increíbles gracias a una terapia genética. Lo que buscan en realidad el doctor es despertar un gen X que dice que todos los humanos tienen latente y desarrollar un poder mutante en Wilson para venderle luego al mejor postor. 

Provocador


La terapia tiene éxito, en cierto modo. Wilson se transforma en Deadpool y a sus habilidades como asesino se une ahora un poder de curación y regeneración, basado en su cáncer, que le hace prácticamente inmortal. Si le añadimos un par de katanas como weapons of choice, su parecido con Lobezno se hace más que evidente. 

Lo bueno de Deadpool es que es un friki del cine, la música y la cultura urbana de los ochenta. Además, como dije, no se toma nada en serio y lo demuestra con diálogos descacharrants y una rotura de la cuarta pared que hace que la película (y el tebeo en el que se basa) sea muy fresco. 

Para reforzar el papel mutante, aparecerá un Coloso enorme y una mutante nueva de curioso nombre (Negasonic Teenage Warhead). 

Morena Baccarin sí sale en Deadpool.
Y en V. Y en Firefly. Y en Homeland...


Digamos además que la película es tan sangrienta o más que Logan. Los mutantes se convierten un poco en cine "para adultos". 

Hay quien dice que Deadpool ha venido a modernizar y aportar aire fresco al cine de superhéroes. Bueno, quizá eso sea decir demasiado. Lo cierto es que la película ha quedado entretenida aunque he esperado un poquito más de la cuenta en verla. 



domingo, 30 de julio de 2017

Apocalipsis antibiótico

Llevamos tiempo escuchando y/o leyendo que no utilizamos bien los antibióticos. Al principio la cosa era que interrumpíamos el tratamiento cuando notábamos la mejoría, y los médicos nos decían que así lo que se conseguía era fortalecer la infección, que teníamos que tomar la medicación durante el tiempo estipulado por el médico. 

Ahora resulta que esos tiempos estipulados por los médicos están sobredimensionados y que, siendo realistas, deberíamos tomar las pastillas durante aproximadamente la mitad del período al que estamos habituados, o sea, entre tres y cinco días (dependiendo de la infección). 

Hay que añadir que en la década de los setenta y los ochenta del siglo pasado se vivió un cierto boom de los antibióticos y que se recetaban para todo. Incluso, los padres no estaban contentos cuando el médico no quería recetarlos y removían Roma con Santiago para conseguirlos. Incluso si la infección no era bacteriana (poca gente sabe que los antibióticos no son efectivos contra los virus que, en realidad, no están vivos en el amplio sentido de la palabra). 

Sin olvidar el uso indiscriminado que se ha realizado tradicionalmente de los antibióticos en la ganadería, llegando trazas de ellos a la población humana a través de la carne y la leche. 



¿Qué hemos conseguido? 

Muchas de las infecciones que hace un tiempo se combatían con relativa facilidad, son cada vez más difíciles de tratar debido a una creciente inmunidad de las bacterias que las causan, gracias a esta sobreexposición a los antibióticos. No debemos olvidar que las generaciones en el caso de las bacterías pueden durar horas, quizá días, por lo que la probabilidad de mutación y evolución es infinintamente más grande que en el caso de los seres vivos superiores. O sea, que una inmunidad aleatoria de una bacteria a un antibiótico es una ventaja evolutiva gigantesca y su cepa será dominante en breve tiempo. 

Saltan a los medios de comunicación, todavía de vez en cuando, noticias sobre casos de infecciones ultrarresistentes a los antibióticos más comunes. En el caso de los hospitales, esto debe ser bastante común debido al ambiente en el que se mueven. Incluso se dan casos en que los antibióticos de última elección, nuestra "última barrera de defensa", son efectivos a duras penas. 



¿Qué futuro se abre ante nosotros?

Si no conseguimos revertir esta situación, si las cepas resistentes siguen multiplicándose, enfermedades que creíamos erradicadas como la tuberculosis, serán cada vez más y más comunes. El problema es que el tratamiento será cada vez más difícil. Con el añadido que la densidad de población es exponencialmente superior a la de los siglos XVIII o XIX y, con ella, la facilidad de contagio.

