domingo, 15 de septiembre de 2019

Penny Dreadful

Tres temporadas y veintisiete episodios tiene en total Penny Dreadful. Una suerte de Liga de hombres extraordinarios, mucho más oscura y con una protagonista femenina indudable. 

Personajes como Sir Malcolm Murray (Timothy Dalton), Ethan Chandler (Josh Hartnett), Victor Frankenstein, John Clare (la criatura del anterior), Dorian Grey, el señor Lyle... todos girando en torno a Miss Vanessa Ives (Eva Green). 




Ambientada en los últimos años del siglo XIX, en el Londres victoriano, en Penny Dreadful se dan cita todos los mitos del terror clásico: vampiros, brujas, el mismísimo Drácula, hombres lobo, vudú, magia negra y magia blanca. Cada uno de ellos tendrá su lugar en los capítulos que conforman el metraje. 

En la primera temporada, el objetivo de los protagonistas es rescatar a la hija de sir Malcolm, amiga de Mina Harker y que ha desaparecido secuestrada por alguien... o algo. 

La segunda temporada se centra en la confrontación con un círculo de brujas que pretende atar a Vanessa Ives con el mismo Diablo. 



La tercera y última temporada, con el grupo separado geográficamente tras el climax de la temporada anterior, es la lucha por rescatar a Miss Ives del influjo del malvado Drácula. 

Tres temporadas de terror y fantasía a raudales, con varias historias secundarias, como la de la criatura y su búsqueda de la felicidad o la del trío antagónico de Victor Frankenstein contra Dorian Gray y Lily. 

La trama principal de cada temporada me gustó mucho o bastante. Personajes como el del doctor Lyle son todo un descubrimiento. Pero las tramas secundarias flojean y pierden interés. A veces se me hacía muy cuesta arriba seguir el capítulo entero y las apariciones de Frankenstein, Gray o Lily me hacían cuestionarme si dejarlo... En cuanto a la trama principal, me llegó a cansar que todo estuviera girando en torno a Miss Ives, no por malo sino por repetitivo.

Pero llegué al final de la serie, quizá demasiado abrupto. Supongo que no tuvo el éxito que la cadena Showtime pretendía y se canceló al final de la tercera temporada. Ahora es una serie de culto y parece que va a tener una continuación, City of Angels, ambientada varios años después.  


El centro de todo, Vanessa Ives


Penny Dreadful me parece, sobre todo, una serie de ambientación y actores. Ambientación porque está realmente conseguida la recreación de la época. Actores porque casi todos están a gran nivel, tanto los habituales como los menos habituales. Me ha gustado especialmente mi redescubrimiento de Timothy Dalton, mucho más que un James Bond de medio pelo. 

Tuve la suerte de poder ver la T1 en version original. He de decir que gana mucho respecto al doblaje en castellano.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Cita con Rama

Arthur C. Clarke es uno de los autores clásicos de la ciencia ficción. Y dentro de su producción, Cita con Rama es una de sus obras clásicas, publicada en 1972.

Resulta ser una historia de contacto con civilización extraterrestre escrita desde un punto de vista hard, ayudada por la tremenda formación científica del señor Clarke. 

La historia comienza con la detección de un objeto en trayectoria de aproximación al Sol que llevará a una cercanía a la Tierra bastante sugerente. Pero poco después se descubre que el objeto es manifiestamente artificial: un cilindro metálico de grandes dimensiones que vaga por el espacio. 



Así que se decide enviar una nave exploratoria para determinar la verdadera naturaleza e intenciones de quien quiera que fuese que haya enviado la sonda. 

Aquí es donde encuentro bastantes similitudes con Mundo Anillo, de Larry Niven. No respecto a la historia en sí (secundaria en caso de Clarke, prácticamente inexistente en el caso de Niven), sino a la forma de describir los artefactos, un anillo y un cilindro. En ambos casos, las descripciones son brillantes, muy brillantes. 

Como hemos dicho, Rama es un cilindro de gran tamaño, liso por su parte exterior pero lleno de protuberancias y depresiones en su parte interior, girando sobre su eje longitudinal para conseguir una gravedad artificial. Su tamaño es tan grande que permite tener diversidad de climas en su interior, bruma, lluvia, etc. Rama es un objeto artificial dificilmente imaginable en

Aparentemente dormido, los sistemas del Rama se activan, en todo o en parte, cuando detectan actividad en su interior. En algunos momentos, la vida de los exploradores corre peligro, por la diferencia de escala entre ellos y lo que son los ramanos. 

Rama. Vista interior


El libro se reduce a la exploración del cilindro. Los factores de tensión de la historia son el poco tiempo disponible para que el equipo pase en la sonda, puesto que la trayectoria de Rama se acerca al Sol para aprovechar el tirón gravitatorio, y la incertidumbre respecto a la naturaleza e intenciones de los ramanos. 

Estos últimos brillan por su ausencia. Los exploradores no se encuentran con ningún ser vivo, pero sí con cierto número de máquinas autorreplicantes que mantienen en funcionamiento el ecosistema. Esto encaja con la teoría de las máquinas de Von Neumann como pasajeros de naves de exploración espacial: máquinas que pueden replicarse a sí mismas y fabricar otras máquinas una vez llegado a destino y preparar la llegada de los colonos biológicos. 

