jueves, 20 de agosto de 2015

Pompeii

Pompeya, una mezcolanza de tópicos del cine de romanos y no precisamente para bien. 

Esta amarga frase define lo que me ha parecido esta película de la que he sufrido todos y cada uno de sus 145 minutos de metraje, una sucesión de situaciones ya mil veces vistas, de villanos que se esfuerzan tanto en parecer que son más malos que nadie que caen en la autoparodia, de buenos que lo son tanto que solo les falta levitar y ascender a los cielos, de actores que no se creen mucho lo que están haciendo, de otros actores que han ido directamente a poner el cazo... podría seguir así un largo rato, pero no merece la pena, creedme. 

No me gusta ni el poster


El protagonista es Milo (Kit Harrington o Jon Nieve), un esclavo al que se le dan maravillosamente bien tanto los caballos como las armas. Su destino se cruza con Cassia (Emily Browning), heredera de una familia de Pompeya que quiere medrar y hacer negocio en Roma. Ahí entra el maluto, Corvus (Kiefer Sutherland) y su lacayo, tanto o más maluto que él. 

El verdadero protagonista, con más registros que algunos actores del reparto


Bueno, resulta que Milo entra en una escuela de gladiadores y resulta que es el más mejor de todos ellos, excepto Atticus, al que solo le falta una victoria para convertirse en un hombre libre (hay un paralelismo con el típico policía que se come un donut mientras sale de patrulla en su último día de trabajo antes de jubilarse, así que ya sabéis cómo va a acabar la cosa para él). 

Lo gordo pasa mientras se encuentran en la arena, con las consecuencias que ya sabemos todos para la antigua ciudad romana. El caos es caldo de cultivo para las instintos más bajos y las acciones más elevadas, y de todo habrá mientras caen cascotes por doquier, se abren grietas en el suelo y el polvo lo inunda todo. 

Los vaciados en yeso del yacimiento arqueológico.
Impresionante.

El final se salvaría si no fuera porque es de lo más previsible, visto lo visto. 

Lo de Kiefer Sutherland es una broma. Lo de Kit Harrington demuestra que su cara de palo solo es soportable cuando hace de Jon Nieve. Y es que no hay ningún actor que logre transmitir algo al espectador. Hasta el sentido del honor de Atticus resulta patético. 

Lo único bueno, que me ayudó a pasar un par de horas de un largo viaje en autobús. Lo que me lleva a pensar que tuve suerte de no verla en el cine, porque habría tirado veinte euros. 

Si todavía tienes ganas de verla, háztelo mirar.

1 comentario:

  1. Yo también tuve la suerte de no verla en el cine. No me pareció mala, me pareció peor. Un refrito de Espartaco, Gladiator, El coloso en llamas y Lo imposible. Una lástima porque hasta los efectos fallan pues no reproducen la erupción tal y como se produjo. Un fiasco.

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