En la práctica, volveremos ciento cincuenta años atrás, cuando todo el mundo, desde los más pobres a los más ricos, vivían con miedo a que una infección ordinaria se complicara y acabara con nuestra vida o la de nuestros allegados. 

Si no se sigue investigando el desarrollo de nuevos antibióticos, cada vez menos de moda porque dejan poco dinero a la industria farmacéutica, incluso los antibióticos de última elección dejarán de ser efectivos. 

Es de esperar que la esperanza de vida se desplome a niveles de hace décadas. Cuando eso ocurra, los que hayamos vivido en los tiempos de bonanza actuales, miraremos atrás con añoranza y al futuro con aprensión. 

Cuando mi abuelo Moisés nació en 1900, la esperanza de vida en España era de apenas cuarenta años. Murió en 1989, seguramente en gran medida gracias a los antibióticos. Esto puede pasar al revés con relativa facilidad.




Hay quien dice que la amenaza de un apocalipsis antibiótico es mayor y más preocupante que la del cambio climático.

Para echarse a temblar. 

jueves, 27 de julio de 2017

Los casos del Departamento Q

He caído en la moda de la literatura negra nórdica con los casos del Departamento Q, una serie de novelas del autor danés Jussi Adler-Olsen. 

Y es que esto de la literatura negra nórdica es una moda fuerte: desde Stieg Larsson y su trilogía de Millenium, pasando por Camilla Lackberg, Jo Nesbo, Asa Larsson... sin olvidarnos de Henning Mankell, están siendo todo un fenómeno mundial. 


El padre de la criatura


Oí hablar muy bien del Departamento Q y me puse a ello. No me defraudó ninguna de las historias (he leído las seis que creo que están traducidas al castellano) y ahora me queda pendiente ver las películas, telefilmes más bien, basados en estos libros. 

El autor, a través del inspector de policía Carl Morck, nos deja ver en cada título una porción de la sociedad europea en general, nórdica y danesa en particular. Y comparte mucho con los otros autores mencionados, por ejemplo esa sordidez que se encuentra al poco de rascar en la brillante superficie. 



En La mujer que arañaba las paredes se cuenta el origen del Departamento Q, encargado de reabrir casos antiguos que se cerraron en falso. En esta ocasión será la desaparición de una brillante mujer, rutilante figura en el escenario político danés. Su desaparición encierra una historia de venganza, madurada durante años y llevada a cabo con una frialdad enfermiza. 



La segunda novela, Los chicos que cayeron en la trampa, se centra en un grupo de jóvenes de alta cuna, acostumbrados a hacer todo lo que desean y dejarse llevar por las pasiones más desenfrenadas hasta que nada les sacia y deciden dar un paso más allá: la caza mayor, la del ser humano. Una de ellos, ahora convertida en una persona sin hogar, servirá para tejer la historia y resolver diversos asesinatos. 



El mensaje que llegó en una botella empieza de una forma rocambolesca: el mensaje que un adolescente dejó caer al mar cuando estaba a punto de ser asesinado aparece después de varios años en las costas de Escocia. El mensaje, escrito con sangre y prácticamente ilegible, llegará al Departamento Q, que terminará capturando a un despiadado asesino en serie. 



Expediente 64 es otra historia de venganza que perdura a través de los años, enmarcada en cierto programa de eugenesia activa y más o menos declarado del gobierno danés en los años sesenta y setenta del siglo pasado. Una de sus víctimas terminará por deshacerse de todos aquellos que la hicieron daño en su juventud. Todo ello dando un pequeño paseo por las cloacas del populismo de extrema derecha. 



El efecto Marcus comienza con una historia de corrupción en un departamento de cooperación internacional de Dinamarca, y un muerto descubierto por error por Marcus, un joven gitano que se gana la vida con pequeños hurtos en la capital danesa. Es una historia además que toca la fibra, porque Marcus intenta por todos los medios escapar de su aparente destino y parece traer la desgracia a todos aquellos que se preocupan por él. 



Para finalizar Sin límites, en la que los celos sustituyen a la venganza como sentimiento de base, en un entorno relacionado con las nuevas religiones, neo hippismo y demás. Bueno, esto no es del todo cierto, porque si bien los celos es lo más aparente, también la venganza está presente, aunque en un segundo plano y sin asomar la cabeza hasta los capitulos finales. 