El autor

Cita con Rama es una novela que se lee con agrado y que brilla sobre todo en la descripción del cilindro. Su punto débil es la historia. Vamos, más o menos al revés de lo que pasa en una ópera espacial de esas que hacen pasar muy buenos ratos. Decidir entre un estilo u otro ya es cosa de gustos personales. Yo encuentro tan apreciable uno como otro, aunque también es verdad que si la historia no funciona, el conjunto se puede derrumbar por muy brillante o novedosa que sea la descripción.

sábado, 31 de agosto de 2019

Campeones

Hoy comienza el Mundobasket de China y comento una película de baloncesto, bastante atípica. Lo primero, porque es española, dirigida por Javier Fesser. Lo segundo, porque el baloncesto es la excusa para contar una historia de superación e integración. 

Un entrenador de élite, en particular del Estudiantes de Liga Endesa, tiene ciertos problemas personales que, unidos a su carácter van a hacer que esos problemas repercutan en su vida profesional. Cuando además debe visitar los juzgados y la juez le condena a unos meses de trabajo social, no podía imaginar que su vida iba a cambiar para siempre. 



De trabajar con jugadores profesionales a ser responsable de un equipo de discapacitados que no son capaces de jugar sin botarse el balón en el pie. Tras unos meses de tratamiento mutuo, consigue llevarlos a la final del campeonato. 

Visto así es un argumento que hemos visitado ya en multitud de ocasiones. Un argumento que está lejos de ser original, pero que tiene los ingredientes para enganchar al espectador delante de la pantalla. Será porque a ese espectador le gustan las historias que acaban bien y que, en cierto modo, sirven para reconciliarse con el género humano. 

Pero hay muchas, demasiadas películas que abusan de lo mismo. En ese contexto, Campeones resulta ser una más, porque fuera de eso no hay gran cosa que la diferencie de las demás. 



Bueno, sí. Lo mejor de Campeones, lo que la diferencia de las demás, no fue su metraje. Fue, con diferencia, el discurso que realizó Jesús Vidal para agradecer su Goya como actor revelación en la gala de los premios de 2019. 

El discurso de Jesús Vidal debería ser visionado por todos: niños, jóvenes, adultos y ancianos. Es difícil decir más cosas o más verdades en apenas cinco minutos. 

Y como el baloncesto en Campeones resulta ser una excusa para hablar de otras cosas, a mí Campeones me ha servido como excusa para hablar del discurso de Jesús Vidal. Este hombre ha sido todo un descubrimiento, pero mucho más como persona que como actor.




domingo, 25 de agosto de 2019

Quintaesencia

Mi compañero y buen amigo Antonio, natural de Borja y residente en Zaragoza, es un gran aficionado a la ciencia ficción y no le hace ascos ni a la nacional ni a la foránea. Tanto es así que incluso sigue este blog.

Hace dos o tres meses que paseaba por su ciudad y dio con un puesto en el que un autor estaba pendiente de potenciales compradores para su obra. Como Antonio es un zalamero, entabló conversación y compró el libro. 

Días después, durante una de nuestras conversaciones, me contó el episodio y no dudé sobre cuál era el nombre del autor: Pedro Moscatel. El libro era Quintaesencia

Conozco a Pedro desde hace años, pero solo de forma virtual: por sus publicaciones en su blog, que ahora tiene un poco abandonado, y por los comentarios que nos cruzamos. No obstante, a pesar de la diferencia de edad (él es insultantemente joven y yo soy un viejoven fofisano), siempre ha habido una afinidad que viene de compartir afición por la lectura y la escritura. 

He de reconocer que a mí me corroe la envidia. A sus (pocos) años ha conseguido lo que yo sueño: publicar una nada desdeñable cantidad de relatos y novelas. Podéis visitar su blog en el enlace que encontraréis a la columna de la derecha. 

Quintaesencia es un relato del lejano futuro del Universo, abrazando la hipótesis de que está destinado a expandirse de forma infinita y cada vez más rápida, para morir en la oscuridad y el frío más absoluto. 



En esos últimos estertores, Palius Mantel, jinete de materia, atraca en La Estación, una gigantesca nave semilla que desde hace miles de años vaga por el vacío interestelar en busca de un nuevo mundo para dejar su preciada carga: seres humanos. 

Cuando Mantel llega a La Estación, ésta no es más que un pálido reflejo de lo que fue en su plenitud, con grandes áreas cerradas debido a la falta de población y, lo que es más crítico, de energía. Con él seremos testigos de los últimos años, hasta que finalmente abandona la nave en compañía de su último capitán, Myke Terroma, destruyendo La Estación en el proceso. 

El destino, si no otra cosa, llevará a ambos a contactar con una civilización de constructos (factos los denomina el autor), indistinguibles de nosotros, que llevan también incontables eras esperando a aquel que devolverá el orden al Universo. 

Porque Pedro Moscatel, además de trufar su libro de conceptos físicos que dan consistencia a su historia, añade además algún concepto más filosófico o religioso, como la creencia de los factos en un ser superior, o el mismo concepto de la quintaesencia que es la culpable de la expansión del universo. 

Lo sorprendente es que esa quintaesencia, o más bien su constante universal, pueden ser modificados por medios humanos para revertir el proceso de expansión infinita y recomprimir el Universo al tamaño que tenía antes de iniciar su expansión, estabilizándolo y permitiendo la supervivencia de la especie humana. Pero, como suele suceder en estos temas trascendentes, algo saldrá mal y la infinita expansión se convertirá en una infinita compresión hasta un punto de densidad infinita.... 

