Ayer tomé la decisión de no seguir, al menos por una temporada grande, viendo la serie The Flash de la cadena CW. Me ha costado mucho decidirme, pero llevaba un tiempo largo pensando que cada capítulo que veía era una pérdida de tiempo y necesito pasar a otras cosas que sean más satisfactorias. Como he dicho muchas veces, la vida es muy corta y el mundo friki es demasiado extenso como para no aprovechar cada minuto que se pueda.
Aparco la serie en el episodio 7x09, quedando todavía cuarenta y dos episodios más.
Tenemos mucho cariño a la serie y al personaje. Fue la que empezamos a ver en casa de lo que luego se llamó Arrowverso y ha sido la más longeva en cuanto a temporadas y capítulos, sobreviviendo al fatídico año del coronavirus.
Los inicios fueron coloridos, amables y entretenidos. Los personajes y los actores emitían una frescura que, comparada con la sobriedad de Arrow, era un contraste que le favorecía. Sus pretensiones, que al principio me parecieron modestas, ajustadas a lo que ofrecía.
Poco a poco, la cosa fue degenerando.
La primera temporada se podría decir que era la típica de monstruo episódico, con una historia más o menos lineal y un villano en la sombra que resultó sorprendente, Eobard Thawne, el Reverso de Flash que mató a su madre y movió los hilos para que Barry Allen estuviera en el momento y lugar justos para recibir el impacto del rayo que le dio sus poderes.
El que se dio en llamar Equipo Flash estaba compuesto por un mentor (el Dr. Wells) y dos compañeros (Caitlin Snow y Cisco Ramon). Joe West y su hija Iris eran el soporte familiar (adoptivo) del protagonista. Todo estaba más o menos en su sitio.
Las siguientes temporadas fueron presentando diversos villanos que eran el enemigo principal y el monstruo de la semana fue disminuyendo hasta desaparecer. Barry se enfrenta a Zoom, Savitar, Clifford de Voe, Cicada, el doctor Ramsey y otros más. De todos ellos, Savitar y de Voe fueron muy buenos (sobre todo este último) y Cicada fue muy digno.
Otros villanos secundarios fueron interesantes, sobre todo Amunet Black (Katee Sackhoff) o el gorila superinteligente Grodd, que tuvo algún arco argumental decente.
El Equipo Flash fue ampliándose: Kid Flash, Nora West-Allen, Ralph Dibney (Hombre Elástico), Allegra García y los diversos Wells del Multiverso (H.R, Sherloque y otros). Incluso Caitlin Snow y Cisco Ramón se convirtieron en metas (Killer Frost y Vibe). Aquello se convirtió en un carajal que tenía un sentido más bien limitado.
Así que el interés de la serie fue cada vez menor a partir de la quinta temporada. La sexta la soporté a base de fuerza de voluntad y esta séptima me estaba pesando como una losa.
Las cifras de audiencia, que se pueden consultar en la Wikipedia, son también esclarecedoras. La primera temporada tuvo una audiencia media de cuatro millones y medio de espectadores por capítulo y se mantiene por encima de los tres millones hasta la cuarta temporada. A partir de ahí, se desploma hasta alrededor del millón por capítulo (no hay datos de la novena temporada, pero el último capitulo no llegó al medio millón).
Esto está influido con casi total seguridad a que la serie comenzó a tomarse demasiado en serio para lo que era, con conflictos morales muchas veces absurdos y soluciones recurrentes, como ir al pasado, generar una nueva línea temporal y arreglar los destrozos provocados. Demasiado para una serie que se construyó sobre la frescura y la alegría.
Grant Gustin se ha ganado ser quizá el rostro más reconocido del velocista, por encima de Ezra Miller o los otros Flash que ha habido, al igual que Melissa Benoist es Supergirl (veremos lo que ocurre con Milly Alcock), pero ha conseguido que el personaje me resultara cargante con todas las dudas existenciales (decisiones de guión) y su cara de amargado (esto sí es cosa suya) que tiene la mayor parte de los últimos capítulos que he visto.
Es una pena, la verdad. Aunque no puedo juzgar las dos temporadas finales, viendo lo que he visto de la séptima me atrevería a decir que tenían que haber cerrado mucho antes.
En imdb tiene una nota media de 7,5, pero al igual que pasa con las audiencias, las notas por capítulo caen en picado al final.
No sé lo que tardaré en retomarla. Ni siquiera sé si lo voy a hacer, aunque por un lado me da pena no llegar a la despedida y, seguramente, la reunión de diversos personajes que hayan aparecido. Pero me ha logrado saturar y prefiero descansar antes que dejar pasar los capítulos mientras miro el móvil.



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