La saga de Alien es imprescindible desde la primera película, en la que primaba en terror psicológico y el prespuesto ajustado para efectos especiales, hasta las últimas en las que las disquisiciones filosóficas primaban sobre el resto, intentando dar un origen adecuado al xenomorfo pasando por esa gran película de acción que fue la segunda parte de la original.
Entre medias, cruces con Depredador, una saga no menos mítica. Cruces que no sé muy bien de dónde viene, salvo que se deba a que alguien se le iluminó la idea tras ver el cráneo de xenomorfo en la sala de trofeos de Depredador 2. No sabremos qué fue antes, si el huevo o la gallina, pero hay unas pocas películas cruzadas, la última de ellas la reciente Predator: badlands.
Reconozco que abandoné la saga, bastante hastiado. Toleré Alien 3 porque fui al cine con amigos y ahí siempre te lo pasas bien. Alien: resurrección me pareció un intento de alargar el chicle y hacer caja, legítimo por otra parte porque a nadie le ponen una pistola en el pecho para pagar su entrada. Luego, o antes si nos vamos a la cronología, Alien: Prometheus me pareció incluso aburrida en algunas fases, una idea interesante, pero fallida. Ni siquiera he visto Alien: Covenant y considerando el 6,4 que luce en imdb, no tengo claro si le quiero dar una oportunidad.
He vuelto con Alien: Romulus y lo he hecho disfrutando la mayor parte de la película. Me animé porque había leído y oído buenas críticas y porque un amigo mío estaba animado a volver al cine. Así que en el verano del 2024 me sumergí en la historia de Rain y Andy, en la superficie de ese planeta minero en la que casi no se ve la luz del sol. Volví a sentir la maldad de la Weiland – Yutani explotando a sus trabajadores y en cierto modo rememoré esa atmósfera opresiva que tan brillantemente me fascinó en Alien.
Pero, además de la ambientación, Alien: Romulus sobresale en la creación de personajes y lo hace sin la necesidad de usar un rostro conocido como reclamo. Son todos muy jóvenes y apenas conocidos. De hecho, posiblemente sea Isabela Merced (Kay) el rostro más reconocible un año y medio largo después del estreno, porque Cailee Spaeny (la protagonista Rain), David Jonsson (el sintético coprotagonista Andy) y el resto de la muchachada siguen siendo rostros más bien desconocidos.
La historia está datada después de Alien: el octavo pasajero y antes de Aliens. El conocimiento de la existencia del xenomorfo todavía está reducida a algunos puestos clave de Weiland-Yutani, la omnipresente corporación que se convierte en un personaje más de la saga. Podríamos obviar la rocambolesca explicación de cómo se hace la corporación con restos de xenomorfo antes de los hechos de Aliens, pero si aceptamos la premisa de inicio, la cosa fluye bastante bien.
La película es fiel a los pilares que han hecho grande a la saga: protagonista femenina y fuerte, sintético intrigante, corporación con planes propios y una relación coherente entre el grupo de personajes protagonistas. Por supuesto, la exploración en entornos en penumbra y los sustos periódicos y ocasionales completan el cuadro.
Destacaría también la relación entre Rain y Andy y los momentos de tensión que nos van a ofrecer. De hecho, llegué a empatizar más con el sintético que con ella, sobre todo cuando se descubre que en el plan de escape que tiene el grupo de dirigirse a un planeta libre y abandonar el planeta minero, no va a haber sitio para él a pesar de ser imprescindible para el éxito del plan por los permisos que aún tiene de operar maquinaria y naves de la corporación. Incluso cuando las características de Andy cambian por completo, puedes llegar a comprender y compartir las decisiones que toma en momentos puntuales.
En cuanto a atmósfera, la escena dentro de la parte semi-inundada del laboratorio se convierte directamente en top dentro de las que nos ha ofrecido la saga durante casi cincuenta años.
La propuesta de Alien: Romulus remonta lo ofrecido últimamente y hace de la película una de las mejores de ciencia ficción que he podido ver en los últimos años. Sin embargo, no es perfecta y los últimos veinte minutos o así se convierten en una ida de olla con más o menos sentido que no encaja bien en el tono y ritmo que tenía la película hasta ese momento.
Aún así, no es algo tan desastroso como para que la opinión global se vaya abajo. Pesa mucho más todo lo anterior, que es bastante bueno, al caótico final. Tanto es así que ya la he visto dos veces, la segunda en casa con la familia. Ha gustado mucho y las menos de dos horas que dura, pasan volando.
En imdb cotiza a un 7,1 que a mí me parece un poco escaso para todo lo que ofrece.

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