No cuento más, porque Quintaesencia es mejor leerlo. Y se lee bien, aunque a veces hay que meditar sobre lo que lees para entenderlo por completo, de dónde vienes y a dónde vas. Así hasta el final, en el que las piezas encajan como en un puzle temporal. 

Recomendable 

miércoles, 14 de agosto de 2019

Sangre, sudor y paz

Ya sabemos que es necesario conocer la historia para tratar de no repetirla. Y aún así resulta difícil no caer en los mismos errores del pasado. 

En España hubo una guerra que duró cincuenta años. Una guerra desigual, porque el relato lo ponían unos, y los muertos, otros. Hasta que Francia se dio cuenta de que no podía dar más soporte a una banda de asesinos. Hasta que el asesinato de Miguel Ángel Blanco marcó un punto de inflexión y el pueblo, ese ente abstracto del que muchos se apropian hoy en día, dijo basta. 



A partir de ahí, tras la desaparición del mártir, ese monstruo que era ETA se desinfló hasta desaparecer con más pena que gloria. Sin duda, con mucha más pena y mucha menos gloria que sus pistoleros y dirigentes hubiesen deseado. 

Durante esos cincuenta años, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se empeñaron en combatir con todos los medios legales a su alcance (y quizá otros medios no tan legales) a los terroristas mientras que, como en todas las guerras, los políticos iban a la suya, más o menos. 

Y los muertos iban alfombrando las calles de verde y rojo. 

Porque quizá ha sido la Guardia Civil la que fue golpeada con más dureza, siempre buscando una reacción represiva desproporcionada del Estado que les permitiera ganar definitivamente el relato internacional y verse como honorables gudaris que mataban por defender al pueblo. Al suyo, se entiende. 



Sangre, sudor y paz es un homenaje a la Guardia Civil que, incansable, devolvía golpe por golpe. Tímidamente al principio, con mayor contundencia a medida que iba aprendiendo de sus errroes y del modus operandi de sus adversarios, así como de la progresiva falta de nivel intelectual y estratégico de los dirigentes etarras que sustituían a los que iban cayendo. 

Lorenzo Silva, Manuel Sánchez y Gonzalo Araluce escriben un mosaico de hechos, derrotas y victorias, alimentadas por los testimonios de los supervivientes y de agentes que jugaron un papel más o menos destacado en los diferentes operativos. 

Nunca más

Confieso que lo he leído con interés y con emoción. Una emoción que se transformó en lágrimas al leer lo ocurrido en la casa cuartel de Vic y, sobre todo, el atentado brutal a la casa cuartel de Zaragoza, leyendo el testimonio de padres que aún hoy, más de treinta años después, viven desgarrados por la pérdida de hijos e hijas inocentes, en algunos casos de muy corta edad. 

Por eso no debemos olvidar. Porque si olvidamos, corremos el riesgo de que todo ese sacrificio no haya servido para nada y que, dentro de poco, a la hidra derrotada le crezcan no una, sino dos cabezas venenosas. 

Nunca, nunca más


Sangre, sudor y paz es un libro que todo hombre y mujer de bien debería leer.

domingo, 11 de agosto de 2019

Jumanji

En plena fiebre de revisitación de clásicos, llegó el turno de Jumanji, película que originalmente fue protagonizada por el desaparecido Robin Williams y de la que su nueva versión cuenta con un reparto coral encabezado por Dwayne Johnson (La roca), Jack Black, Kevin Hart y Karen Gillan (Nébula en el Universo Marvel).




Aparentemente la cosa debería dar grima. Y a mí me dio bastante, hasta que me decidí a ver la película en familia. Para mi sorpresa, me encontré con una película de aventuras bastante decente, honesta y que se deja ver por chicos y grandes. 

La historia es básicamente la misma que en el original: un juego que atrapa a sus jugadores de una forma bastante literal. Pero en esta ocasión, en lugar de tratarse de un juego de mesa, tenemos un más actual videojuego de una consola retro. 

Los originales (de izquierda a derecha): Dwayne Johnson, Kevin Hart,
Karen Gillan y Jack Black


Cuatro adolescentes del más variado pelaje son castigados por un profesor a pasar unas horas en una especie de trastero, donde encuentran la consola en cuestión y deciden echar una partidita para pasar el rato. 

Lo siguiente es aparecer en el mundo de juego en la forma de su avatar, ir aprendiendo sobre la marcha las reglas del juego y progresar en los distintos niveles hasta salvar Jumanji y poder volver a casa. 

Quién lo iba a decir, pero Dwayne Johnson prácticamente eclipsa a todos los demás y saca a relucir una vena cómica bastante interesante. Vale que no es Jerry Lewis, pero sí que logra arrancar más de una sonrisa. 

Los avatares

Quizá lo peor sea Kevin Hart, pasado de vueltas, porque Jack Black está bastante contenido en el papel de una chica guay encerrada en el cuerpo de un profesor universitario bastante fondón... Y la chica, Karen Gillan, pasa un poco demasiado desapercibida además de enseñar ombligo. 

Ayuda un ritmo frenético, pruebas arriesgadas y chistes para jugadores, como los PNJs con un número limitado de lineas de diálogo, la mochila portaobjetos sin fondo aparente o la forma de volver al juego cuando se ha perdido una vida. 