Todos estos títulos no son whodunits de estilo clásico. Más bien, el lector sabe a quién busca el sufrido Departamento Q y según pasan las páginas las diferentes historias van convergiendo en una suerte de climax final. Esto lo hace bien Jussi Adler - Olsen, produciendo libros que el lector quiere leer. Parece una perogrullada, pero no es ni será el último libro del que paso las páginas de una forma más o menos mecánica esperando que llegue el final. No ocurre así con el Departamento Q, creedme. 

Carl y Assad


¿Y qué es eso del Departamento Q? Pues seguramente el punto fuerte de la serie: sus personajes. Compuesto de una pandilla bastante disfuncional, con el inspector Carl Morck a la cabeza. Separado, superviviente de un tiroteo, vive con uno de sus compañeros que quedó paralítico en la misma acción, un hijo postizo y un inquilino con una fabulosa colección de playmobil. 

Assad es el ayudante de Carl y, quizá su amigo. En cada libro vemos algún retazo más de su personalidad, pero poco de su historia personal. Una historia personal que promete bastante, todo sea dicho. Un chiste recurrente es su dificultad al entender algunos giros del danés y los equívocos que llegan, entonces. 

Rose es la segunda ayudante de Carl, descrita en los libros como alguien a medio camino del punk más clásico, brillante y con un inquietante desdoblamiento de la personalidad en algunas ocasiones. 

Los libros del Departamento Q son algo que no puedo dejar de recomendar. 

 

domingo, 23 de julio de 2017

El cuerpo

No suelo ver cine español, la verdad. Un cine que vive en su mayor parte de subvenciones que se entregan con independencia de la calidad del producto no me parece la mejor forma de asegurar esa misma calidad. Además, y aunque no tenga nada que ver, he de confesar que no soporto a Pedro Almodóvar ni he visto completa ninguna de sus películas. Ni ganas que tengo, vamos...

Pero está claro que no vale generalizar y a veces encuentras películas que merecen mucho la pena y las subvenciones que haya podido recibir. Yo lo hice con El cuerpo



Y eso que la cosa no prometía para nada: Hugo Sivla (¡nah!), Belén Rueda y su permanente gesto de asquito y José Coronado. Bueno, también estaba el peinado de José Coronado....

Hugo Silva es Álex Ulloa, un prometedor químico que se casa con Mayka Villaverde (Belén Rueda), la madura dueña de unos laboratorios químicos. Mayka no pierde ocasión en hacer ver a Álex a quién le debe todo lo que es, no duda en dejarle en evidencia delante de otros ni repara en que sus bromas ácidas no acaban de gustar a su chico. Mayka Villaverde es una persona acostumbrada a que los demás salten cuando ella grita ¡salta!. 

Pero Álex cree que merece más, que por sí mismo es válido para la empresa y para la Universidad, en la que también da clases. Y, como la carne es débil, conoce a la dulce Carla (la funcionaria del tiempo Aura Garrido), una cosa lleva a la otra y de ahí a pensar deshacerte de tu mujer no lleva más que un paso. 

Y, claro, Mayka muere de una causa en apariencia natural.

Ahí entra en discordia el inspector Jaime Peña (José Coronado y su peinado), que desde el principio sospecha de Álex. Incluso cuando la cosa ya riza el rizo y el cuerpo de Mayka Villaverde desaparece de la morgue, al parecer por su propio pie. El despiporre, vamos. 

Ese peinado, amigos, ese peinado


Una atmósfera un tanto opresiva para el espectador, una tensión en ciertas escenas, sombras que se perciben, pruebas incriminatorias que aparecen como por arte de magia, coches con las luces encendidas, interrogatorios continuos, la cara de Álex, demacrado y agotado, el pelo de José Coronado.... Nada que no hayamos visto ya en el cine, pero que sigue siendo igual de efectivo. Por lo menos a mí me tuvo en vilo un buen rato. 

Y el giro final... no lo vi venir. Es lo que le da a la película una sensación de redondez total y absoluta. Una película que ha sabido llevarme hacia una dirección y que, sin que yo me diera cuenta, me ha mostrado otra realidad que no esperaba. Y sin trampas, ¿ein?

Pero con el pelazo de José Coronado.