domingo, 28 de septiembre de 2014

Hannah y Barbera

Hoy toca nostalgia.

Nostalgia de cuado era chico y, bocadillo de nocilla o de leche condensada en mano, pasaba un rato viendo en la tele los dibujos animados de Hannah y Barbera. Me costó lo suyo entender que eran dos personas y no una, pero cuando uno es un pequeñuelo inocente, esas cosas tienen una importancia relativa.

Empecemos, pues:

Los Picapiedra son unos de los personajes más famosos del mundo mundial. Pedro, Vilma, Pablo y Betty, Dino, Peebles y Bum-Bum, el señor rayuela, jugar a boliches, esos electrodomésticos de los que no se privaban, los coches de patas...



Otro personaje mítico era el oso Yogi, con su inseparable pequeño amigo Bubu, en una lucha constante por la supervivencia en el parque de Jellistone, a base de cestas de campistas...



No hay que olvidar al gran Don Gato, un felino vividor acompañado por una pandilla no menos vividora, de la que solo recuerdo al pequeño Benito




El malvado Pierre Nodoyuna volaba en la Primera Guerra Mundial, al mando del Escuadrón Diabólico y acompañado por su fiel Patán, siempre burlados por la paloma mensajera.




Un apacible conserje de la comisaría de policía se convierte en Hong Kong Phooey, experto en artes marciales que lucha contra el mal. Solo tiene que meterse en el archivador y cambiarse, aunque a lo mejor necesite un poco de ayuda de vez en cuando. Impagable su coche.





¿Y el que probable sea el superhéroe más pequeño del mundo? La hormiga atómica y sus antenas con las que capta las señales de radio.






Otra buddy-movie era la de Leoncio el león y Tristón, que era una hiena con pocas ganas de reírse. En la década de los noventa, los guiñoles del Canal Plus, hacían una parodia con los muñecos de Aznar y Mayor Oreja.




En la tienda de animales del señor Peebles, te podías encontrar a Magilla, un gorila con sombrero bombín, pajarita y tirantes




En un barco colgado de un globo aerostático, viajaban en busca de aventuras Pepe Pótamo, un hipopótamo vestido de explorador, y su fiel amigo So-So. ¡Cuidado con su hipo grito huracanado!




Hay muchos otros personajes: la tortuga D´Artagnan, Tiro Loco McGraw, Canuto y Canito, Los Supersónicos, el lagarto Juancho, el Capitán Cavernícola (e hijo), Johnny Quest... 

Pero mis favoritos fueron siempre los autos locos: los hermanos Macana, Piedro y Roco; el convertible del profesor Lokowith; el alambique veloz; el stuka rakuda del barón Hans Fritz; Pedro Bello y Penélope Glamour; el súper chatarra especial; el troncoswagen... y cómo no, el súper ferrari de Pierre Nodoyuna y Patán. Incluso hubo una especie de spin-off: Los peligros de Penélope Glamour...



Ya sé que muchos de estos personajes y sus aventuras eran muy básicos y repetitivos, que la calidad de los dibujos dejaba un poco que desear y que el tono general era un poco "de cadena de producción", pero no hay nada que se le haga cuesta arriba a un chaval y su bocadillo de nocilla.






lunes, 22 de septiembre de 2014

Hoy he venido a hablar de mi sobri

Otra cosa no, pero en mi familia hay talento a carretadas. De hecho, el talento lo exportamos.

Es evidente en mi caso, a las pruebas y a las casi trescientas entradas de esta bitácora me remito. Es evidente también en mi hermano, auténtico hombre del Renacimiento que lo mismo te fabrica un sextante que recrea en 3D las fantabulosas ilustraciones de Escher, maestro del hiperrealismo y de la geometría imposible o cuenta hilarantes historias inventadas.

Mi sobrina, María, la mayor de los tres churumbeles de mi hermano, ha cumplido ya veintiún años. Parece que fue ayer cuando casi cabía en la palma de mi mano; o cuando se podía bañar en el barreño de aclarar las lechugas; o cuando estaba malita y se quejaba de que le dolían los bazos y las penas en la cama de su abuelita.

Aquella niña adorable creció. Y fue cada vez menos adorable y más... arisca, diría yo. Sí, arisca es la palabra. Con un gusto al vestir cuando menos cuestionable, cosplayer (sí, amigos, he tenido que buscar esto en el puto internet) aficionada a los videojuegos, a los cómics (supongo, pero no me he atrevido a preguntar que también al anime y al manga) y a no sé cuántas frikadas más. Luego, con todo su morro, le dirá a mi madre que el friki soy yo, y ya la tengo yo liada la próxima vez que vaya a comer de gratis...

Pues esa cada vez menos adorable niña y más arisca muchacha, tiene un talento para el dibujo que... Ya mi hermano se llevó todo el talento dibujeril para sí (lo demás me lo quedé yo, así que tampoco me voy a quejar). Todavía recuerdo cómo, siendo yo apenas un adolescente, copió en un par de trazos el caballo de La batalla de Mühlberg, de Tiziano. Y yo ahí delante, como un gilipollas, dibujando a las personas como si fueran alambres... 

Esto es lo máximo a lo que yo puedo llegar... y con esfuerzo


Creo que no me ciega el cariño, pero es probable que necesitéis alguna muestra. Acordaros de cerrar las bocas para que no os entren moscas, cuando hayáis llegado al final de esta entrada.

Y, si alguno de vosotros necesita una ilustradora para una portada, un cuento, postales, lo que haga falta... no os olvidéis de ella. Su talento mercenario embellecerá cualquier cosa que se os ocurra.


Apunte del natural, acuarela.