La chica

Una sorpresa que gracias a su éxito ha conseguido asegurar al menos una segunda parte y muy probablemente una tercera. Veremos si su frescura se mantiene y si el producto vuelve a funcionar o se pierde por sobreexposición.

domingo, 4 de agosto de 2019

Los increíbles 2

Hubo que esperar casi quince años para que Los increíbles tuviera una segunda parte. Incomprensible, siendo una de las mejores películas de PIXAR. Esta secuela vino después de Cars 2, o incluso de Cars 3. Más incomprensible aún.



Los increíbles 2 empieza justo donde nos dejó la primera parte: la aparición de El Socavador, un supervillano un poco cutre que parece un topo con una máquina desproporcionada. Así que el arranque nos deja un poco de adrenalina y nos devuelve a la familia Parr. 

Pronto las cosas cambiarán para ellos. Un filántropo se pone en contacto con Elastigirl para convertirla en la imagen, la cara amable de una nueva era de superhéroes. Bob debe quedarse en casa, porque Mister Increíble es demasiado brusco para estas cosas y su imagen no es la mejor... 

La vida transcurre entonces en dos frentes: Elastigirl se esfuerza por cumplir en su nuevo puesto, viviendo cosas que ya parecían olvidadas, recordando viejos tiempos y conociendo y confraternizando con nuevos héroes. 

...y según la ley de conservación del momento de inercia...


Mientras tanto, Míster Increíble debe hacer frente a las tareas cotidianas: hacer cenas, contar cuentos, hacer los deberes... Algo que resulta mucho, pero mucho más estresante que combatir contra decenas de supervillanos. 

Evidentemente las cosas se irán complicando y habrá que involucrar a la familia. Incluso al pequeño Jack-Jack, que poco a poco va descubriendo sus poderes para desgracia de su vecino mapache. 

Los increíbles 2 es una película para niños con muchas capas que enseñan grandes cosas a los adultos. Lo principal, la igualdad de roles en la familia. Algo por lo que se debe seguir luchando sin descanso a pesar de la educación sexista que muchos hemos recibido. Y lo hace, como buena película infantil, de refilón, sin que te des cuenta va calando el mensaje. 

¡Pero cómo puede salir a pagar!

Pero además de ser una película social, funciona muy bien como thriller, porque el verdadero villano estará escondido hasta casi el final y por lo menos a mí me sorprendió. En ese sentido es bastante mejor que su predecesora. 

Ese es el resumen, diría yo. Los increíbles 2 cogen unos personajes carismáticos y los llevan a otro nivel, para convertirse en una de las pocas segundas partes que no defraudan. Ya sabéis que tradicionalmente una segunda parte es más una película de transición que otra cosa...

Un notable alto para los superhéroes de PIXAR.

domingo, 28 de julio de 2019

Miguel Strogoff, el correo del zar

Miguel Strogoff, correo del zar, es el arquetipo del hombre valiente y honorable que afronta innumerables peligros con gran valor persiguiendo siempre un objetivo mayor que sí mismo. Un icono del siglo XIX retratado por la pluma de Julio Verne, el francés visionario.

El traidor Iván Ogareff maneja en las sombras a las hordas tártaras de Feofar Khan, que ha sumido a a la Rusia asiática en un hervidero y prácticamente ha dejado incomunicado al hermano del zar en la lejana ciudad de Irkutsk. 



Miguel, un capitán de correos del zar de origen siberiano, es elegido para llevar una misiva en la que se advierte al príncipe de las verdaderas intenciones del traidor Ogareff. Al aceptar su misión, el joven Miguel dará el primer paso para convertirse en héroe. 

La obra de Verne es un mito do de la literatura universal y se ha llevado a la gran pantalla con gran éxito en la década de los años cincuenta del siglo pasado, además de adaptarse al mundo del tebeo e incluso de los juegos de mesa. 

Es uno de esos libros en los que la nobleza de las personas se reflejan en sus ojos, en los que el héroe sabe de manera instintiva en quién puede confiar, pero es sorprendentemente ingenuo para sospechar de los villanos que se encontrará en su camino. Pero el héroe, con su sola presencia y su carisma, dejará siempre en evidencia a aquellos que se opongan a su noble causa. 



Miguel Strogoff es también una novela hija de su tiempo. Eurocéntrica y puede que bordeando el racismo, pues las tribus tártaras, e incluso los rusos, se muestran inferiores a franceses e ingleses, potencias hegemónicas en la época (más los ingleses, aunque como buen francés Julio Verne se niegue a reconocer su superioridad y cuele algún personaje para dar presencia a su madre patria). 

Como novela de aventuras Miguel Strogoff funciona de manera desigual. Hay pasajes ciertamente apasionantes, aunque son los menos. Buena parte de la novela transcurre devorando verstas (una versta es algo mayor que un kilómetro) y más verstas entre tal sitio y tal otro, dando rodeos para evitar a los tártaros, vadeando ríos, cambiando de vehículo, a pie o a caballo. Los conocimientos y la preparación de Verne son superlativos y aunque de adolescente me mostraba ávido de aprender, ahora pasada la cuarentena esos pasajes me parecen plomizos. 



