ETA ha marcado sin duda una página importante de la historia reciente de España. Una página sangrienta que, gracias a la resiliencia y a la fortaleza del Estado de Derecho, se pudo cerrar con una victoria, agridulce sin duda, después de más de ochocientos fallecidos, sin contar los heridos físicos y psicológicos.
Apenas una década después de su disolución, hay quienes se empeñan en olvidar casi medio siglo de sufrimiento y se alinean con aquellos que miraban para otro lado o incluso jaleaban a los verdugos, mientras se empeñan en no dejar cerrar heridas aún más antiguas, en un ejercicio moral al filo del alambre.
Por fortuna, hay creadores que no quieren dejar pasar de lado la visión de todo aquello, lo que considero redunda en la saludo mental de la sociedad haciendo que los más jóvenes, los que no han vivido los años más duros, puedan hacerse una remota idea de lo que era vivir en una sociedad claustrofóbica y mentalmente opresiva.
Maixabel, estrenada en 2021, es la historia de Maixabel Lasa, viuda de un asesinado por ETA que, después de varios años, considera llegado el momento de enfrentarse a uno de los integrantes del comando que lo ejecutó.
Es una historia de incomprensión, tanto por uno como por otro lado. La viuda debe hacer frente a la incomprensión de muchos de sus amigos y familiares, que no entienden qué puede mover a la mujer a ofrecerse a una reunión semejante. El etarra se podría decir que lo tiene aún más difícil, porque debe enfrentarse a todo el aparato de los presos de la organización, mientras hace lo propio con sus recuerdos y sus remordimientos.
Las grandes interpretaciones de Blanca Portillo y Luis Tosar nos van llevando por la historia, flashbacks incluidos que muestran otros aspectos de la misma. Una historia que la directora Icíar Bollaín lleva por un sendero espinoso, pero que de alguna manera consigue que no se enrede la ropa en esas espinas, sino que mantiene un rumbo firme y respeutoso.
Son apenas dos horas de película que estoy seguro sirve de mucho, con un merecido 7,1 en imdb.
En 2024 otra directora, Arantxa Echevarría, nos propuso La infiltrada. Es la historia de otra Arantxa, el nombre ficticio de una policía nacional que estuvo infiltrada en la banda terrorista durante años, hasta que consiguió la información necesaria para desarticular uno de los comandos más sanguinarios de ETA.
La historia de esta profesional salió a la luz años después, con detalles que asombran al ciudadano de a pie, porque Arantxa comenzó labrándose un nombre y una reputación en el entorno abertzale hasta que miembros de ETA contactaron con ella para que diera refugio a uno de sus comandos mientras ella mantenía la tapadera al mismo tiempo que proporcionaba periódicamente una informacion valiosísima.
Esta cinta es bastante más dura que Maixabel, porque la historia también lo es. Se retrata un entorno aún más opresivo y paranoico, en el que todo el mundo sospecha de los demás y en el que se suceden momentos de tensión, sobre todo cuando aparece el segundo miembro del comando, que muestra desde el principio rasgos psicopáticos.
Otra película que muestra un País Vasco gris y lluvioso, como si fuera una metáfora de la historia que nos cuenta, y que se basa en interpretaciones de altísimo nivel, tanto de la protagonista (una para mí totalmente desconocida Carolina Yuste) como de los secundarios: repite Luis Tosar en el papel del enlace de Arantxa; Iñigo Gastesi construye un etarra con el que puedes incluso llegar a empatizar porque le mueve un ideal, lícito en principio pero equivocado en los medios; Diego Anido construye un personaje odioso desde el primer momento, el segundo etarra, el experimentado, al que parece que solo le mueve el sufrimiento de otros y que nos regala las secuencias más desasosegantes de la película.
Hay otro puñado de secundarios que hacen papeles de lo más convincentes y ayudan a conformar una película que, no solo es interesante por lo que cuenta, sino que se convierte en una muy buena película de thriller por sí misma.
Recomendable, de duración contenida (también al filo de las dos horas) y con otro 7,1 en imdb.
Estas dos películas, junto con otras que iré comentando cuando lleguemos a ellas, confirman que muchas veces se consigue hacer un cine español de calidad y cada vez más atrevido con temas espinosos de nuestro pasado reciente.
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