Illustración para un cuento


Tinta

Retrato, a lápiz
Caricatura, a lápiz


viernes, 12 de septiembre de 2014

Vikingos (T2)

La primera temporada de Vikingos resultó ser un poco decepcionante. No es que fuera mala, no. Pero tampoco era una serie de esas que rompen. Aún y así, no me perdí un capítulo porque el tema nórdico me va.

Todo esto cambia con la segunda temporada. Desde el espectacular comienzo del primer capítulo, con Rollo saltando un muro de escudos para terminar cubierto de sangre y prisionero de su hermano Ragnar, hasta el tremendo final de temporada (que no desvelaremos aquí, salvo error). 


Rollo, tendrá ocasión de enmendar errores pasados

Entre medias, las incursiones en Wessex, donde Athelstan pasará una temporada contra su voluntad (o quizás no tanto contra su voluntad). 

Ragnar tendrá que solucionar no solo sus problemas domésticos, dejando ir a Lagertha y quedándose con la princesa Aslaugh (no pueden ser más distintas, estas dos), sino también las disensiones entre sus seguidores (Floki, Rollo) y las tensiones entre sus aliados (Jarl Borg y el rey Horik). Mientras tanto, tendrá varios hijos (entre ellos, el famoso Ivar Sin Huesos). Y tendrá que recuperar su hogar, conquistado por uno de sus enemigos mientras él se encontraba en Wessex. 


Freneticón invulnerable


Esta segunda temporada tiene un sabor más genuinamente vikingo. Hay una confrontación entre mentes astutas, acostumbradas al subterfugio. Golpes de mano, orgullo, venganzas personales y, a su manera, defender el honor. 

Hay capítulos memorables, intensos... El primero, Guerra de hermanos, sienta las bases de lo que será la temporada y la relación entre varios de los protagonistas; el séptimo, Águila de sangre, tiene un final tremendo, de los que no se olvidan; el décimo, La oración del señor, es el cierre perfecto de la temporada, donde todo toma sentido y las incógnitas planteadas se cierran del mejor modo. Nada es lo que parece en la sociedad vikinga.

He nombrado tres, pero alguno más también podría ser. De hecho, ningún capítulo es prescindible y todos aportan su granito de arena a la trama que se está construyendo.

Sí, esta segunda temporada me ha gustado mucho más. Le doy un ocho esperanzado, mientras ardo en deseos de que comience la tercera. 


¿Y estos qué hacen aquí?



lunes, 8 de septiembre de 2014

Me vestiré de medianoche

La cuarta novela de la serie de la pequeña Tiffany Dolorido, ahora no tan pequeña, es Me vestiré de medianoche.

Tiffany es la bruja de La Caliza a pesar de estar, como quien dice, todavía en prácticas y con la L en la escoba. A pesar de todo, se esfuerza por ser lo que los demás necesitan que sea, aunque tenga dudas y no sea, en el fondo, más que una quinceañera. 


Fíjate bien. ¿No te das cuenta?


El inicio del libro es quizás el más duro que recuerdo al bueno de Terry Pratchett. Atrás han quedado ya los días del jijijaja sin pretensiones, como lo demuestra ese incidente entre un padre y su hija, un poco demasiado turbio al principio (aunque luego no lo fuera tanto), y esa turba vengativa que de tanto en tanto se forma en las comunidades. Un intento de suicidio, unas impresiones tomadas demasiado deprisa y comienzan los prejuicios. 

Bruja.

El viejo Señor de La Caliza está más para acá que para allá. Tiffany, como hizo su abuela antes que ella, le visita casi a diario para llevarse el dolor (una de esas teorías con fundamento que me fascinan de los libros de Pratchett). Una oreja detrás de una puerta, una puerta que se abre, unas monedas y un cofre, un Señor muerto, unas conclusiones precipitadas y comienzan los prejuicios.

Bruja.

Porque este libro va de eso, de los prejuicios. De cómo la gente es capaz de olvidar todo el bien que le han hecho, si puede colocar su pensamiento en una posición más cómoda, en la que se pueda mover con la inercia de los prejuicios. 

Pratchett personaliza eso en un antiguo cazador de brujas que, de tanto en tanto, busca la forma de encontrar un hueco en la realidad (en esto se parece al colmenero, o al señor del invierno, de libros anteriores) para acabar el trabajo que empezó hace mucho tiempo: enviar a todas las brujas a la hoguera. 

Poco más diré, a no ser que veremos algunos personajes conocidos (los Pequeños Hombres Libres, Yaya Ceravieja, Tata Ogg; o el comandante Zanahoria y Angua, esta vez desede un punto de vista distinto al que estamos acostumbrados) y algunos nuevos (ese guardia del señor, un poco más listo que los demás y que parece siempre qué decir a Tiffany; la prometida del nuevo señor, que por jugar a ser bruja está a punto de desencadenar una catástrofe). Viajes en el tiempo (no me di cuenta de esto hasta que lo leí, a pesar de que lo tuve todo el rato delante mismo de los ojos), una situación en el filo de la navaja, con pocas probabilidades de éxito... Pero Tiffany hará lo que tiene que hacer. Porque es la bruja de La Caliza.

La bruja y sus... pequeños colaboradores


Hasta el momento, Me vestiré de medianoche cierra la serie de Tiffany Dolorido. No conozco ningún libro posterior y, tal como están las cosas con el alzheimer, no confío en que lo vayamos a tener en un futuro. Pero el cierre es soberbio. Probablemente el mejor de los cuatro. Ha servido para que, si bien al principio el personaje no me era demasiado simpático ni atractivo, mi opinión haya cambiado por completo.

Vamos a darle un nueve y, cómo no, recomendarlo. 


Por primera vez no pudo asistir a SU convención... Disfrutemos lo que nos queda...