Así que con Miguel Strogoff me ha pasado lo mismo que con otras obras de Verne ahora que estoy leyéndolas en la madurez. Cuesta mucho decirlo, pero  tienen bastantes pasajes aburridos y no sé cómo funcionaría ahora en una chavalería que está acostumbrada a la inmediatez y que pueda llegar a estos clásicos por un motivo u otro.

sábado, 20 de julio de 2019

Jaipur

Jaipur es un juego de cartas exclusivo para dos jugadores en el que cada uno toma el rol de un mercader que quiere colocar su mercancía y ganar el mayor beneficio. 

Cada jugador tiene una mano de cartas con la que jugar, que representan las mercancías con las que tratamos (diamantes, oro, plata, especias, cuero y telas) y que siguiendo las reglas podremos vender y obtener dinero. 



Si conseguimos vender grupos de estas mercancías, obtendremos también bonificadores. 

Hay también un mercado central del que podremos reponer mercancía o en el que podremos descargarnos de cartas, si nos interesa por algún motivo. 

La saturación de mercancía a la venta se refleja porque cada vez que vendamos un producto, obtendremos menos dinero de vuelta. 

Los camellos son otra historia: no se pueden vender, no se pueden intercambiar, pero se pueden acumular. Y el jugador que más camellos acumula en su cuadra, se lleva también una tanda de puntos. 




La partida se divide en tres juegos, mangas, sets o como queramos llamarlo. Gana el jugador con más puntos en dos de esos tres juegos. 

Jaipur es un juego muy recomendable, con partidas que duran media horita y que se adapta a todos los niveles. Puedes jugar con niños o puedes jugar con adultos. Además, como solo hacen falta dos jugadores, no tienes que reunir a la pandilla. Su duración reducida lo hace ideal para rellenar un hueco en un viaje o para remontar una tarde aburrida.

A los niños les encanta porque tiene cartas con ilustraciones atractivas y coloridas, además de las fichas de bonificación, las monedas, etc. 

Y todo en una cajita pequeña y bien montada, y con un precio apañado. 


domingo, 14 de julio de 2019

El tapiz de Fionavar

En mi afán por leer obras clásicas, hace unos meses que leí la trilogía de El tapiz de Fionavar, del amigo Guy Gavriel Kay. Con un resultado bastante negativo, he de decir. 

Publicada en la primera mitad de la década de los ochenta del siglo pasado, El tapiz de Fionavar se compone de tres títulos, El árbol del verano, El fuego errante y Sendero de tinieblas, que cuentan la historia de unos muchachos canadienses (como el autor) que se ven transportados de nuestro mundo hasta Fionavar por el mago Loren Manto de Plata. Allí se convertirán en héroes de ese nuevo mundo, algunos de ellos morirán y todos sufrirán en una guerra que amenaza con destruir al resto de los mundos, incluido el nuestro, que están unidos a Fionavar por El Tejido. 




Partimos de una idea buena, ese viaje transdimensional o como lo queramos llamar. Tenemos alguna otra buena idea más, como esa particular forma de magia, que necesita del hechicero y de un catalista del que el primero extrae la energía mágica (algo que luego vimos en La espada de Joram). 

Pero lo que viene después no es ni mucho menos tan brillante. Es más, toda la obra tiene un cierto olor a viejo, a algo que ya está hecho y que se le ha querido dar un lavado de cara. Luego, cuando ves en algunos sitios que el amigo Guy Gavriel Kay ha colaborado con Christopher Tolkien en la redacción definitiva de El silmarillion, ya se entienden muchas cosas. 




La historia puede ser algo interesante, pero los personajes no tienen volumen y no se puede empatizar con ellos. Más bien odias a alguno de ellos y te da igual cuando mueren. Otros personajes que han podido dar un poco más de juego, mueren de una forma totalmente prescindible e inútil. 

Por ejemplo, cuando Melkor (perdón, el Tejedor), libera un dragón que promete fuego y sufrimiento a partes iguales, este es derrotado con bastante simpleza por un niño montado sobre un unicornio con alas. O sea, te quedas con una sensación WTF bastante poderosa. Una sensación que también tengo con el desenlace de la historia del hijo del Tejedor y una de las protagonistas (Jennifer, un personaje bastante poco empático con el lector), al que se le vende como el fiel de la balanza que desencadenará el destino del mundo dependiendo de su decisión, prometiendo al menos un confllicto sicológico interesante y luego se ventila como si nada.

Y la presencia del Rey Arturo y de su fiel Lancelot recuerda mucho, si no demasiado, al concepto de Campeón Eterno de Michael Moorcock.



Si además unes a todo esto una prosa excesivamente cargada y pomposa, tienes el cóctel perfecto para un fracaso en toda regla. Hay párrafos que son infumables, pretendiendo imitar la prosa de Tolkien (que, no nos engañemos, también tenía lo suyo), pero sin llegar a su talento.

Una pena, porque esta trílogía le podría haber gustado a mi yo de quince años. Y porque cuando leí Tigana, publicada por el mismo autor unos años después, no me disgustó para nada (aunque tampoco es un libro que vaya a cambiar la historia de la novela fantástica). 



Por lo menos es una trilogía de las clásicas, con libros manejables de trescientas y pico a cuatrocientas páginas y no los tochos que se llevan hoy en día. Si fuera así, sería homérico llegar al final. 

