viernes, 29 de marzo de 2024

Hombres de hierro y otros relatos del cuadrilátero

Robert E. Howard fue un profesional de la literatura que escribía para vivir y vivía para escribir. Con lo que ganaba aporreando sin misericordia el teclado de la máquina de escribir, conseguía el sustento para su madre y para él, una vez que sus padres se separaron. 

No recuerdo el número de palabras que se dice que escribía al día, pero lo que sí recuerdo es que era una barbaridad. Horas y horas, prácticamente sin descanso, entre una relación maternal tóxica y una sentimental que no fue capaz de llevar a buen puerto, seguramente a causa de la primera. 

Bob Dos Pistolas, como le bautizó Lovecraft, era consciente de que cada palabra era dinero, porque las revistas como Weird Tales pagaban por palabra a los autores cuyos relatos publicaban. Y publicaban los relatos que el público leía. Y como sabían lo que el público consumía, la revista se vendía bien.

 


Así que Bob tomó buena nota y tocó muchos palos, incluso reutilizando ideas de un género o de un personaje y aplicándolas a otros que podían darle mejor rédito económico. El diinero, necesario para vivir, era prioritario. 

Nos dejó personajes inolvidables: Solomon Kane, Kull, Cormac Mac Art, Bran Mak Morn y, por encima de todos, Conan... Escribió relatos de detectives, protagonizadas por un tal Steve Harrison, que al parecer era una especie de bárbaro con gabardina, porque la cabra tira al monte, en las que también había ingredientes sobrenaturales.

Y también escribió un puñado de relatos ambientados en el mundo del boxeo que, en los Estados Unidos de años treinta del siglo pasado, todavía sacudidos por la Gran Depresión, tenían un gran público. 

Hombres de hierro y otros relatos del cuadrilátero es una colección de esos relatos. Por desgracia, no están a la altura de lo que he leído ya. Puede ser porque hoy en día el boxeo no mueve pasiones como antaño o que culturalmente no enganchamos con la temática, pero también tiene mucho que ver que los relatos son bastante repetitivos en cuanto a modelos, personajes, situaciones. Nada extraño, por otra pate, para un tipo de literatura orientada al consumo de masas como era el pulp de aquel entonces, en que se repetían fórmulas a la saciedad buscando exprimir al máximo el rendimiento. 

 

La pareja más reconocible de los últimos años

Pero Robert E. Howard, en una decisión consciente, glorifica a un tipo de boxeador específico, el hombre de hierro, que con unas cualidades boxísticas discutibles, soporta un terrible castigo por pura fuerza de voluntad y exhuberancia física hasta que, machacados hasta el límite, enganchan un demoledor directo a la mandíbula de su rival y se hacen con la victoria y una bolsa que la mayoría de las veces es mísera. 

A la larga, los inmensos sacrificios de estos hombres de hierro acaban igual, olvidados por las masas cuando aparece su nuevo ídolo, cuando no olvidados por ellos mismos cuando terminan sonados todavía en su juventud. 

Son relatos que huelen a vendaje, sudor y sangre, apuestas, valor, fidelidad y traición. Relatos que podrían ser atractivos si los hubiera leído hace algunas décadas, pero que hoy no pasan de ser el placer culpable de un aficionado a Howard., porque detrás de todo esto, solo puede haber admiración por un joven de Texas que hizo suyas las virtudes de los hombres de hierro: valor para soportar el castigo y determinación para seguir adelante. 

 

Bob Dos Pistolas

 

Para saber más de la vida de Bob Dos Pistolas, podéis escuchar el ciclo de programas que le dedicó el podcast El Vuelo del Cometa. Son cuatro o cinco y pasan por su obra y su vida con detalle. Se pueden encontrar en ivoox. Solo hay que escarbar un poquito en la lista de programas. 


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