No puedo recomendarla. En conciencia.

viernes, 12 de julio de 2019

La paradoja de Fermi

Nuestro Universo está en continua expansión y alberga cientos de millones de galaxias, cada una de ellas con decenas de miles de millones de estrellas. Alrededor de cada estrella orbitan al menos una decena de planetas y malo será que al menos uno de ellos no orbite en la zona de habitabilidad de la estrella. 

O sea, si hacemos uso de la lógica, debería haber un número entre 1 (nosotros) y varios millones de sistemas estelares que albergan, han albergado o podrán albergar vida. Y, del mismo modo, podemos llegar a la conclusión de que un número entre 1 (nosotros) y varios millones de estos sistemas estelares, albergarán vida inteligente. 


La ecuación de Drake


El número, o más bien la estimación exacta, vendrá dado por cuán optimistas estemos el día en cuestión. Pero la lógica suele ser aplastante. 

Fran Drake desarrolló una ecuación que intenta estimar ese número de sistemas estelares que nos acompañan durante el camino (¿largo?, ¿corto?) de la civilización. Un intento de aplicar las matemáticas a un tema tan subjetivo. El problema, claro, que no es posible conocer los valores que necesitamos aplicar. O sea, vuelta a la subjetividad. 

Este es Drake...

Drake, como cualquiera de nosotros echando unos números, pensaba que debería haber otras civilizaciones inteligentes con las que podríamos comunicarnos e impulsó el proyecto SETI, ese en el que puedes participar tú también compartiendo tiempo de procesador. A pesar de todo, los años y las décadas pasan y no encontramos nada más allá de la fugaz señal WOW! y que no se ha vuelto a repetir. 

¡Uala!


Fue el físico italiano Enrico Fermi el que apuntó su famosa paradoja: la paradoja de Fermi. O sea, si hay potencial para tantos y tantos compañeros y vecinos, ¿dónde paran que no los oímos?. Otra aplastante aplicación de la lógica. Aplastante porque hace uso de la evidencia para destrozar los sueños de aquellos que desean surfear con los aliens. 

...y este es Fermi

Hay respuestas para todos los gustos, algunas más desarrolladas y otras apenas apuntadas:

  • Las civilizaciones no coinciden en el tiempo. La escala de tiempo del Universo es tan amplia que pudiera darse el caso de que dos civilizaciones cualesquiera no compartan la misma ventana temporal. 
  • Las distancias son tan grandes que todavía no hemos contactado. El tiempo que tarda una señal en llegar (o salir) a la Tierra desde el planeta habitado más cercano puede tan largo que todavía no haya llegado a nosotros.
  • Están ahí, pero no desean ser contactados. Esta hipótesis abre escenarios estimulantes para los conspiranoicos, esctritores y demás gente de mal vivir (por ejemplo la hipótesis del zoológico)
  • Están ahí, pero no conseguimos entenderlos. Puede que su tecnología sea tan avanzada que no tengamos los medios para reconocer sus mensajes.
  • Hay un cuello de botella en la evolución de las civilizaciones que puede llevar a su autodestrucción. O sea, que hay civilizaciones que se han autodestruido a escala temprana. Esto debe ser antes de que la civilización tenga capacidad para el viaje interplanetario y/o interestelar, porque de otro modo podría escapar del colapso de su mundo natal. Si el embudo es muy acusado, pocas o ninguna civilización será capaz de desarrollarse y pasar al otro lado. 
  • Realmente somos una consecuencia extremadamente improbable (hipótesis de la Tierra rara). Hay un gran filtro que impide el desarrollo de vida inteligente.
  • Realmente estamos solos
Prácticamente ninguna solución propuesta a la paradoja de Fermi fomenta el optimismo, la verdad. O nos enfrentan a la soledad del inmenso vacío estelar o nos ponen delante de un espejo para que veamos las consecuencias catastróficas de nuestro hacer. 


Filtro evolutivo

La verdad es que la lógica y la evidencia nos llevan a soluciones contradictorias. 

Pero también hay la posibilidad de que estemos pecando de inconscientes al querer contactar con una civilización vecina, como llegó a decir Stephen Hawking. Porque, ¿cuáles son sus capacidades? Y más importante aún, ¿cuáles son sus intenciones? 



lunes, 8 de julio de 2019

Vikingos (T5)

La quinta temporada de Vikingos también se ha dividido en dos partes de diez capítulos cada uno y continúa el cambio de foco tras la muerte de Ragnar en la cuarta temporada. 

El problema es el mismo de entonces: el personaje de Ragnar era tan arrollador que eclipsaba a todos los demas. Ninguno de los demás se le puede aproximar. Ni Lagertha, Bjorn, Floki, Ubbe, Rollo... ni el mismo Ivar sin Huesos.




En esta ocasión tenemos la guerra entre hermanos que ya se vislumbró en la cuarta temporada. De un lado Ubbe, Bjorn y Lagertha. Del otro Ivar, Hvitsärk y el rey Harald. En el medio, el control de Kateggat. 

Sangre, mucha sangre. E Ivar, mucho Ivar, que resulta el protagonista indiscutible de la temporada por encima de cualquiera de sus hermanos y demuestra estar también por encima suyo en cuanto a previsión, táctica y estrategia, derrotándolos una y otra vez hasta que, al final, solo la traición puede con él aunque conserva la vida para una sexta temporada. Ese descenso a los infiernos de la locura resulta atractivo, casi como caer al reverso tenebroso de la fuerza. 




Crece también el protagonismo de Alfredo de Wessex, aunque se le ve más bien pusilánime y aún lejos del gran rey que fue. En su trama brilló con luz propia su madre, Judith, capaz de todo con tal de asegurar en el trono a su hijo, aún a costa de su otro hijo (una escena digna de Juego de Tronos).

Una decepción resulta ser la historia de Floki y la colonización de lo que debe ser Islandia. Vale que es también la historia de la mezquindad humana y cómo esa mezquindad echa por tierra los sueños del buen Floki, que cree haber encontrado el hogar de los dioses, solo para ver una cruz cristiana en el interior de una cueva. 




Es interesante esa dualidad paganismo / cristianismo en los personajes principales que Vikingos recupera en esta temporada. Resulta ser uno de los mejores momentos desde la desaparición de Athelstan hace ya un par de temporadas. 

Y como descubrimiento que me encantó, Jonathan Rhys Meyers y su personaje, el obispo Heahmund, príncipe de la Iglesia y guerrero que se debate entre el amor a Dios y su amor a Lagertha. Su final me pareció épico, pero también triste porque hubiese sido un aliciente para las temporadas por venir. Confieso que no había visto antes a este actor, pero no voy a poder olvidar en mucho tiempo esa mirada que desprende a la vez fanatismo y locura, quizá lo más cercano a la santidad. 




En resumen, la quinta temporada me pareció bastante plana salpicada con algunos momentos de verdadero interés, pero también con otros momentos de verdadero aburrimiento. Me parece que el interés va a ir decreciendo, por el sencillo motivo que los personajes que se quedan no son capaces de cubrir el hueco de los personajes que se van. 


sábado, 29 de junio de 2019

Ún, dos tres...

Hace apenas un par de semanas que saltó la noticia de la muerte del gran Narciso Ibáñez Serrador, Chicho. Fue el 7 de junio de 2019, apenas un mes antes de haber cumplido los 84 años. 

Chicho Ibáñez Serrador es historia viva de la televisión española. Un mito para los que crecimos en los años 80 del siglo pasado y que cada viernes volvíamos a casa con la ilusión de ver un nuevo Un, dos, tres... concurso que está grabado a fuego en nuestra memoria. Un programa de humor blanco, apto para todos los públicos, que llegaba a juntar delante del televisor a padres e hijos, abuelos y nietos. 

Sin duda, un adelantado a su tiempo que llegó a convertir en oro a todo lo que tocaba y a garantizar un futuro esplendoroso a todos aquellos a los que descubrió para sus programas. 



Pero Chicho no es solo Un, dos, tres... 

Apenas un par de películas sirvieron para que revolucionara el terror patrio. En especial me quedo con ¿Quién puede matar a un niño?, un relato desasosegante que era una adaptación de la novela El juego de los niños del gijonés Juan José Plans (al que luego descubrí en el programa Historias, de RNE). 

Y más que todo eso, quizá, fueron aquellas Historias para no dormir, una serie que también marcó a una generación, esta vez la de mis padres allá por los años sesenta, cuando la televisión apenas estaba empezando en este país. Chicho y su padre, Narciso Ibáñez Menta (otro genio), aterrorizaron a los espectadores en formato en blanco y negro. Todavía es hoy el día en que mi madre recuerda alguno de aquellos capítulos espeluznantes con un escalofrío. 



Coincidí con Chicho en un avión, no recuerdo si de ida o de vuelta al archipiélago canario, hace unos cuantos años y ya estaba el hombre muy desmejorado. Algunos años más tarde coincidí con Mayra Gómez Kemp, icono del Un, dos, tres..., primero como azafata y luego como presentadora, en el Pasapalabra en el que fui humillado. Tengo un recuerdo agradable de ella, y sobre todo del comentario que hizo en una pausa de publicidad en el que dijo que yo me parecía mucho a Chicho cuando era joven. 

Ojalá me pareciera de verdad a este genio, al que no llego ni a la suela de los zapatos. 

Y hasta aquí puedo leer...


domingo, 9 de junio de 2019

Castle

Desde siempre me han gustado las series policíacas, Starsky & Hutch, Los hombres de Harrelson, Canción triste de Hill Street, Spenser..., pero tanto o más que estas me gustan las de suspense. Colombo o Se ha escrito un crimen, por ejemplo. Series que podía ver toda la familia, porque no había sangre y al muerto se le solía ver tapado con una sábana blanca. Era raro también ver el funcionamiento de una persona: la mejor arma del investigador era su cerebro y en el caso de Colombo esa última pregunta que llevaba a descolocar al sospechoso.



La televisión ha cambiado mucho desde que yo era un niño. Muchas cosas son mejores, otras son peores. Pero todavía se pueden encontrar series como las de antes.

Castle es una serie que alcanzó ocho temporadas, lo que no está nada mal en los tiempos frenéticos televisivos que corren actualmente. El protagonista es Rick Castle, un autor de éxito que busca una experiencia real con la policía para documentarse y escribir su nuevo libro. Durante esta experiencia traba relación con la inspectora Kate Beckett, que le impresiona tanto como para inspirarse en ella para su protagonista. Al inicio no se pueden ni ver, pero la cosa acabará de una forma muy diferente...

Y así, amigos, hasta 173 capítulos, la mayor parte de ellos muy entretenidos (el conjunto de la serie puntúa 8,1 en imdb), aunque la liaron con una trama de espionaje y conspiración que quizá no venía muy a cuento y que no aportaba gran cosa. 

Momento inolvidable


Una de las patas del éxito de Castle, además de unos casos de lo más interesantes, es el enorme carisma de sus protagonistas. No solo Castle y Beckett, sino de todos los habituales: Martha (la madre de Castle, interpretada por Susan Sullivan, a la que recordaréis - o no- de Falcon Crest), Alexis (su hija) y los detectives Ryan y Esposito. Todos ellos ayudan a construir una ficción creíble, dándole volumen y perspectiva. 

Otra de las patas, que sustenta o se sustenta en la primera, son los guiones: historias atractivas capítulo a capítulo hacen que los nuevos espectadores se enganchen a la serie; las historias personales de los personajes hacen que la ficción tenga una continuidad y un sabor familiar. 

Y la tercera pata es el tremendo carisma de Nathan Fillion, un actor que hace que de forma inmediata amemos a su personaje, ya sea el capitán de la Firefly, el hombre del tiempo novio de la hija de Phil Dunphy en Modern Family o un cuarentón novato de la policía en The Rookie.

De forma sorprendente, Castle sobrevivió incluso al final de la tensión sexual no resuelta entre Castle y Beckett, que incluso acabaría en boda. Y también a la aparente mala relación entre Nathan Fillion y Stana Katic en la vida real. Con buen criterio decidieron que la ficción no debería sobrevivir a la salida de uno de sus protagonistas y por eso acabaron por darle un final digno, sin hacerla arrastrarse por la parrilla televisiva. 

Otro momento inolvidable


Castle es de lo mejorcito que he visto en televisión en los últimos tiempos y todavía hoy, tres años después de su cierre, me quedo mirando alguno de sus capítulos en las infinintas reposiciones que se hacen en las cadenas de televisión digital.


viernes, 7 de junio de 2019

75 años de Omaha

Omaha la sangrienta
 
Juno

Gold

Utah

Sword

Aquello tuvo que ser escalofriante. Bajar de las lanchas de desembarco, tropezar en la orilla, oír zumbar las balas de una MG42, ver caer a tus compañeros justo a tu lado... 



Ayer se han cumplido 75 años del amanecer del 6 de junio de 1944. El Día D. 

Miles de muchachos británicos, canadienses, estadounidenses, algunos de los cuales ni siquiera sabrían ubicar Francia en un mapa, asaltaron la Fortaleza Europa y abrieron el segundo frente que los rusos llevaban años reclamando. A partir de ahí a Alemania se le fue escapando el aire poco a poco, aunque la guerra duraría casi un año más. 



Lejos de identificar a todo alemán con un nazi (aunque el tema daría para una entrada completa, sobre todo esa silenciosa aceptación del régimen por parte de la inmensa mayoría de la población y salvo muy honrosas excepciones), sí es verdad que seguramente estos muchachos salvaron al continente de un largo período de oscuridad. 



Siempre en el recuerdo, los caídos y los cada vez más escasos supervivientes de aquella jornada.  




domingo, 26 de mayo de 2019

Marciano vete a casa

Allá por 1955 se publica Marciano vete a casa, una obrita de ¿ciencia ficción? de Fredric Brown ambientada en 1964.

¿Que por qué pongo ciencia ficción entre interrogantes? Pues porque aparte del título y de la aparición de hombrecillos verdes de Marte, no está tan claro que la obra sea ci-fi. Más bien se podría decir que es ficción humorística.

Colección clásica de Ci-fi


Luke Deveraux es un escritor de éxito que pasa por un momento de bloqueo creativo. Para liberarse y poder cumplir con sus compromisos editoriales, se abstrae de la realidad y se aisla en una pequeña casita para trabajar y empinar el codo. Cuando comienza a escribir llaman a la puerta y al abrir se da de bruces con un hombrecito verde bastante irritante. 

Se trata de una invasión, incruenta, pero irritante. Los marcianos aprovechan su facultad de kwimmar, desplazarse de forma incorpórea e inmediata al lugar que deseen, para burlarse de los terrícolas mientras realizan sus tareas y funciones biológicas naturales. Sí, también esa, lo que corta el rollo a muchos. 



Uno de los efectos secundarios de esta invasión es que el gran público pierde de inmediato el interés por la ciencia ficción, lo que redunda en el interés por la obra de Luke, que en el pasado escribió alguna novelita ambientada en el Oeste y que ahora se cotizan al alza. En un arrebato creativo resulta convertirse en inmune a los hombrecillos verdes: no puede verlos, no puede oírlos. 

Al final del libro, tres personajes repartidos por el mundo intentan más o menos de forma simultánea hacer desaparecer a tan molestos visitantes. Estos se esfuman, sin que quede claro cuál de los tres lo ha conseguido. 

No es un marciano. Es el autor.


Aparte de lo curioso de la historia, y algún que otro golpe humorístico algo pasado de moda, Marciano vete a casa no me dice mucho más. No deja de ser una historia hija de su tiempo, los años cincuenta del siglo pasado, lo que se demuestra en los roles asignados a hombres y mujeres. 

Lo bueno es que se lee bastante rápido, pero también se me ocurre que hay mejores cosas para pasar el tiempo.